Emilio Morenatti: "Hay mucho dolor sin fotografiar de los primeros meses de pandemia"

El fotoperiodista lamenta el "bloqueo informativo" durante la primera ola de coronavirus

Emilio Morenatti

Emilio Morenatti

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Jaime Ferrán

Las fotos desde Barcelona de Emilio Morenatti, jefe de Fotografía de Associated Press en España y Portugal, han dado la vuelta al mundo por la humanidad que transmiten.

¿Fue complicado trabajar durante el confinamiento?

Fue emocionante trabajar en la calle. Estábamos solos en un escenario desolador. Me centré primero en el tema de los sin techo, que eran los únicos que estaban en la calle. Otra cosa era acceder a los edificios públicos, a las UCI o a los cementerios: ponían impedimentos.

¿Por qué costó tanto al principio obtener imágenes de las víctimas de la pandemia?

Hubo bloqueo informativo, intentaron que no hiciéramos ciertas fotos. Todo el mundo estaba saturado y no se tuvieron en cuenta nuestras peticiones.

¿Qué fotos se querían evitar?

La alarma social que se producía cuando las UCI estaban a reventar y había gente por los pasillos de los hospitales en Barcelona, por ejemplo. No se quiere enseñar lo que no funciona bien.

Muchas personas rechazan las imágenes duras en el periodismo, como las de los trabajadores de una funeraria retirando cuerpos sin vida.

Yo pretendo hacer esas imágenes, precisamente. Hay muchas maneras de mostrar el sufrimiento. Yo hago periodismo y no presto atención a los comentarios que provocan mis fotografías.

Pero la opinión pública parece cada vez más sensible.

Yo creo que siempre ha sido así, lo único que ocurre esta vez es que la tragedia está pasando en casa. Es normal que la gente se ponga a la defensiva y se niegue a ver sus propios muertos. Se cuestiona si es necesario y, lo que me sorprende más, muchos ni siquiera se lo creen. Ahí entra el negacionismo.

Se vio envuelto en una polémica por una imagen de aglomeraciones en una playa.

Usé el equipo que utilizo normalmente. Es lo que había. La gente, cuando está involucrada en una situación, lo niega.

Publicó una imagen muy curiosa durante los disturbios de Barcelona: decenas de personas fotografiando a un único joven tirando una piedra sobre un escaparate. ¿Signo de los tiempos?

Vengo de un periodismo clásico y me tengo que adaptar a nuevos modelos. Antes compartía escenario con cinco fotógrafos y ahora me toca hacer sitio a cien. De ellos, el 80% trabaja para otra cosa distinta a medios de comunicación y se dan imágenes dantescas como esa de mucha gente con sus móviles inmortalizando el momento para sus redes sociales o para sus ‘likes’.

También ha capturado muchos besos en medio del caos. ¿Hay que tener mucha paciencia para dar con ellos?

No, qué va. Estoy mirando continuamente, concentrado en lo que pasa, algo me llama la atención y lo fotografío. No busco nada retorcido. A veces salgo a la calle sin saber dónde meter mano y la misma calle me inspira. Funciono así.

¿Prefiere la calma o la acción para trabajar?

Cambio el chip en la medida que toca cubrir una cosa u otra. Lo más complicado es retratar la cotidianidad, pero cuando más útil me siento es cuando puedo fotografiar cosas potentes.

La foto que más trabajo le ha costado sacar de la pandemia.

Cada foto es un reto. Las que más me duelen son las que no se han sacado, como la morgue del Palacio de Cristal. Se queda el libro con las páginas en blanco. Hay mucho dolor sin fotografiar y eso me provoca frustración.

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Su profesión ha sido muy castigada en los últimos años. ¿Llegarán tiempos mejores?

Vamos a peor porque se ha democratizado la imagen y eso ha abaratado todo. De todas formas, soy optimista y pienso que la gente va a ir demandando calidad. Está ocurriendo igual con el periodismo escrito. Los lectores lo querían todo gratis y ahora se va pagando. La calidad cuesta.