Violencia de género

Catalunya, rumbo al peor año de asesinatos machistas de la década

  • Hasta el 30 de abril, cinco mujeres y una hija han perdido la vida en crímenes cometidos por sus cónyuges

  • El entorno de cuatro de las cinco parejas sospechaba que podía tratarse de relaciones tóxicas

Cinco mujeres asesinadas este 2022.

Cinco mujeres asesinadas este 2022.

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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El arresto de la pareja de la mujer cuyos restos fueron hallados el pasado 4 de marzo en un contenedor de La Granada (Alt Penedès) convirtió este homicidio en un nuevo crimen machista. Y oscureció aún más el trágico balance de muertes que se ha registrado durante los cuatro primeros meses de 2022 en Catalunya: cinco mujeres y una hija han sido asesinadas por sus cónyuges en solo cuatro meses. EL PERIÓDICO reconstruye la historia de las cinco víctimas: Mercedes, María Carmen, Ivet, África y Natalia. Eran madres de nueve hijos. Uno de ellos, la hija de 16 años de Natalia también fue asesinada por su padre. Seis víctimas en cuatro meses, el peor balance desde 2014. Ese año comenzó igual que este 2022 y acabó con la fatídica cifra de 14 crímenes.

Salvo en el caso del crimen de Lloret de Mar (La Selva), en el que supuestamente un empresario ruso asesinó a su mujer y a su hija, en el resto de muertes había antecedentes de violencia. Los vecinos de Mercedes, María Carmen o Ivet, asesinadas en Martorell (Baix Llobregat), Sant Sadurní d'Anoia (Alt Penedès) y Barcelona, respectivamente, habían oído peleas a través de las paredes. La familia de África, que murió a manos de su exnovio en Vilanova del Camí (Anoia), había detectado que su novio pretendía aislarla e incluso intentaron sin éxito de convencerla de que estaba en manos de una persona "violenta". En el caso de Mercedes, los vecinos también denuncian que era una mujer que sufría graves problemas de salud y que no recibía ningún tratamiento.

En 2020, tras constatarse que el entorno de cinco de las ocho víctimas asesinadas entonces conocía la situación de malos tratos y no avisó, la actual portavoz de los Mossos d'Esquadra, Montserrat Escudé, apeló "a la corresponsabilidad de todos". "Cuando se detecte un caso, debe denunciarse: a la policía, a las entidades, a quien sea. Es muy importante que el entorno afectivo o laboral ayude a la persona", rogó. El presente 2022 ha comenzado peor que el 2020 y apunta a un entorno todavía más 'sordo', o más impotente. Dos de las cinco víctimas, María Carmen e Ivet, habían denunciado a sus maltratadores.

Diego y Jonathan, exnovios de Ivet y África, las mataron porque no aceptaron que ellas quisieran separarse.

Mercedes

El 20 de febrero Mercedes, de unos 50 años, fue golpeada en la cabeza con una barra metálica hasta la muerte en el interior del domicilio que ambos compartían en Martorell. Tras matarla, su marido salió al exterior y fue visto por un vecino en un aparcamiento cercano. Estaba lleno de sangre y se encontraba muy alterado, dándose de cabezazos contra un árbol. Los Mossos d’Esquadra acudieron a calmarlo y pronto dedujeron que la sangre que lo cubría no era suya, era de Mercedes, cuyo cuerpo fue hallado poco después por los agentes en la casa de ambos, tendido en el suelo del piso. 

Los vecinos de este bloque de pisos afirman que Mercedes sufría graves problemas de salud mental y no recibía ningún tratamiento médico. La noche anterior escucharon que ella y su marido se enzarzaron en una violenta discusión. "Nos había amenazado de muerte a todos. Habíamos intentado que las autoridades la ingresaran en un centro e incluso habíamos advertido a la policía de que la cosa iba a terminar muy mal", aseguran a este diario. El marido, recuerdan, había acudido a alguna reunión de la comunidad a aclarar que Mercedes se negaba a recibir ayuda psicológica. Según los vecinos, Mercedes había envenenado a un perro de una familia, rayado coches del aparcamiento de la finca e incluso esparcido veneno junto a las puertas de entrada de algunas casas. “Habíamos presentado varias denuncias por amenazas contra ella que ahora ya no tienen sentido. Ojalá la hubieran ayudado psicológicamente”, lamentan los vecinos. 

María Carmen

El 4 de marzo el cadáver descuartizado de María Carmen, de 54 años, fue hallado en un contenedor del centro de La Granada. De entrada, los Mossos arrestaron a su hermano, de 45 años, que fue quien depositó sus restos en ese contenedor. Dos meses más tarde, los policías detuvieron al novio de Mercedes, a quien consideran autor material del crimen. El rol del hermano sigue sin estar claro. Ambos están en prisión.

