Observatorio de La Caixa

España registra una de las mayores brechas entre fecundidad deseada y lograda

  • La inestabilidad laboral y económica impide que las mujeres logren su deseo de ser madres o retrasen su primer embarazo, según constata un estudio de La Caixa

La baja por maternidad tiene una duración de 16 semanas

La baja por maternidad tiene una duración de 16 semanas / El Periódico

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Patricia Martín
Patricia Martín

Periodista

Especialista en sanidad, igualdad, violencia machista, infancia, consumo

Escribe desde Madrid

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España se sitúa entre los países europeos con una mayor brecha entre la fecundidad deseada y lograda, dado que en todas las franjas de edad las mujeres españolas manifiestan que desearían tener o haber tenido dos hijos y, en contraposición, España registra una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, con 1,3 hijos por fémina. Además, la edad media del nacimiento del primer vástago se encuentra entre las más altas a nivel internacional, a los 30,9 años. En la UE esta edad sólo es superada por Italia.

Estas son algunas de las conclusiones del estudio del Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa” '¿Por qué las mujeres no tienen todos los hijos que dicen querer tener?', realizado por Alícia Adserà, profesora e investigadora en la School of Public de la Universidad de Princeton y Mariona Lozano, del Centro de Estudios Demográficos. El informe forma parte del dosier 'Estado del bienestar, ciclo vital y demografía' coordinado por la investigadora de la Universidad de Barcelona Concepció Patxot.

La investigación apunta que alrededor del 35% de las mujeres que han superado la edad reproductiva óptima querría haber tenido más descendencia y aproximadamente el 19% de las mujeres de más de 45 años no tiene hijos. Este último porcentaje está por encima de la media europea y solo por debajo de países como Italia, Reino Unido y Países Bajos, que se acerca más al 20%.

La estabilidad

Si bien, "¿la caída de la fecundidad en España es algo deseado o responde a cambios externos?". Esta era una de las cuestiones a la que ha tratado de responder el estudio, según ha explicado Concepció Patxot en la presentación del mismo. Y la respuesta es que no es viene motivada, en términos generales, por un deseo de las españolas sino por la falta de estabilidad en las distintas esperas de la vida: dificultad para encontrar un empleo digno, emanciparse y dar con una pareja estable.  

De hecho, el paro juvenil y el porcentaje de trabajo temporal en España están entre los más altos de Europa. Y esta inestabilidad no solo afecta a los adultos que poseen una menor formación, sino también a aquellos con estudios universitarios, que tardan en encontrar un trabajo que esté a la altura de sus aspiraciones, según el estudio. 

Por eso, la mayoría de las mujeres mencionan las condiciones económicas cuando se les pregunta por qué no han tenido los hijos deseados. Y, en segundo lugar, hacen referencia a la falta de una pareja estable. Si bien, este inconveniente "está también relacionado con la falta de estabilidad porque muchas parejas no pueden vivir juntos y al final está también detrás la economía", ha destacado Alícia Adserà.

Las soluciones

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La baja fecundidad, además de no corresponderse con el deseo social de tener más hijos, afecta negativamente al Estado del bienestar, porque cada vez hay menos trabajadores que paguen las pensiones. Por ello, en opinión de las investigadoras, el Estado debería buscar una salida. Si bien, las transferencias en efectivo, como el cheque bebé que Unidas Podemos quiere introducir en la futura ley de familias, "no tienen un gran impacto" en la fecundidad porque solo afectan de forma temporal al momento en que se producen los nacimientos, según el estudio.

Por ello la solución pasa, según las investigadoras, por mejorar el mercado laboral, la calidad en el empleo y que haya una incorporación completa de las mujeres al trabajo remunerado. Si bien, para ello habría que aprobar políticas que mejoren la conciliación de la vida laboral y familiar y que los hombres dediquen más tiempo a las tareas domésticas para que se reduzcan la "segunda jornada laboral" de muchas mujeres, que son las que piden mayoritariamente las excedencias y reducciones de jornada para el cuidado de menores y mayores, lo que lastra sus oportunidades laborales.