Medio ambiente

Catalunya entra en prealerta por sequía pero sin grandes restricciones de agua a la vista

Los embalses están al 54% de su capacidad, un 30% menos que la media de los últimos 10 años, pero según la Agència Catalana de l'Aigua, si no lloviera hay reservas hasta noviembre

David Aparicio / Vídeo: Elisenda Colell

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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El concepto 'prealerta' puede que genere una cierta alarma cuando se asocia a la sequía. Pero la situación por ahora, es la misma que cuando se declara un aviso preventivo por contaminación en Barcelona. Es decir: la cosa no va bien pero la vida ciudadana no se ve alterada; podemos seguir conduciendo y abriendo el grifo sin restricciones. Es, eso sí, una invitación a levantar una ceja, a acordarse de lo que uno puede hacer para ayudar, a darse cuenta de que hace tres meses que apenas llueve, y que tras el estado de prealerta hay otras tres fases en las que, entonces sí, las cosas empiezan a cambiar. No es la primera ni la segunda vez que Catalunya atraviesa una sequía en lo que llevamos de siglo. Como suele suceder, tocará esperar. A la vista de que marzo y abril también se prevén secos, la esperanza viaja hasta mayo.

Catalunya está dividida en 18 unidades de explotación en lo que se refiere a la gestión del agua, 13 de las cuales están en prealerta (embalses por debajo del 60%), una en alerta (por debajo del 40%) y cuatro se mantienen dentro de la normalidad, por encima del 60%. Las reservas totales de agua están al 54%, mientras que hace un año se encontraban en el 86% y la media de los últimos 10 años está casi un 30% por encima del valor actual. La zona más preocupante es la del Alt Empordà (22 municipios) con el acuífero del Fluvià-Muga en una situación inquietante que ha obligado a tomar medidas: reducción del 25% del agua para uso agrícola, un 10% para la ganadería y un 5% para usos industriales y recreativos.

"Ahorro y responsabilidad"

Menos preocupante, pero con un alcance muy superior, pues abastecen a cinco millones de personas, es la situación de las cuencas del Ter y el Llobregat, con los embalses al 57% de su capacidad. También están en prealerta las unidades de Anoia-Gaià, la cabecera del Ter, los embalses de Darnius-Boadella y Riudecanyes, el acuífero del Empordà, el estanque de Banyoles, el curso medio del Llobregat y la Serralada Transversal. Por el momento, sin embargo, no afecta al consumo humano, lo que no quita que la Agència Catalana de l'Aigua haga un llamamiento al "ahorro" y a la "responsabilidad". Con la filosofía, tan poética como cierta, de que "cada gota cuenta".

La Baells, durante el grave periodo de sequía de 2008


/ El Periódico

Tras el estado de alerta todavía quedan otras dos fases hacia peor, la de excepcionalidad y la de emergencia, con restricciones crecientes que, con los embalses por debajo del 16% de su capacidad, afectan a muchos ámbitos de nuestra vida diaria. Según la ACA, sin embargo, si la situación de sequía persiste, hay reservas hasta el mes de noviembre. Y aunque marzo y abril parece que mantendrán la senda seca de los últimos meses, se espera que mayo, normalmente más lluvioso, pueda maquillar una situación que ya difícilmente alcanzará la normalidad al término del año, puesto que tampoco se espera que el deshielo, con una temporada parca en nevadas, ayude a mitigar la situación.

Lo que no está sobre la mesa, ni de largo, es la situación que se vivió entre el verano de 2007 y la primavera de 2008, cuando Barcelona llegó a recibir un barco lleno de agua procedente de Tarragona. Aquella emergencia, sin embargo, puso de relieve la necesidad de prepararse más y mejor ante situaciones de carestía del bien más preciado por cualquier especie animal o vegetal. "Estamos en una situación muy distinta a la de entonces y estamos mucho más preparados", señalan fuente de la ACA. Al margen del Pla de Sequera, aprobado por el Govern en enero de 2020, el mes en el que, paradójicamente, se produzco el temporal Gloria, Catalunya ha avanzado con la instalación y explotación de plantas desalinizadoras.

Llegada al puerto de Barcelona del barco cargado con agua procedente de Tarragona, en mayo de 2008


/ DANNY CAMINAL

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Según señala la ACA, estás factorías han incrementado su producción hasta el 85%, cuando lo habitual es que estén al 30% de su rendimiento. Como ejemplo de la labor que desempeñan estas plantas, situadas en Tordera (abierta en 2002) y en El Prat de Llobregat (en servicio desde 2009), basta con observar la evolución de los embalses. El 1 de febrero, los de la cuenca del Ter y el Llobregat estaban al 67% con 346 hectómetros cúbicos de agua. En las siguientes tres semanas, el descenso fue solo de dos puntos porcentuales y de 12 hectómetros cúbicos gracias a la actividad de las desalinizadoras. Y también gracias al hecho de que el consumo en invierno es el más reducido del año, y que Catalunya, con 120 litros por habitante y día de media está en el bando de las regiones que gastan agua de manera responsable. Lejos de los 200 litros de Noruega o los 180 de Grecia y Portugal.

La sequía de 2007 y 2008 terminó precisamente en abril, cuando empezó a llover y el 'president' José Montilla, que incluso visitó los embalses quizás en un intento de darles ánimos, se sacó un buen peso de encima. En 2018 sucedió un poco lo mismo, a otra escala. En cambio 2020 fue un año pasado por agua. En los últimos 20 años ya se han producido cinco episodios de sequía, y lo que parece ya fuera de cualquier duda es que el cambio climático está agravando los fenómenos meteorológicos. Basta con recordar el Glòria y los efectos devastadores: 13 muertos y graves daños en numerosos municipios. La sequía no es tan espectacular, pero puede ser igual de inclemente.