Los padres de María Carmen tuvieron seis hijos y regentaron durante años el Bar Ortiz, que estaba en los bajos de la residencia familiar, ubicada en el pasaje Terol de Sant Sadurní d’Anoia. Sus padres fallecieron y los hermanos se marcharon. María Carmen siguió viviendo allí. Tuvo cuatro hijos con dos hombres distintos. Después, comenzó una última relación sentimental con el hombre que acabaría matándola, que ya había sido condenado por malos tratos. Una vecina los oía discutir a menudo. María Carmen acabó denunciándolo y un juez dictó una orden de alejamiento. Sin embargo, ella, a pesar de las agresiones, aceptó que volviera a instalarse en casa cuando salió de la cárcel.

Nadie sabe cuándo fue asesinada. Fuentes policiales subrayan que llevaba semanas muerta cuando su hermano entró en el domicilio que antes había sido el Bar Ortiz y, según relató a los Mossos –que no le creen–, encontró bolsas de plástico que confundió con los restos de un animal muerto y los depositó en el contenedor de La Granada. 

Ivet

El 21 de marzo, Ivet, de 25 años, murió acuchillada en Barcelona por su novio Diego, padre de su hijo. Ivet se separó de Diego a finales de 2021 después de más de siete años juntos. Pero ella aún le tenía cariño y siguió acudiendo durante algún tiempo al piso que la pareja había compartido en la Gran Via de Les Corts Catalanes. Durante esas visitas se desencadenaron peleas que los vecinos oyeron a través de las paredes. Algunas fueron tan preocupantes que los vecinos acabaron llamando a la policía.  

Claudia, la hermana de Ivet, sospecha que Diego, el día que la mató, fue a esperarla frente al colegio del hijo de ambos, ubicado no lejos de allí. Y que cuando Ivet salió de la escuela, navaja en mano, Diego la forzó a seguirlo hasta el domicilio de la Gran Via. 

Tres días antes de ser asesinada, Ivet había presentado una denuncia contra Diego. "Me dijo que le tenía mucho miedo, que Diego la seguía por la calle, o hasta el trabajo, que llevaba siempre escondida una navaja y que un día se la había colocado en el estómago y en el cuello para advertirle de que si no estaba con él, no estaría con nadie. Que la mataría si se iba con otro", recuerda Claudia. Poco antes de asesinarla, Diego supo que Ivet tenía otra pareja.

El día que fue asesinada, 21 de marzo, Ivet estaba citada en un juzgado de Barcelona para declarar contra Diego. "Él saldrá tarde o temprano de la cárcel pero mi hermana, no. No es justo", razona Claudia.

África

El 15 de abril, África, de 44 años, murió apuñalada por su exnovio en Vilanova del Camí (Anoia), de quien hacía dos meses que pretendía separarse, una decisión que él no aceptaba. Madre de dos hijos de un matrimonio anterior, África vivía con uno de ellos, la hija. Para soportar la convivencia con su maltratador, madre e hija subían cada noche a dormir a la planta superior del domicilio.

Antonio, el padre de África, explica que había advertido a su hija en cuanto comenzó a salir con Jonathan de que se trataba de un hombre "violento". "Pero no me hizo caso, estaba enamorada", lamenta en una entrevista con este diario. 

África y Jonathan comenzaron a salir hace 3 o 4 años, recuerda su padre. Con el inicio de aquella relación, las visitas de la mujer a sus padres, que viven en la misma población, comenzaron a escasear. "Ahora sabemos que él intentó aislarla, cortar el vínculo que tenía con nosotros. Pero ella no nos dijo nada, para no preocuparnos", recuerda su padre, que había tratado de prevenirla cuando supo con quien salía, un hombre que ya había maltratado a una pareja anterior. "Le dije que era violento pero no me hizo caso", lamenta.

El 15 de abril, durante las vacaciones de Semana Santa, Jonathan regresó a casa a las 03.30 horas de la madrugada. Subió a la planta superior y atacó con un cuchillo a África, delante de su hija, a quien también intentó asestar una puñalada. 

Natalia y su hija

19 de abril, Natalia, de 53 años, fue supuestamente asesinada en Lloret de Mar (La Selva) por su marido, Sergey Protosenya, que aquella noche también mató a su hija y después se suicidó. 

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Los Mossos d’Esquadra creen que Sergey atacó a su mujer y a su hija mientras dormían. Primero mató a su hija, a quien dejó inconsciente de un golpe en la cabeza, antes de clavarle un cuchillo. Después, hizo lo mismo con su mujer. Finalmente, salió al exterior y se colgó por el cuello de una barandilla. Todos los indicios recabados durante la investigación apuntan en esa dirección. Sin embargo, el hecho de que Sergey fuera un directivo de una empresa de gas y que un día antes, el 18 de abril, otro empresario ruso del mismo sector hiciera en Moscú lo mismo –matar a su mujer y a su hija y después suicidarse– ha disparado los rumores acerca de lo ocurrido en el seno de esta acaudalada familia. 

Este crimen no guarda mucha relación con los anteriores. No constan denuncias ni antecedentes de violencia doméstica. Natalia y Sergey no se estaban separando y, según su hijo, –el matrimonio tenía otro hijo que aquella noche se encontraba en Francia– su padre era incapaz de cometer esta masacre. Los investigadores tratan de aclarar ahora si existió una comunicación anterior al doble crimen entre este empresario y el que hizo lo mismo en Moscú.

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