Erupción en la Isla Bonita

La ‘casa milagro’ de la familia Cocq en el volcán de La Palma

  • La vivienda de una de las fotos más simbólicas del desastre de La Palma pertenece a un matrimonio de octogenarios de Dinamarca que adquirió la finca hace 30 años

La foto en la que aparece la casa de los Cocq rodeada por las coladas de lava del volcán de Cabeza de Vaca. ALFONSO ESCALERO (I LOVE THE WORLD)

La foto en la que aparece la casa de los Cocq rodeada por las coladas de lava del volcán de Cabeza de Vaca. ALFONSO ESCALERO (I LOVE THE WORLD)

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Daniel Millet

Cuando iba con mis padres y mis hijos lo pasábamos de maravilla en aquellos jardines. Conservo muy gratos recuerdos de la vivienda». Yenny es una de las hijas de los octogenarios daneses Inge y Rainer Cocq, el matrimonio que levantó hace 30 años «la casita», como ellos la llaman, en La Palma. Es la misma vivienda que se ha convertido en un símbolo de esperanza, en medio del desastre de la erupción, gracias a la fotografía que le hizo el lunes desde un helicóptero Alfonso Escalero, coordinador de la empresa audiovisual I Love The World. Yenny, que habla con este periódico desde su residencia de Santa Fe, en Nuevo México (Estados Unidos), no vio la foto hasta que al día siguiente, el martes, se la mandó su amiga Ada Monnikendam desde La Palma. «La mandamos a mis padres y sintieron lo mismo que Ada y yo: una mezcla de alegría, pues la casa se ha salvado –por ahora–, y por encima de todo tristeza por la devastación que deja el volcán y el hecho de que muchos vecinos no han tenido la misma suerte».

La ya conocida como casa milagro seguía resistiendo ayer a las coladas de 10 metros de alto y 800 grados de temperatura que han engullido todo lo que se han topado a su paso. Todo menos esa isla indemne, de 30 por 40 metros, en medio de la cual sobrevive la casa de los Cocq. Inge, Rainer y Yenny la daban por destruida hasta que apareció la ya icónica foto de Alfonso Escalero. «Está siendo muy difícil para mis padres. Cuando la construyeron cumplieron un sueño. No quiero que los llamen porque están muy mayores y lo están pasando muy mal. Son muy sensibles. Tienen amigos en La Palma que lo han perdido todo. Es muy duro», asegura Yenny, una artista que realiza esculturas de bronce y que admite que hace tiempo que no va a La Palma. «Mi padre quería cultivar uvas y cumplió su sueño de tener un viñedo en la Isla. Mi madre también consiguió el suyo: tener un gran jardín que mimar. Todo fue hecho con mucho amor», rememora.

"Sentimos por encima de todo mucha tristeza por los palmeros que lo han perdido todo"

Ada Monnikendam, una holandesa que se instaló en La Palma en 1976, conoce muy bien el amor que pusieron Inge y Rainer en la casita de El Paraíso. Porque el lugar convertido desde el domingo en un infierno se llama El Paraíso. Amiga de los Cocq, fue Ada quien con la empresa de construcción familiar de La Palma levantó el sueño del matrimonio danés. «Querían una casa sencilla, pequeña y confortable, con un gran jardín y terrenos para los viñedos en los más de 3.000 metros cuadrados de finca. Hicimos una casa de arquitectura rural típica canaria, de no más de 45 metros cuadrados, con un salón-dormitorio, una cocina y un pequeño cuarto», detalla Monnikendam.

El martes, Ada estaba repasando en su casa palmera los innumerables vídeos y fotos sobre la erupción en las redes sociales cuando se topó con una imagen que le llamó poderosamente la atención. Al principio tuvo dudas. «¿Será la casa de los Cocq? Pero cuando vi la foto con detalle, y y observé el tejado, la pérgola y las palmeras que flanquean la vivienda, supe que efectivamente era la casa de Inge y Rainer, la misma que habíamos construido hacía tres décadas. Era increíble: cómo se había podido salvar frente a la enorme capacidad destructiva de la lava...». «Ojalá aguante porque tiene un gran valor sentimental», matiza.

