Viajeros sin mochila

Trotamundos varados por la pandemia

  • Un viajero de récord que reprime en la Costa Brava las ganas de recorrer el planeta, una 'runner' que emprendió ruta en 2019 y quedó atrapada en Tailandia y un nómada que nunca abandona a sus perros relatan el ansia al ser frenados por el coronavirus

Clara Ruiz, en un selfi tomado en la localidad de Berat, en Albania.

Clara Ruiz, en un selfi tomado en la localidad de Berat, en Albania. / Clara Ruiz

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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Al otro lado de la línea telefónica, Carlos Useros responde a la llamada tiritando. Acaba de salir de su baño diario a pelo en el mar, en Roses (Girona), donde la temperatura del agua es de apenas 11 grados. Con 195 países visitados en 25 años (los 193 reconocidos por Naciones Unidas, más Ciudad del Vaticano y el Sáhara Occidental), ocupa el puesto número 42 del mundo en el ránking de grandes viajeros y es el segundo español que ha cruzado más fronteras, según la organización NomadMania. Solo zambulléndose en el agua helada enfría su inquietud hasta que la pandemia le permita volver a ponerse en ruta.

Carlos useros, saliendo de su baño invernal en Roses.

/ DAVID APARICIO

Canalizar toda la energía que requieren los grandes viajes sin apenas salir de los límites municipales está resultando un reto más complicado que el de recorrer el mundo porque ahora Useros se enfrenta a sí mismo. “Soy incapaz de quedarme en casa, me falta el aire -confiesa con el suave oleaje de la playa de la Almadrava de fondo-. Cada mañana hago una caminata por el parque natural de Cap de Creus, luego me baño en el mar y por la tarde voy a la biblioteca a leer. Solo cuando oscurece vuelvo a casa”.

El primer estado de alarma por el covid-19, en marzo pasado, le sorprendió en el Camino de Santiago y le obligó a regresar a casa. A finales de verano volvió a la ruta de los peregrinos, pero el virus le mandó otra vez de vuelta a Roses. Este año tenía planes para viajar de nuevo a Canadá, pero los ha pospuesto a la espera de vacunarse.

Como muchos otros viajeros que trabajan durante la temporada de verano y se desplazan el resto del año, la expansión del virus no solo ha limitado su movilidad sino que también le ha dejado sin la principal fuente de financiación de sus expediciones: “No tengo casa propia, ni coche, vivo al día. En verano trabajo de camarero o en hoteles, pero todo esto está finiquitado y ahora estoy en el paro. Intento vivir con lo mínimo”.

Inicialmente no tenía intención de romper récords: “Soy superactivo y muy curioso y ya había visitado más de cien países cuando me planteé completar la lista de todos los que reconoce Naciones Unidas -explica-. Eso implicaba pasar tiempo en regiones del mundo en guerra o con muchas trabas burocráticas, pero en esos viajes pasaba mucho tiempo aislado y solo”.

A sus 51 años, ya no halla satisfacción en coleccionar una región del mundo tras otra “solo para decir que has estado allí”. Hace tiempo que envía fotos de destinos remotos, pero en cambio se hace selfis espectaculares sumergido en el agua cristalina con el Canigó nevado de fondo. “Ahora intento disfrutar más de las amistades, de la naturaleza y de la lectura”, explica sin ocultar su preocupación por el futuro.

Roberto Sastre y sus dos perras

No todos los grandes viajeros están varados en casa por la pandemia. Los hay que también están encallados, pero a miles de kilómetros de distancia. Roberto Sastre lleva viajando desde 2013 y ahora lo hace con dos perras, una adoptada en Brasil y la otra en India. Precisamente en este país asiático lleva confinado desde marzo, en parte por las dificultades de obtener los permisos veterinarios. Apenas hace unos días consiguió un visado para poder cruzar, por fin, a Pakistán e intentar volver a España.

Roberto Sastre, con sus dos compañeras en el Himalaya.

/ El Periódico

“Mi idea original era ir de España a China por tierra, pero todo lo que queda al Este, como Nepal o Myanmar, está cerrado –explica desde Rishikesh, al norte de la India--. No creo que la situación mejore, así que el plan es cruzar a Pakistán y desde ahí atravesar Irán, Turquía y saltar a Europa para volver a España, aunque de momento Irán sigue cerrado”.

Roberto y sus dos compañeras de cuatro patas viajan con lo mínimo. Se mueven en autoestop y duermen en una tienda de campaña o en casa de las personas que les invitan, aunque a causa de la pandemia ha tenido que reducir sus contactos y se alojan en hostales. En India ha gastado una media de 150 euros al mes, que financia con la venta de postales y alguna donación de amantes de los animales. Sus aventuras pueden seguirse a través de la web www.viajerosperrunos.com y de su cuenta de Instagram.

El itinerario cambiante de Clara Ruiz

Otra viajera que sigue en ruta desafiando el covid-19 es Clara Ruiz (https://kilometrosparaelmundo.com). Su periplo empezó en 2019 en Katmandú, la capital de Nepal, y su proyecto era dar la vuelta al mundo corriendo en etapas de 15 kilómetros diarios. Esta economista, que trabajaba como analista financiero de banca, lleva recorridos 3.500 kilómetros y modifica su itinerario a medida que va encontrándose con restricciones.

Clara Ruiz, en una de sus etapas en Pai (Tailandia).

/ EL PERIÓDICO

“Había pensado apuntarme a competiciones deportivas en los lugares a donde llegaba, pero todos los eventos de este tipo se han cancelado -explica desde Estambul-. En marzo me refugié en una isla tailandesa y, como Asia estaba cerrada, tuve que reinventarme y empecé a recorrer los Balcanes. Cada vez que cambio de país tengo que cerciorarme de las medidas (PCRs, cierres de fronteras y demás) y cambio de ruta muchas veces. ¡Voy más sobre la marcha que nunca!”

Tanto Roberto como Clara siguen alimentado sus páginas en internet, pero en la última década miles de webs, blogs, canales de YouTube y cuentas de Instagram se han quedado huérfanas de contenido viajero, a medida que sus propietarios concluían sus aventuras por el mundo o se quedaban sin recursos y ánimo para alimentarlos. Solo unos pocos han conseguido convertir su inquietud viajera en una fuente de ingresos a través de las redes sociales, anunciando marcas o promoviendo conferencias y cursos.

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La popularización y el eco mediático que este tipo de experiencias tuvieron durante la última década llevó a Itziar Marcotegui y a Pablo Strubell a organizar las Jornadas de los Grandes Viajes. La edición del 2020 se canceló por la pandemia y la de 2021 aún está pendiente de determinar las fechas. Sin embargo, están convencidos que, tras el parón sanitario, se volverá a viajar como antes. O casi.

Pablo es guía para dos agencias de la ruta de la seda, en Uzbekistán y Kirguistán, pero este verano no pudo trabajar. “Lo aproveché para recorrer España en bici durante cuatro meses y ha sido fabuloso -cuenta-. El viajero tiene curiosidad por todo lo que le rodea, ya sea aquí o en India, pero es verdad que cuando estás tan aturdido por la diversidad y el exotismo no piensas tanto en ti y en lo que sientes. En cambio, estos meses recorriendo España me han hecho viajar más hacia dentro. Ha sido un tiempo para pensar y reflexionar, pero en cuanto abran fronteras ¡me voy a Nepal!”.