Alerta contra las mafias que explotan a los refugiados que llegan de Ucrania

Cientos de personas ofrecen su hogar para acoger a familias y niños solos que han llegado a Catalunya por el estallido de la guerra

El Govern y las oenegés avisan contra los transportes en furgonetas en los que los pasajeros no conocen a los conductores

Llegada de refugiados de Ucrania vía París en la estación de Sants

Llegada de refugiados de Ucrania vía París en la estación de Sants / ELISENDA PONS

Elisenda Colell

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"Yo solo quiero volver a casa y que se acaben las bombas", implora Nasar, un niño ucraniano de 11 años a los pocos minutos de llegar a la estación de Sants con su madre y su hermana pequeña, tras siete días de travesía por Europa. Ellos se trasladan hasta Vinarós, a casa de un compatriota que se ha ofrecido a acogerles mientras dure la guerra. Como este, son muchos los ciudadanos que están ofreciendo sus casas para alojar a refugiados. "Nos ayuda mucho que haya esta solidaridad, pero necesitamos un orden y que la gente haga las cosas bien", implora el coordinador de la Cruz Roja en Catalunya, Enric Morist, que ya ha detectado casos de traslado de menores sin ningún control. "Hay un riesgo real de trata de seres humanos", señalan desde Save the Children.

Nasar viaja con su madre y su hermana de tres años hasta Vinarós (Castelló). Huye de la guerras en Ucrania, de las bombas que ha oído en casa. "Hemos tardado siete días para llegar hasta aquí", dice el niño mientras la madre cuenta la dura travesía con los dedos de las manos y señala sus pantalones para explicar que apenas se han podido asear o cambiar de ropa. Los niños han soportado los misiles, el frío de la frontera y la despedida de su padre, que ha tenido que quedarse en el país. Pero la pequeña está contenta, le han regalado unas galletas, que no deja de mostrar a todo el que le pasa por delante.

Una familia procedente de Ucrania camina por la estación de Sants, tras un viaje de siete días.

Una familia procedente de Ucrania camina por la estación de Sants, tras un viaje de siete días. / Elisenda Pons

El gesto lo ha asumido Oxane, una mujer argentina residente en Barcelona que ha querido ayudar a la familia. "Les acoge un familiar mío en Vinarós, y me ha pedido que venga hasta Sants para llevarles hasta el tren que les toca", explica la barcelonesa portando un cartel en la mano que ha permitido el encuentro.

La solidaridad de las familias se extiende por todo el país. Algunos trasladan a los refugiados desde la frontera contactando a través de las redes sociales. "Es un problema, la gente no puede ir con las furgonetas a buscar refugiados que ni conocen, especialmente con los niños que están solos sin sus padres", insiste Morist.

"Es un problema, la gente no debería ir con las furgonetas a buscar refugiados que ni conocen"

“Hemos detectado más de un centenar de niños que han llegado solos hasta Catalunya. De momento no nos hemos encontrado ningún caso de trata de seres humanos, la mayoría son madres de acogida ucranianas que han huido con sus hijos adoptivos, o niños solos que han llegado con familiares o familias de entidades con las que veranean. Y tenemos un único caso de un adolescente que migró solo hasta el aeropuerto de El Prat”, explica la directora general de Atención a la Infancia em Catalunya, Ester Cabanes, que pide que las personas que quieran acoger a menores ucranianos se inscriban a través de la Generalitat. “Estamos priorizando la familias que nos encontramos en frontera, pero nos preocupan mucho las que llevan niños en furgonetas hasta sus casas de los que desconocemos totalmente su realidad”, apunta Cabanes.

Avalancha de peticiones

El buzón de Julie Navani está completamente lleno de mensajes. Es una mujer ucraniana que está intentando coordinar los hogares que pueden brindarse a las familias recién llegadas. "Tenemos más de mil familias que han querido ofrecer viviendas a los refugiados", explica con la línea del teléfono completamente colapsada. Tampoco da abasto Laia Morales, miembro de la junta de la asociación És Per Tu, que desde 1998 acoge durante el verano niños ucranianos afectados por las radiaciones de Chernóbil. "Antes de la guerra éramos 45 familias en la entidad, ahora no dejan de ofrecerse personas para acoger niños, ya superamos las 2.000", cuenta.

