30 may 2020

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tras el confinamiento

El turismo rural confía en ser el primero en recibir clientes

La tipología de sus alojamientos, familiares y con pocas plazas, inspiran mayor seguridad que las grandes infraestructuras hoteleras

El sector se muestra optimista con el viajero de proximidad, a la espera de que se concreten las nuevas medidas de seguridad sanitaria

Carme Escales

Can Gual es un establecimiento de turismo rural situado en el municipio de l’Ametlla del Vallès (Vallès Oriental).

Can Gual es un establecimiento de turismo rural situado en el municipio de l’Ametlla del Vallès (Vallès Oriental). / JOSEP GARCIA

Sin que nadie sepa todavía cuando se podrá salir de casa para alojarse en otro lugar, e imaginando que se empezará con pequeños desplazamientos y evitando cualquier aglomeración, los propietarios de alojamientos de turismo rural confían en poder ser los primeros en recibir clientes. Con toda la incertidumbre del momento actual, “deducimos que la movilidad se irá permitiendo poco a poco y por la tipología de nuestros alojamientos, muy grandes, para pocas personas y de la misma familia, creemos que eso facilitará que nosotros seamos de los primeros en abrir cuando se autorice. En ello confiamos. En julio y agosto no tenemos grupos, solo turismo familiar”, explica Ferran Miquel, propietario del turismo rural El Reixac, en Sant Joan de les Abadesses.

Miquel es, además, el vicepresidente de la asociación Turisme Rural de Girona, que oferta más de 240 establecimientos en las 8 comarcas de Girona, y ahora prepara una central de reservas centralizada: TuralGi. “El sector ha perdido 15 días muy buenos (los festivos de la Semana Santa en Catalunya, en Valencia y en Baleares) que era como medio agosto para nosotros. Los que vivimos de esto esperamos poder tirar adelante, a pesar de ello”, afirma Miquel. EL Reixac comprende cinco apartamentos de alquiler individual. “Nuestro producto no necesita actividades extraordinarias, estamos a dos quilómetros del pueblo y las balsas del río, la piscina en casa, los senderos para caminar y los paseos en kayak en el río Ter son nuestro valor añadido, lejos de aglomeraciones”, dice.

Sin aviones

 “Para vivir una semana en una casa rural desconectando de lo que se hace habitualmente y esta vez saliendo de la claustrofobia de tantas semanas sin poder salir, no hace falta coger aviones”, apunta Ferran Miquel, mientras se afana a arreglar el jardín primaveral, intentando no pensar en todas las anulaciones que tuvieron que hacer aquel viernes 14 de marzo.

Carme y Ferran están al frente de El Reixac, una casa de turismo rural en Sant Joan de les Abadesses / eL REIXAC

           

Desde Áreu, en el Pallars Sobirà, Trini Agulló hace 26 años que gestiona Casa Currona, casitas rurales y apartamentos para familias, sin zonas comunes, con capacidad total de 26 plazas. “Los clientes de cada año ya nos han reservado sus días en agosto. De aquí hasta entonces, veremos si no se producen rebrotes del virus y se puede empezar a normalizar todo un poco. Yo tengo esperanza que así sea”, dice. La suya es una auténtica casa de payés pirenaica, en el último núcleo de población catalán de camino a la Pica d’Estats. Uno de los hijos de Trini Agulló se ocupa del ganado, vacas y yeguas, y también cuentan con un taxi para llevar de excursión a los clientes.

            “El sector lo está pasando muy mal. Marzo y Semana Santa perdidos y nadie sabe cómo evolucionará la pandemia. Pero conservamos la esperanza de que, si no se agrava la situación, en junio o julio podremos volver a trabajar”, dice Montserrat Coberó, desde la Confederació del Turisme Rural i l’Agroturisme de Catalunya (Turalcat), con 500 casas asociadas de Lleida y Barcelona. “Estaremos también a la espera de conocer cuáles serán las indicaciones de la administración sobre desinfección para todo el sector turístico”, añade Coberó. Aunque, precisa, “por el bien del cliente y por el nuestro propio, en nuestro sector siempre está todo impecable, se es muy atento con la limpieza de los establecimientos”. Así que, garantizar el compromiso de seguridad lo dan por sentado. “Para quien desee olvidar un poco la tragedia con una escapadita en pueblos pequeños de payés, muy saludables, en medio de la naturaleza, nuestra propuesta es muy segura”, concluye Montserrat Coberó.

El alojamiento rural de Vallfogona de Ripollès Mas Regort este mes de abril celebra los diez años de su apertura, un aniversario que la pandemia les obliga a posponer para poder compartirlo con sus clientes. / mas regort

           

El producto local, el km 0 de las vacaciones, será el turismo rural. Por salud y por lo tocados que pueden haber quedado los ingresos. “Al turista internacional lo damos totalmente por perdido y creemos que costará mucho recuperarlo. El optimismo lo tenemos en el turismo interior. La gente buscará destinaciones cercanas y tranquilas, aunque también costará, porque la gente tiene miedo y no hay nada peor que eso”, explica el dueño del turismo rural La Torre del Codina, en el Urgell, Jaume Ramon, que preside la Federació de Cases Rurals a Lleida, con 300 casas inscritas.

