Desigualdad

Gizonduz: sensibilizar a los hombres contra el machismo es posible y en Euskadi lo saben

El programa está diseñado para que los hombres sean agentes de cambio por la igualdad

Gizonduz: sensibilizar a los hombres contra el machismo es posible y en Euskadi lo saben

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Violeta Molina Gallardo
Violeta Molina Gallardo

Periodista

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Políticos, deportistas, policías, migrantes, empresarios, chavales... El gobierno vasco trabaja a distintos niveles para sensibilizar y formar a los hombres en feminismo, pues es consciente de que la igualdad y la erradicación de las violencias machistas son una quimera sin la implicación de los varones. El programa Gizonduz es su respuesta.

Deconstruir la masculinidad hegemónica, ofrecer alternativas a ideas y comportamientos machistas, formar a varones para que sean referentes que impulsen la igualdad entre sus iguales y promover la implicación en los cuidados son algunos de los objetivos de este completo programa de intervención con hombres, impulsado por el gobierno vasco como política complementaria a las actividades destinadas a combatir las violencias y, a su vez, empoderar a las mujeres.

Euskadi es pionera en este campo. Mientras las iniciativas institucionales para atraer a los hombres hacia el objetivo de la igualdad son escasas en España, e incluso hay sectores del feminismo críticos con que se destinen recursos a ello, Gizonduz está a punto de cumplir 15 años. Tres lustros de búsqueda de caminos para lograr que sean ellos los sensibilizados, formados, comprometidos y corresponsables; los que, desde dentro, cuestionen el poder y los privilegios masculinos.

Videojuegos, cursos individuales, cartas públicas, mochilas por la conciliación, recogida de firmas, formaciones colectivas, campañas de concienciación, aplicaciones móviles para comprometerse en los cuidados, trabajo con políticos, intervenciones en instituciones deportivas... En Gizonduz, dependiente de Emakunde (el instituto vasco de la mujer), han participado ya más de 12.000 hombres.

No es suficiente con el cambio de las mujeres

"Gizonduz nació en 2007 por una necesidad, que era el planteamiento de que para conseguir la igualdad no era, ni es, suficiente con el cambio de las mujeres: es necesario implicar a los hombres a favor de la igualdad y en contra de la violencia machista. (...) Surgió como un proyecto piloto que se ha ido consolidando hasta hacer una línea de trabajo estable y sostenible, y sostenida en el tiempo", explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, diario que pertenece a este grupo de comunicación, Prensa Ibérica, el responsable de Gizonduz, Ander Bergara.

Euskadi cimenta sus políticas públicas de igualdad en tres líneas de actuación: una prioritaria encaminada al empoderamiento de las mujeres, otra dirigida a los hombres y una tercera mixta para los sectores educativo, mediático, empresarial y administrativo.

"Planteamos que tienen que ser políticas integradas y complementarias. No pueden ir en paralelo por un lado para hombres y por otro para mujeres, sino que deben enriquecerse mutuamente para avanzar más rápido hacia la consecución de la igualdad", defiende Bergara.

Es un programa atípico, por tanto, ya que en España las iniciativas sobre masculinidad nacen en entidades y ong, pero no en las instituciones públicas.

En este caso, confluyeron varias condiciones favorables para su creación: el convencimiento del exlehendakari Juan José Ibarretxe, la voluntad del equipo directivo de Emakunde, un marco jurídico propicio (ley y plan de igualdad autonómicos que ya preveían el trabajo con hombres) y personal capacitado para desarrollarlo.

Bergara atribuye la escasez de políticas públicas de igualdad enfocadas específicamente a los hombres a varias razones, como la falta de demanda por parte de los propios ciudadanos, que los responsables del diseño de políticas no lo consideren prioritario o que estén convencidos de su pertinencia pero teman no saber cómo hacerlo o bien entrar en confrontación con parte del movimiento feminista.

