Sin cobertura, sin internet y “ahora tenemos que escondernos del oso”

  • La mujer herida por un plantígrado en Asturias sigue “bien y animada”

  • La vida en el valle de Cibea: “Esta no será la última vez que pase”

Un oso en el Parque Natural de las Ubiñas la Mesa en Asturias.

Un oso en el Parque Natural de las Ubiñas la Mesa en Asturias. / Fapas

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Pablo Tuñón

"¡Ten cuidado, por Dios! ¡No salgas de paseo!”. Los vecinos del valle de Cibea, en Asturias, escuchan ahora advertencias de sus conocidos cuando bajan a Cangas del Narcea para hacer recados. Pero como para que les quiten también el paseo. Salir a caminar resulta una actividad poco menos que imprescindible para una población envejecida y acostumbrada a disfrutar de su gran tesoro: el entorno natural.

Ese entorno lleva décadas siendo escenario de la convivencia entre humanos y el oso pardo cantábrico. Pero en la zona ya ni se acordaban de los ataques de plantígrados a personas. Ahora, con la vecina de Sonande atacada por un gran oso recuperándose en el hospital, a sus 75 años, de las graves heridas sufridas, ya no se pasea igual por la carretera que une su pueblo con Sorrodiles, casi una “ruta del colesterol” en el valle de Cibea, donde ya llevan años viendo con más frecuencia y más cerca de sus pueblos a los osos.

Carmen Suárez sigue en el hospital Carmen y Severo Ochoa, “bien y animada” para superar la fractura de cadera y las graves secuelas en el rostro que le dejó el zarpazo del plantígrado. El grave percance está lejos de derrotar a su carácter proactivo. Mientras, la Patrulla Oso del Principado continúa vigilante por si el ejemplar reincidiese en un comportamiento de riesgo para los humanos, algo que prácticamente descartan. Aún “llevará días” analizar las muestras de pelo dejadas por el animal en varios alambres de espino de los prados por los que emprendió su huida hacia la montaña. Con ellas se podrá confirmar algunas características del ejemplar.

En la parroquia canguesa de Cibea es momento de analizar lo ocurrido, y de comparar tiempos pasados con los presentes. Tienen la sensación de que “esta no será la última vez” que suceda algo así, máxime si el Principado no toma cartas en el asunto para que los osos vuelvan a guardar más distancia con los habitantes del valle. La memoria de los pocos que resisten en los pueblos se enciende. “Antes, los mayores nos decían: ‘El oso quiere estar tranquilo en el monte’. Por aquel entonces andaban por un bosque comunal que teníamos. Pero qué paradoja: ahora somos nosotros los que tenemos que escondernos del oso”, comentan en Sorrodiles.

38 hembras con crías

Otra cuestión que ponen en solfa los vecinos son los cálculos oficiales de ejemplares: los últimos se sitúan en 38 hembras con crías en toda la Cordillera Cantábrica. Fuentes conocedoras del conteo reconocen que “cuando solo había ocho o nueve, podíamos contarlas a ojo; ahora, cuando ya hemos llegado a cuarenta, es imposible no perderse”. Una radiografía más fiable de la población del oso cantábrico parece otra asignatura pendiente.

En Cibea, los habitantes cada vez se los tropiezan más. Y el reciente ataque pone el problema de la convivencia con más fuerza sobre la mesa, que se une a otros que se amontonan en el mostrador regional de políticas para la zona rural. A la entrada de Sorrodiles, y casi ajena al revuelo formado por el grave incidente osero, una cuadrilla trabaja para instalar una depuradora. “¿Ahora que quedamos cuatro gastan dinero en saneamiento?”, se preguntan con mucha intención en un pueblo donde la cobertura telefónica –al igual que en la práctica totalidad del valle de Cibea– es nula. Y la banda ancha, una utopía: “¿Así cómo quieren que venga la gente?”.

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Asturias tiene que “perder el miedo a intervenir” ante osos habituados, peligrosos o con problemas, y aplicar su protocolo aún “con más esfuerzo”. Esta es una de las peticiones que hacen los expertos a raíz del zarpazo –todo parece indicar que “fortuito”– que un plantígrado propinó este domingo a una vecina de 75 años en el valle de Cibea (Cangas del Narcea). Aunque se descarta, al menos por el momento, tomar medidas sobre el ejemplar como capturarlo, ya que no se considera un individuo problemático, los especialistas insisten en que hay que “intervenir proactivamente” ante una especie que va a más –se calcula que hoy en día hay unos 330 osos en la Cordillera Cantábrica– y “escuchar mucho a la gente de los pueblos”. Sobre todo, remarcan, hay que actuar rápidamente ante plantígrados jóvenes que se acercan demasiado a las casas para evitar que se habitúen a ello.

“En Asturias llevamos poco tiempo interviniendo y hay que perder el miedo. Debemos aplicar el protocolo con más rigor y esfuerzo”, señala Fernando Ballesteros, biólogo de la Fundación Oso Pardo (FOP), una de las instituciones que más presionó para que el documento de actuación ante osos de la Cordillera Cantábrica viese la luz en 2019. Este protocolo recoge diferentes medidas en función de la triple clasificación de osos que hace: problemáticos o peligrosos –no se considera como tales los ejemplares que “exhiban comportamientos agresivos defensivos como sucede con un oso herido, un oso acosado en una cacería, un oso sorprendido súbitamente en una vía de escape bloqueada, un oso alimentándose en una carroña o en un lugar de descanso y, particularmente, una hembra con crías–, habituados –son ejemplares que “de manera recurrente” bajan a los pueblos en busca de comida– y los osos con problemas –como esbardos abandonados, ejemplares heridos, enfermos...–.