Guerra en Europa

Ucranianos de Catalunya abren un corredor para ir al frente y rescatar refugiados

Guerra en Ucrania: últimas noticias en directo

EL PERIÓDICO, a bordo del tren de los combatientes ucranianos

Varias brigadas se trasladan hasta Polonia en furgonetas para unirse a la milicia, llevar ayuda humanitaria y traer exiliados a Barcelona

Ucranianos que viajan hasta el frente desde España, preparados para ir a la guerra.

Ucranianos que viajan hasta el frente desde España, preparados para ir a la guerra.

Elisenda Colell

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"Yo quiero la paz en Ucrania, pero en estos momentos siento que debo proteger a mi país, por eso he decidido trasladarme al frente e unirme a las milicias territoriales de defensa", explica Serghei Ctrjgakov, un hombre de 40 años que, junto a su hermano, partió el pasado lunes desde Badalona para llegar a primera línea de la guerra. Esta será la primera vez que empuñará un arma. Igor Razumeyko e Ivan Vepryk, dos padres de familia establecidos en Catalunya hace más de 10 años, ya han llegado hasta el frente. Su mujer explica que ya están en Kiev, rodeados de bombardeos. Estos trayectos organizados por la comunidad ucraniana en Catalunya sirven también como corredor humanitario para llevar comida, ropa o medicamentos a los civiles que soportan el terror de la invasión y para trasladar a niños o ancianos y acogerles como refugiados con sus familias aquí.

Frente a la estación de metro Pompeu Fabra, en Badalona, Serghei y Paolo Ctrjgakov esperan sentados en un banco a que llegue la furgoneta que les llevará hasta Ucrania. El silencio entre los dos hermanos es absoluto y Serghei se limita a fumar un cigarrillo tras otro. No hablan español ni inglés, hace dos meses que llegaron a España para trabajar pero el estallido de la guerra les ha empujado a volver a casa. "No podemos quedarnos de brazos cruzados viendo cómo atacan a nuestro país, debemos defender nuestro territorio", dice Paolo usando una aplicación del móvil para traducir. Serghei tiene tres hijos en Ucrania. El menor tiene tres años, el mayor, 10. Vivían en el este del país, en la ciudad de Khàriv. El domingo su mujer movió cielo y tierra para huir de las bombas y trasladarse a Polonia. De momento están en Khmelnitski, una ciudad al oeste de Ucrania a 200 kilómetros de la frontera europea.

Los dos hermanos montando en el vehículo para emprender un viaje de 25 horas a Polonia

Los dos hermanos montando en el vehículo para emprender un viaje de 25 horas a Polonia / ALVARO MONGE

Padres de familia

Serghei y Paolo no son los únicos ucranianos que han decidió ir a combatir al frente. Igor Razumeyo e Ivan Vepryk, dos padres de familia establecidos en Catalunya, dieron el paso el domingo pasado. El primero ha cerrado el bar que regenta en la Seu d'Urgell y ha dejado atrás a su mujer y su hija menor de edad. El segundo también tiene tres hijos en Barcelona que estudian en la escuela ucraniana. La directora del centro les despedía entre llantos. "No quiero ni pensar lo que puede pasar, tengo miedo de todo. No puedo ni explicarte los temores que tengo, solo confío en que son fuertes y volverán a casa", dice Natalia Mazurenco, la mujer de Igor. Antes de cruzar la frontera, Ivan e Igor explicaban a este diario su deseo de defender la integridad territorial del país ayudando a las milicias ucranianas. Hoy, su móvil deja de dar señal. "Nos han dicho que ya están en los alrededores de Kiev armados y preparados. Que está todo destrozado, que las bombas no cesan, que las carreteras están impracticables y que hay gente de todo el mundo combatiendo", cuenta Mazurenco.

"Mi deseo es poder llegar hasta Polonia, reencontrarme con mi familia, saber que están bien, ayudarles a escapar y entonces entrar en la guerra", prosigue Serghei, que en Badalona se encuentra completamente atrapado. Su hermano asiente con la cabeza. Están dispuestos a hacer el camino contrario al exilio. "Es la primera vez que cojo un arma, que voy a una guerra", asiente Serghei. ¿No tenéis miedo de morir, no estáis más seguros aquí? "No tenemos miedo, esperemos que no nos pase nada. Dios nos va a ayudar, estamos en el bando de los buenos. Yo quiero la paz, pero toca defender nuestro territorio", insiste Serghei.

Cargando la furgoneta en Barcelona con víveres y medicinas

Andreii Krasnostup carga la furgoneta con material sanitario y comida para traer hasta la frontera con Polonia. / ALVARO MONGE

Recolectas solidarias

Cerca de las nueve de la noche les recoge Andreii Krasnostup, un ucraniano residente en Badalona que tampoco quería quedarse con los brazos cruzados tras el estallido de la guerra. Ha conseguido un par de furgonetas y las ha llenado hasta arriba de material humanitario para transportarlo hasta la frontera con Polonia. "Biberones, sacos de dormir, comida en conserva, medicamentos...", cuenta. El suyo es uno de las decenas de vehículos que están llevando las recolectas que la comunidad ucraniana está haciendo en iglesias, escuelas o centros cívicos de todo el país hasta Polonia. "Los hombres y mujeres que trasladamos a la ida nos ayudan para pagar la gasolina y los costes del transporte. En cuanto lleguemos a la frontera y descarguemos todo el material vamos a recoger a niños y mujeres que están en Polonia para acogerlos en Catalunya", dice. Tiene previsto traer un grupo de siete niños que se han quedado huérfanos tras un ataque de las bombas rusas. Otros, son familiares de ucranianos en Catalunya que han logrado huir del país.

Traslado de niños refugiados

Es el caso del nieto de Tatiana Panibratova, una fisioterapeuta que lleva más de 10 años en Bescanó (Gironès) y que el lunes por la mañana buscaba desesperadamente la forma de traer a su pequeño desde el Consulado de Ucrania en Barcelona. El niño se llama Artur y tiene seis años. La abuela no deja de mirar su retrato a través de la pantalla del móvil. "Ahora está en Kiev con mi hijo y mi nuera, pero voy a hacer lo que haga falta para traerlo hasta aquí, que pueda estar tranquilo, que pueda jugar y estudiar como el resto de niños, no en los sótanos aguantando las bombas", defiende la abuela. Los padres de Artur, el hijo y la nuera de Tatiana, no quieren salir de la capital ucraniana. "Mi hijo se niega a abandonar su casa y mi nuera tiene que cuidar de sus padres que están muy enfermos, no pueden ni andar....", dice Tatiana con el corazón encogido. "Llevo ya muchos días sin dormir y con esta ansiedad... solo quiero que mi nieto esté aquí conmigo y me deje de doler el corazón".