Una situación muy similar la que vive Mercè Fiol, presidenta de la asociación Osona Amb els Nens. "Los niños que acogíamos desde los años 90 nos contactaron y nos pidieron que no hiciéramos cargo de sus mujeres y sus hijos", cuenta. "Hemos tenido una avalancha enorme de personas ofreciéndonos lugar para acoger a familias de refugiados", sostiene Fiol. Osona amb els Nens ha decidido no acoger a niños que están viajando sin sus padres. Una realidad que sí ha ha aceptado Tanu, una entidad de Terrassa que también lleva casi tres décadas acogiendo niños ucranianos huérfanos y a la que ya se le ha aplicado el tamiz de la administración para valorar si están capacitados para brindar su hogar a 90 niños.

Llegada de ciudadanos ucranianos a la estación de Sants, este miércoles.

Llegada de ciudadanos ucranianos a la estación de Sants, este miércoles. / Elisenda Pons

Cruz Roja, que está asumiendo la primera acogida de refugiados, tiene contabilizados cerca de 1.300 refugiados ucranianos que han llegando a Catalunya en los últimos días, mayoritariamente a través del tren. El 70% van a otras ciudades españolas, el 15% son acogidos por familiares aquí y el 15% restante terminan en los hoteles y pensiones que está usando la entidad humanitaria. "Son unos 300 los que hemos alojado, de momento tenemos 1.500 plazas pagadas por el Ministerio de Migraciones, pero es evidente que debemos ampliar y necesitaremos viviendas", insiste Morist. "Nos va muy bien que haya ciudadanos quien quieran alojar, pero por favor que sean conscientes que esta acogida será larga y que hagan las cosas bien, acreditándose en los circuitos de la administración. Si van por libre nos ponen el trabajo más difícil", añade Morist.

"Va muy bien que haya ciudadanos que quieran alojar, pero que sean conscientes de que la acogida será larga"

Explotación sexual y laboral

Preocupa especialmente el caso de los niños que viajan solos, huérfanos o que han perdido a sus madres por el camino. Cruz Roja ya ha detectado casos de posible trata de seres humanos. Un adulto transportando ocho niños sin ningún tipo de documentación de parentesco o tutela, o niños que han aparecido en escuelas sin que nadie pudiera afirmar el vínculo con el adulto que les acompañara. "Este transporte en furgoneta es muy peligroso, especialmente si no hay un vínculo entre los que recogen a estas personas y los refugiados", sostiene Antoni Pérez, coordinador de Save The Children en Catalunya. "Desde el minuto uno del estallido de los conflictos las mafias de trata de personas para explotación sexual, laboral o de compraventa de órganos se aprovechan de estas personas tan vulnerables, especialmente las mujeres y los niños, y más si los menores viajan solos", insiste Pérez, que no duda ni un segundo en afirmar que esto ya está ocurriendo en el conflicto europeo.

"Las mafias de trata de personas para explotación sexual, laboral o de compraventa de órganos se aprovechan de los vulnerables"

Para las personas que quieran ofrecer un techo a los refugiados ucranianos, hay dos formas de realizarlo en Catalunya. La Conselleria de Feminismes e Igualtat se encarga de la acogida de adultos, en muchos casos madres que viajan con sus hijos. Las entidades o ciudadanos particulares que quieran dar este paso pueden contactar al teléfono 012 o mandando un correo a comiteacollida.igualtat@gencat.cat. Por su lado, el Institut Català de l'Acolliment i l'Adopció, comandado desde la Conselleria de Drets Socials, también ha habilitado un listado para las familias que desean acoger a menores que no tienen padres, a los que estudiará y valorará. Para ello, hay que llamar al 116 111 o enviar un correo electrónico a dgaia.dso@gencat.cat. Las oenegés también reclaman que, la mejor vía para realizar las donaciones de material y productos básicos sea haciendo donativos. "Colapsan las carreteras y la logística, y comprar material allí es mucho más económico", insiste Morist.