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hace 9 años

Y llegó un barco cargado con agua

En la última gran sequía, entre el 2007 y el 2008, la ciudad recibió un navío con 2 hectómetros de suministro procedente de Tarragona

El episodio abrió también un enfrentamiento territorial

María Jesús Ibáñez

Llegada al puerto de Barcelona del barco cargado con agua procedente de Tarragona.

Llegada al puerto de Barcelona del barco cargado con agua procedente de Tarragona. / DANNY CAMINAL

Basta con retroceder nueve años para dar con el episodio de sequía más grave que ha vivido Barcelona (al menos en su historia moderna), el que transcurrió entre el verano del 2007 y la primavera del 2008, y para comprobar cómo la gestión del agua sigue siendo un asunto espinoso con el que ningún político desea toparse. Trasvases, barcos cargados de agua, inversiones millonarias para construir desalinizadoras a toda prisa. Las lecciones de aquella sequía no deberían caer en saco roto.

La primera de ellas, aún perdura en el subconsciente de los barceloneses. ¿Quién se lava hoy los dientes con el grifo abierto? ¿Quién no tiene instalados dispersores de agua en todos los grifos de casa? Las campañas de sensibilización y de ahorro que el ayuntamiento de la ciudad y la Generalitat lanzaron en aquellos meses calaron hondo y Barcelona salió de la crisis siendo una de las grandes ciudades del mundo con menos consumo de agua

Las primeras alertas sobre la magnitud de lo que iba a ser aquella tragedia las lanzó el entonces presidente de la Generalitat, José Montilla, que a mediados de diciembre del 2007 viajó al Alt Urgell, concretamente al embalse de Oliana, para hacerse una foto ante un pantano que empezaba a agonizar y para avisar a los ciudadanos de que se avecinaba "una sequía sin precedentes". Allí mismo anunció que la Generalitat ya se había puesto manos a la obra para acelerar la construcción de plantas desalinizadoras para abastecer al área metropolitana.

La desalinizadora de El Prat, inaugurada cuando ya no era necesaria, es el gran legado de aquella crisis

Pero lo que realmente se aceleró fue la necesidad de agua potable en la Catalunya que se suministra del sistema de las cuencas internas, las provincias de Barcelona y de Girona, donde residían cinco millones de personas. Y el ingenio de los técnicos de la Conselleria de Medi Ambient, encabezados por su titular, Francesc Baltasar (ICV).

Unas estacas misteriosas

Habían pasado pocas semanas de la visita de Montilla al Alt Urgell, cuando a pocos kilómetros de Oliana aparecieron unas sospechosas estacas de madera. Los vecinos del municipio de Prats i Sansor (Cerdanya) en seguida las relacionaron con un hipotético trasvase del río Segre hacia Barcelona, que podría aprovechar tuberías ya perforadas en el interior del túnel del Cadí para pasar de la cuenca del Ebro a tierras barcelonesas.

El fantasma de un trasvase del Segre puso en la cuerda floja al ‘conseller’ Baltasar, de ICV

Pese a negarlo en un primer momento, Baltasar acabó admitiendo que se preparaba un trasvase y que este previsiblemente tenía que estar operativo cuando terminara la campaña de riegos de los payeses de Lleida y de Tarragona. En todo caso, matizó, la infraestructura que se iba a construir no iba a suponer, insistió, "un trasvase como se pretendía hacer con el Ebro o como otros [en referencia a CiU] proponían en el Ródano".

El matiz no tranquilizó a las comarcas afectadas, que reaccionaron con manifestaciones de protesta. Si el 'conseller' que venía de las filas de ICV (los más ecologistas de todos) hablaba de trasvasar agua, mal iban a ir las cosas, pensaron. En la Catalunya castigada por la sequía replicaron acusando a los agricultores de malgastar agua. El lío territorial estaba servido.

Una decena de navíos

Pero mientras se valoraba el trasvase (y como seguía sin llover), Medi Ambient optó por otra solución imaginativa. Como ya había anunciado unos meses antes este diario, la Generalitat organizó un sistema de transporte marítimo de agua potable que iba a traer 2,6 hectómetros cúbicos de agua procedente de Almería, Tarragona y Marsella. El primero y único navío que atracó en el puerto barcelonés con esta misión llegó el 13 de mayo del 2008.

Para cuando el polémico 'conseller' Baltasar se disponía a salir de romería hacia Montserrat para pedirle a la virgen que obrara el milagro, llegaron las precipitaciones. En julio del 2009, cuando se inauguró la desalinizadora de El Prat, una de las infraestructuras más potentes de este tipo del sur de Europa, las reservas de agua ya se habían recuperado de la crisis.

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