La desescalada fallida

Sant Cugat y Sant Ildefons, dos caras de la quinta ola

  • Sant Cugat logra detectar casos positivos por los test de la sanidad privada y las ganas de irse de vacaciones

  • En Sant Ildefons (Cornellà), el problema está en llegar a final de mes: "hay gente que si se contagia, no come", se sincera una sanitaria

Jefferson i Chirley y su hija de tres años esperan el resultado del test de antígenos en la sala de espera del CAP de Sant Ildefons.

Jefferson i Chirley y su hija de tres años esperan el resultado del test de antígenos en la sala de espera del CAP de Sant Ildefons. / Robert Ramos (EPC)

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

Escribe desde Barcelona

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Tiene 22 años y hace unos días que le duele la cabeza. Jefferson lleva unos minutos esperando el resultado de un test de antígenos que se acaba de hacer en el CAP de Sant Ildefons, en Cornellà de Llobregat (Baix Llobregat). Vive en una habitación diminuta con su mujer y su hija de tres años. No tiene empleo fijo ni papeles. Por eso, cuando le dicen que se ha infectado del coronavirus se desencaja. Mira al suelo y se le escapa un suspiro. "¿Qué hacemos ahora?¿Cómo comemos?", le reza a su mujer. También en Sant Cugat del Vallès (Vallès Occidental) se hacen pruebas de antígenos en un pabellón municipal. Apenas llegan veinteañeros. Los sanitarios no dan crédito, pero dos adolescentes que charlan en una escalera tienen la respuesta. "Es que aquí los jóvenes tenemos muchas ganas de salir de fiesta, de vivir el verano. Claro que se pueden confinar, pero la gente no quiere saber si es positiva, no quiere arruinarse el verano". La ola pandémica es la misma. Pero no rompe igual en un barrio que en otro.

Colas en un laboratorio privado de Sant Cugat del Vallès (Vallès Occidental) para hacer test de antígenos de covid 19.

/ Robert Ramos

"Aquí en Sant Cugat todos los de bachillerato se fueron de viaje de final de curso a Mallorca o Menorca y volvieron infectados", sostiene Laura, estudiante de 14 años. Algunos se confinaron. Otros no. "El día que nos dicen que se quitaba la mascarilla, era fiesta mayor y se nos fue de las manos. Sé de alguno que acababa de volver de las Baleares, había dado positivo o era contacto estrecho, y estaba en plena fiesta. Y muchos íbamos sin mascarillas en los conciertos y en las fiestas clandestinas", cuenta Yasir Naieb, un estudiante universitario. Él es de los pocos que ha participado en el cribado PCR hecho en la ciudad esta semana. "Nos vamos de campamentos con el Cau y queríamos ir tranquilos", cuenta. Maria, Marta y Blanca, otras compañeras, asienten. "Un montón de gente de nuestro entorno, la mayoría de nuestros amigos están confinados", dice María. Explican que la gente salió (y se contagió) sin cesar: que si discotecas día sí y día también, escapadas a la Costa Brava o la Cerdanya, viajes a las baleares, festivales de música y fiestas mayores como si no hubiera un mañana. "Llegaron las vacaciones de verano", resumen con cierta amargura.

"Si me infecto mi hermano pierde el trabajo"

"Yo también tengo la mitad de mis amigos positivos", afirma con sorna Yvan Soh, un chico de 22 años que vive con su madre en un piso de Sant Ildefonso y trabaja en un 'call center'. "Salimos mucho de fiesta a la playa de la Barceloneta o el Bogatell, y creo que allí se lio bastante", afirma. ¿Y tus amigos, se han confinado? "Los que dieron positivo sí, los otros no tanto", dice con una sonrisa. "Es que en el piso uno se aburre", añade. "Pues yo no he salido para nada", dice tajante Carla, otra joven del barrio que acaba de finalizar el bachillerato. "Viajes a las Baleares nadie, pero en el 'insti' sí que había gente que se fue de discotecas para celebrarlo. Yo no quise", responde. ¿Porqué? "Me da miedo que mi familia se infecte y pierdan el trabajo. Tal y como esta todo...", zanja. Su madre tiene contrato como cocinera en un hotel. Su hermano empalma contratos de menos de un mes. "Si se tiene que confinar seguro que no lo renuevan. No podemos correr ese riesgo en casa", añade la chica.

