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El covid se ceba con los niños: la conciliación en la sexta ola

  • Las aulas confinadas han ido aumentado desde septiembre y la incidencia acumulada en menores de 11 años está disparada

  • Madres trabajadoras denuncian la odisea que implica compaginar la cuarentena con la vida laboral

Una madre coloca a su hijo una mascarilla.

Una madre coloca a su hijo una mascarilla. / Iñaki Berasaluce / Europa Press

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Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza.

Escribe desde Madrid

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Pau, de 11 años, se empezó a encontrar mal hace unas semanas. Acababa de jugar un partido de fútbol y sus padres lo achacaron al cansancio. A las cinco de la mañana, el chavalín tenía un dolor de cabeza descomunal. Test de antígenos en casa: positivo. Empieza la yincana covid.

Adrián, de 4 años, se puso malito el domingo. La prueba que le hicieron sus padres fue positiva. Después de llamar -sin éxito- 35 veces al ambulatorio, comenzó para ellos toda una odisea.

Marc, de 7 años, lleva nueve días encerrado en casa después de que un compañero de clase diera positivo. Tras gastarse más de 100 euros en tests de antígenos, su madre se ha convertido en una funambulista de la conciliación.

Protagonizada por el sector de población que todavía no está vacunado (los niños y las niñas menores de 12 años), la sexta ola confirma lo que ya se confirmó en la primera: que las cuarentenas y el aislamiento son básicas para cortar la transmisión pero son incompatibles con la vida laboral de padres y madres. 

Las escuelas son el único espacio de la sociedad donde no se ha bajado la guardia con la mascarilla. En términos proporcionales, siguen siendo lugares seguros frente al covid. Sin embargo, los menores de 11 años no están vacunados y el virus va a por ellos. Son el segmento de población donde la incidencia acumulada es mayor: 390 casos por 100.000 habitantes, frente a los 234 de la media general, según las estadísticas del Ministerio de Sanidad.

Aulas confinadas

Los datos del Ministerio de Educación confirman que solo el 0,2% de las aulas de toda España están ahora mismo confinadas. Es un porcentaje muy bajo, pero que ha ido creciendo desde el inicio del curso: 0,03% (mediados de septiembre), 0,14% (principios de octubre), 0,18% (mediados de noviembre) y 0,28% (finales de noviembre). Ese 0,28% tiene cara y ojos. Representa a 1.174 aulas, cuyos estudiantes deben guardar cuarentena. ¿Qué pasa con sus padres y madres si trabajan fuera de casa? Si los hijos son mayores se pueden quedar solos durante unas horas. Pero con los pequeños es imposible. Es más, se puede incurrir en desamparo, penado con cárcel o pérdida de tutela.

Los protocolos oficiales dicen, en teoría, que los contactos estrechos de un positivo pueden hacer vida normal (siempre y cuando se esté vacunado y no se trate de la variante ómicron). Es decir, hay que ir a trabajar. Lo mismo sucede si el hijo no es positivo pero debe guardar cuarentena preventiva por un caso de su clase, un quebradero de cabeza para los progenitores desde el inicio de la pandemia porque el Gobierno jamás aprobó para esos casos un permiso laboral retribuido. Ante la falta de cobertura legal, el lema es: ‘búscate la vida’. 

"¿Qué hacemos, se los dejamos a los abuelos, con el riesgo que conlleva?"

Núria, madre de Marc, confinado en casa preventivamente

“¿Qué hacemos? ¿Se los dejamos a los abuelos, con el riesgo que conlleva? ¿Pagas una canguro y le adviertes del problema? ¿Qué pasa en las familias donde no hay recursos económicos? Hay padres que están llevando a sus hijos a la escuela pendientes del resultado de la PCR. Es picaresca, sí, pero es que a lo mejor no tienen ninguna otra opción”, se lamenta Núria, madre de Marc (7 años), que ha guardado cuarentena preventiva en su casa de Barcelona después de que un compañero de clase diera positivo. “Como soy autónoma, he teletrabajado. Mi pareja lo hacho en presencial y nuestra otra hija también ha seguido yendo al cole. Pero en estos días nos hemos hecho más de 20 tests de antígenos, que hemos comprado nosotros en la farmacia. Lo hemos hecho por responsabilidad, para ser precavidos, pero ¿qué pasa si no te lo puedes permitir?”, añade.

Núria agradece al colegio que mantuviera las clases online para Marc. Eso sí, el segundo día de confinamiento rompió una de sus reglas vitales (no comprar nada en Amazon) y adquirió en el gigante comercial unos auriculares potentes. Se los puso a su hijo y, por fin, dejó de escuchar todo el follón del aula, incluidos villancicos infantiles. Fue la única vía posible para concentrarse en su tareas laborales. “Trabajar en casa con un niño pequeño es complicadísimo”, destaca.

"Nadie habla de la ansiedad que nos provoca esta situación en casa"

Joana, madre de Pau y Roger, que han dado positivo

“Nadie habla de la ansiedad que te provoca el cuadro familiar que ves en tu casa”, se queja desde Lleida Joana, madre de Pau (11 años) y Roger (9 años). Los dos han dado positivo (uno asintomático y el otro, con síntomas leves) en un intervalo de semanas, así que la familia lleva desde el 14 de noviembre en una yincana de PCR, correos electrónicos para avisar a contactos, clases online, pantallas para combatir el aburrimiento y permisos para teletrabajar. “Yo tengo suerte y puedo teletrabajar, pero ¿qué haces si eres camarera? ¿Qué alternativa tienes si trabajas en una oficina y tu jefe no te permite quedarte en casa. En esta pandemia, lo único que se mira es la economía. Producir, producir y producir. ¿A qué precio? Muchos te dicen que es tu problema, que esto es lo que porque has tenido hijos. Pero, de verdad, las autoridades deberían hacer una reflexión”, añade Joana, que también dio positivo en covid.

“Si tu hijo se contagia, que te zurzan, que vas a trabajar igual”

Susi, madre de Adrián, contagiado

“Si tu hijo se contagia, que te zurzan, que vas a trabajar igual”. La que se queja es Susi, madre de un niño de 4 años que ha dado positivo y que también ha vivido, en su casa de Madrid, una odisea para compatibilizar la cuarentena de su crío con su vida laboral. “Cuando le hicimos en casa el test de antígenos llamamos 35 veces al centro de salud. Ante la falta de respuesta, mi marido terminó bajando al ambulatorio”, explica Susi. Las pruebas médicas confirmaron la enfermedad (síntomas leves) y Susi se preparó para trabajar desde casa. “La conciliación no existe. Doy clases a empresarios para digitalizar sus negocios, que alguien me explique cómo lo puedo hacer con un niño de cuatro años”, se lamenta tras insistir en que a falta de respuesta por parte de las administraciones, las familias se buscan la vida para salir adelante, cada una como puede.

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