Violencia de género en Gijón

Multado con 7.000 euros por no parar un abuso sexual en su bar

El hostelero deberá pagar 2.000 euros a una mujer que sufrió tocamientos en el local sin que él hiciera nada por evitarlo

Los Juzgados de Gijón.

Los Juzgados de Gijón. / LNE

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José A. Ordóñez

El dueño de un bar de Gijón que no intervino para impedir un abuso sexual que se estaba cometiendo en el establecimiento contra una mujer en avanzado estado de embriaguez ha sido condenado a indemnizar con dos mil euros, más los intereses correspondientes, a la víctima. Además, el juez le impone una multa de 5.040 euros, al apreciar un delito de omisión del deber de impedir o promover la persecución de delitos. El presunto autor de los abusos no ha podido ser juzgado por estar en paradero desconocido.

Los hechos tuvieron lugar durante la mañana del 27 de julio de 2017. Sobre las siete y media, una mujer de 29 años de edad entró en el local de la calle Almacenes, donde permaneció hasta las once menos cuarto consumiendo varios chupitos y copas de bebidas con alta graduación alcohólica. La joven presentaba evidentes signos de intoxicación etílica y llegó a caerse al suelo. En esa situación, un cliente que se encontraba en el local, tras quitarle a la víctima el teléfono móvil y la cartera, procedió a hacerle tocamientos de naturaleza sexual. En un momento dado, se bajó los pantalones, se masturbó e intento que la joven le hiciera una felación, algo que ella consiguió evitar, pese a su situación. El responsable del bar no impidió este ataque contra la libertad sexual, pese a que, según la sentencia, “bien pudo evitarlo sin riesgo propio ni ajeno, permitiendo con su pasividad actuar libremente al abusador”.

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La defensa del dueño del establecimiento pidió, sin éxito, la nulidad de las grabaciones de las cámaras de seguridad como prueba de cargo. Sí logró que se expulsara del procedimiento una declaración prestada en el juzgado, ya que se realizó como testigo y debería de haber sido como imputado.

Según la sentencia, de las imágenes captadas por la cámara no cabe inferir que la chica se estaba “enrollando” de manera voluntaria con el joven que abusó de ella, como afirmó el responsable del local. “Una cosa es que recién llegada –antes de la ingesta de bebidas alcohólicas– hubiese podido coquetear con los jóvenes que se acercaron a ella y otra diferente que cuando se encontraba sola en el local con el dueño y el otro individuo –ya notablemente mermada de facultades– consintiera voluntariamente los actos sexuales de los que fue objeto”.