Mantener a la familia

Precisamente es lo que le ha pasado al jovencísimo Jefferson y a su mujer, Chirley. "Yo trabajaba en una furgoneta de repartos, hasta que se dieron cuenta que no tenía papeles", cuenta él. "Trabajamos cuando podemos. Yo limpiando casas o cuidando ancianos, y a él a veces le llaman para pintar casas... Suerte hemos tenido de Cáritas que nos ayuda a comer cada mes", prosigue la madre, con la niña en brazos. Cuando saben que él es positivo, se les empañan los ojos y no saben dónde esconderse. Creen que el contagio fue en una comida con 18 personas en un parque para celebrar el tercer cumpleaños de la niña. ¿Os podréis confinar? "Si nos llaman para trabajar saldremos, ni que sea con todas las protecciones. Tenemos una familia que mantener", asumen ambos.

Esta es una respuesta habitual que se encuentra Laura Caballer, la auxiliar clínica que hace las pruebas PCR en el CAP de Sant Ildefonso, cuando explica a los infectados que se tienen que aislar. "Hay algunos que no te lo dicen pero ya ves que no lo harán, pero otros te dicen que si se confinan no comen, sobre todo los autónomos", explica. Algunos de estos pacientes acaban a manos de la trabajadora social, Laura González. "En algunos casos podemos activar el 'hotel salut', para los que viven en habitaciones o no tienen lugar para confinarse. A veces faltaron plazas, hoy usamos las de Barcelona", dice. "El problema es que nos piden cosas que yo desde el CAP no puedo darles, como son lotes de alimentación o orientación laboral, porque los servicios sociales están saturados", afirma.

En Sant Ildefons esta oleada del covid no ha estresado tanto a los profesionales como podía parecer. La recepcionista criba las personas con síntomas, y la auxiliar les hace el test. "Del seguimiento se encarga Salut, así no tenemos que reprogramar visitas. Lo que estresa a los trabajadores es sentir que no estamos haciendo bien nuestro trabajo, que estamos desatendiendo a los pacientes. Porque ellos no tienen otro sitio al que ir si se encuentran mal", explica el director del CAP, Miguel Reche. El uso del CAP supera el 100%. "Toda la gente que vive en el barrio viene a tratarse aquí, pero además atendemos a gente que no consta en ningún lado, los que no están empadronados y no tienen tarjeta sanitaria pero viven en el barrio igual", añade Reche.

Ciudad de mutuas

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En Sant Cugat, uno de cada tres vecinos del centro no usa la atención primaria. Un porcentaje que en los barrios más alejados es aún más alto, en palabras de la directora del CAP Sant Cugat, Raquel Hernández. "Nosotros centralizamos la detección de casos covid de toda la ciudad, y el CAP de Valldoreix se puede encargar de hacer el seguimiento de los casos, de preguntar si se han aislado... y algunos no lo hacen", lamenta la doctora. Que Sant Cugat es ciudad de mutuas no se le escapa a nadie. En menos de un kilometro hay hasta cuatro empresas distintas captando clientes. Lo reconoce la alcaldesa, Mireia Ingla (ERC). "Es evidente que aquí hay más personas que tienen mutua en la sanidad privada, que pueden pagarse un test PCR para irse de vacaciones y que podemos detectar más. Nuestro problema es la movilidad. Quizá con más restricciones podríamos haber evitado que la gente no se fuera a su segunda residencia", sugiere. Los dos laboratorios de la ciudad están "saturados" de hacer test por 50 euros. "No damos abasto", se sincera una empleada, que asume que el gran motor para hacerse un test son los viajes.

Los datos también lo demuestran. En la ciudad del Vallès Occidental el pasado jueves detectaron 120 positivos. Cien por la vía de la privada. En Sant Ildefons, el CAP detectó 72 infectados. ¿Y los asintomáticos, y los contactos, cómo los detectan? "Pues esto les toca a los laboratorios privados, pero dudo que aquí muchos se lo puedan permitir", asumen los gestores del centro del Baix Llobregat. La ciudad del Vallès tiene una incidencia acumulada en los últimos 14 días de 1.549,90 casos por cada 100.000 habitantes. En Cornellá la incidencia es un poco más baja, de 1.158.83. Pero hay otro dato que también ayuda a entender porqué se vive de forma tan distinta el embate del virus. En Sant Cugat, cada vecino ingresa 3.600 euros brutos al mes, de media. En Sant Ildefonso, 758. Unos quieren vivir el verano. Otros, comer y trabajar.