"Son lógicas las dudas sobre cómo trabajar con los hombres por la igualdad y con cuántos recursos, que son escasos. La prioridad es el empoderamiento de las mujeres, trabajar con ellas y garantizar sus derechos. Plantear ese trabajo con ellos de forma que sea un complemento y ayude a conseguir esos objetivos de empoderamiento y consecución de igualdad y derechos es la cuestión", reconoce Bergara.

¿Cómo funciona Gizonduz?

Gizonduz persigue implicar a los hombres a favor de la igualdad: sensibilizarlos, formarlos, movilizarlos y comprometerlos. "Si lo que buscamos es un cambio hacia comportamientos más igualitarios, lo primero que hay que hacer es cambiar el pensamiento que nos mueve a comportarnos así, cambiar la mentalidad machista", subraya su responsable.

¿Y cómo cambiarla?

"La cuestión primera es ser consciente de las desigualdades que existen, del machismo en que vivimos. Dado que la situación anormal del machismo es lo normal, nos resulta difícil percibir nuestros privilegios, que éstos son la otra cara de la moneda de la desigualdad de las mujeres; es complejo", reconoce el experto. Se trabaja con datos estadísticos, se aborda la identificación del sexismo y se les intenta enseñar a mirar de otra manera, a ponerse esas gafas moradas para ver lo que normalmente permanece invisible", indica.

En ese marco conceptual de implicar a los hombres se han puesto en marcha numerosas líneas de actuación que van desde cursos individuales abiertos a los ciudadanos interesados en participar ("hay pocos hombres interesados") a otros colectivos que se imparten de forma presencial en instituciones, públicas y privadas, que piden a Emakunde la formación de la plantilla. Empresas, sindicatos, escuelas, ong, administraciones públicas...

Una mancha de aceite

Estas formaciones grupales son "a la carta": las organizaciones indican qué temática quieren abordar y durante cuánto tiempo (igualdad, cuidados, violencias machistas, acoso sexual,....). Y en estos casos, la asistencia no es por voluntad propia: "Vamos a dar formación a gente que no ha pedido el curso, a la que no le apetece estar ahí, y cuesta más", reconoce el responsable.

"Es un reto y aunque no siempre consigues generar un cambio de paradigma que queremos conseguir, intentamos poner esa semilla para que los hombres se interesen por el tema y, los más concienciados, se conviertan en referentes y ejerzan un papel de liderazgo para extender mensajes igualitarios y servir de mancha de aceite que se va extendiendo e influye a otros hombres", continúa.

Aunque no todos salen convencidos, el índice de satisfacción es muy alto (8,3 sobre 10) y el 90 % afirma que lo aprendido le ha sido útil para su vida personal y profesional.

Más allá de los cursos, Gizonduz ha desarrollado un videojuego para trabajar la igualdad y la masculinidad con los más jóvenes, impulsó en 2008 una carta de los hombres vascos por la igualdad que firmaron 10.000 ciudadanos: "Fuimos de pueblo en pueblo recogiendo firmas", rememora Bergara.

Entre 2008 y 2011, se repartieron 30.000 mochilas a padres de bebés recién nacidos con materiales de concienciación sobre corresponsabilidad y cuidados. En 2018, se puso en marcha una aplicación con un listado de compromisos cotidianos para que los hombres se comprometieran a llevarlos a cabo, junto a material didáctico y un test para evaluar el machismo propio.

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Se está poniendo mucho foco en la actualidad en los más jóvenes, ante la emergencia de mensajes negacionistas, para tratar de ofrecerles "alternativas para que no pasen a engrosar ese otro sector más reaccionario". Hay actuaciones concretas con chicos migrantes sin referentes familiares en Euskadi y con instituciones deportivas.

Además, desde 2017 se trabaja la formación en igualdad de políticos, tanto en el ámbito local como en el gobierno vasco: "Nos parecía un colectivo prioritario, tienen capacidad de influencia y toman decisiones en el ámbito del poder", argumenta.