Una gran repercusión

Los protagonistas de esta historia se sienten sobrepasados por la repercusión mundial de la foto. «Llevo un día de agobio absoluto. Estoy agotada. Nunca imaginé que iba a recibir tantas llamadas de los medios de comunicación», asegura Ada. El autor de la fotografía estaba ayer todavía más estresado. Después de acudir el lunes a toda prisa a La Palma desde Andalucía, donde realizaba un trabajo audiovisual sobre los parques naturales andaluces con su equipo de I Love The World, Alfonso Escalero volvió ayer a su domicilio en Santa Cruz de Tenerife. Pero el móvil no paraba de sonar. «Me han llamado medios de Argentina, Rusia, Japón, Honduras y no sé cuántos países más. Es que no he tenido ni tiempo de mandarle la foto a la familia Cocq». Además de las llamadas, se acumulan en sus redes miles de mensajes. «Está siendo abrumador pero me alegro de que al menos esta foto se haya convertido en un símbolo de esperanza dentro de la tragedia con la que nos encontramos en La Palma y que nos ha producido a todos los de I Love The World que fuimos a la Isla Bonita un enorme impacto emocional».

Escalero pudo conocer en La Palma a Monnikendam y descubrir con detalle todos los sentimientos que había tras su foto. El programa Por tres razones, de Radio Nacional de España, los había unido el miércoles por primera vez en antena. Tras este contacto, Ada puso a Escalero en contacto con los Cocq. Fue Yenny la que escribió por Instagram al fotógrafo. «Me llamó la atención que Yenny me contara que la foto había dado tanta vida a sus padres. Tanto que han encontrado una poderosa razón para superar los achaques de la edad: quieren volver a La Palma para ver otra vez la casa y visitar a sus amigos palmeros. Ojalá la lava la respete y ellos mantengan la salud para cumplir su deseo», asegura el coordinador de I Love The World, que espera poder enviar lo antes posible a los Cocq una copia con alta resolución.

"Mis padres lograron un sueño con esa vivienda; la hicieron con mucho amor"

Yenny no se ha escapado del agobio por el gran impacto que ha tenido la imagen de la casa milagro, que ayer seguía reproduciéndose por todo el mundo en medios de comunicación y redes sociales. «Hay medios llamando a mis padres a su casa en Dinamarca. Pero ellos no quieren hablar. Renuncian a todo protagonismo. Están demasiado preocupados por lo que está pasando en La Palma y no quieren que su casa ni ellos sean protagonistas. Hay cientos de familias que lo han perdido todo. Eso sí es importante». Ada corrobora que Inge y Rainer quieren mantenerse al margen. «Tienen muchos amigos en La Palma y creen que los palmeros son lo importante. Están sufriendo con ellos en la distancia».

En busca de la calma

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Yenny y Ada cuentan que Inge, aficionada a la jardinería, y Rainer, empresario, iban todos los años a la casita. Algunas veces permanecían varios meses; otras, unas semanas. Ella se esmeraba en cuidar las numerosas plantas que tenía en el jardín, con vistas privilegiadas a la costa suroeste de la Isla Bonita; él disfrutaba con las viñas y haciendo muros de piedra. Habían elegido este rincón de los altos del municipio de El Paso porque allí encontraron, como tantos otros extranjeros –principalmente alemanes– todo lo que buscaban: calma, paz, naturaleza, seguridad, aire puro... Su paraíso. El Paraíso. A Rainer Cocq le llamaban la atención, además, los paisajes volcánicos. Pero dejaron de ir a La Palma con la llegada de la pandemia del coronavirus, por las restricciones sanitarias y porque ya están muy mayores.

El matrimonio y su hija Yenny contactan todos los días con Ada para conocer de primera mano la evolución de la actividad del volcán de Cabeza de Vaca. «Preguntan sobre todo por la gente de La Palma, por cómo se encuentran», cuenta Ada, que desconocía si la casita resistía anoche la amenaza de la lava. «Tengo noticias de que seguía resistiendo. Ojalá sobreviva para convertirse en un símbolo eterno», concluye Escalero.