            Algo más incierta aún será la ocupación de las casas de turismo rural que comparten espacios con sus propietarios, como en el caso de Mas Regort, en Vallfogona de Ripollès. “Hemos cumplido diez años confinados. Hice un mural con fotos de los clientes y se lo he enviado a todos dándoles las gracias por todos estos años con nosotros”, explica la propietaria, Cari González. “Aplazaremos la celebración, como hemos hecho con las dos bodas que teníamos ahora en abril, aplazadas de momento a mediados de junio una y la otra a julio. Y ya veremos”, dice. “Ahora intentaré hacer campaña de promoción a través de las redes sociales para facilitar que el sector sanitario pueda venir”, explica González.

            Las instituciones turísticas también tienen esperanza en el turismo rural para ayudar a recuperar, al menos, parte de la temporada de verano. “Para nosotros el turismo es una acción social. En algunos pueblos, la casa de turismo rural es el único centro social, la única cafetería. Y en Lleida, con tres grandes espacios naturales –el parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y los parques naturales del Alt Pirineu y del Cadí-Moixeró-, nuestro eje es el turismo sostenible. Es un catalizador importantísimo para las comarcas rurales, un dinamizador económico y social durante las cuatro estaciones del año”, expone Juli Alegre, responsable de promoción y marketing del Patronato de Turismo de la Diputació de Lleida.

            Según precisa el director de la Agència Catalana de Turismo, David Font, “casi el 80% de viajeros usuarios de turismo rural en Catalunya el pasado año fueron catalanes”.

Casa Mora es un establecimiento de turismo rural situado en el pueblo de Arrós de Cardós, en el Pallars Sobirà / TURALCAT

"Queda't a Catalunya"

Lo que sí está bastante claro es que las campañas de promoción de la próxima temporada turística, llegue cuando llegue, pondrán su foco en el turismo de proximidad, con partidas extraordinarias para ello. “Lo primero que haremos será visitar aquello que tenemos más cerca, por lo que sí que prevemos que tanto el turismo rural como los apartamentos turísticos saldrán menos perjudicados. Lo más complicado será generar confianza a la gente”, expresa el vicepresidente del Patronato de Turismo Costa Brava Girona, Jaume Dulsat. “Estamos diseñando una campaña dirigida al turista ubicado a 3 o 4 horas en coche de su destino vacacional, eso es Catalunya y parte del estado español y sur de Francia. El objetivo es que la temporada alta se pueda tener con cierta normalidad, que para Sant Joan o a inicios de julio el turismo se pueda reactivar, porque este ha sido un fuerte golpe a la economía”, precisa Dulsat.

Claro que, tal como apunta Juli Alegre desde el Patronato de Turisme de la Diputació de Lleida, “teniendo en cuenta que todos nos focalizaremos en el turista de proximidad, habrá también mucha competencia”. Además, dice, “no hay que olvidar que la pandemia habrá dejado a muchos en una situación complicada, afectados por ERTOS, por ejemplo, y el turismo es un sector muy sensible a cualquier impacto negativo, ya lo vimos con la crisis del 2007.

“El turismo local y de proximidad adquirirá una gran importancia, cerca de casa, no masificado y más asequible económicamente”, expone el concejal de Turisme i Indústries Creatives del Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Marcé. “Trabajamos conjuntamente con la Diputació de Barcelona”, añadió. Desde allí, Ana Mª Sánchez directora de Marketing Estratègic de la Destinació Barcelona de la Diputació de Barcelona, explica que es un buen momento para “conjugar Barcelona y su provincia, aprovechando la proximidad de propuestas de turismo rural, enoturismo y campings”. Aunque, añade, “ni sabemos cómo irán las cosas, ni qué tendremos ganas de hacer. Todo son intuiciones, vamos a ciegas. Pero tenemos que apoyar desde la pequeña casa de turismo rural hasta el campo de golf”, declara Sánchez. Siempre, claro, “pendientes de las normativas que vayan surgiendo y en función de ellas iremos inspirando al cliente. Somos conscientes de cómo está sufriendo el sector y le queremos dar el máximo apoyo. Haremos una campaña dirigida a ese turismo de proximidad, como la casa fuera de casa, donde sentirse a gusto, cómodo y seguro”, dice.

“Sin duda esto provocará cambios en el comportamiento y las preferencias de los turistas. Pero tanto instituciones públicas como privadas coincidimos en centrarnos en campañas más específicas dirigidas al estado español y catalán, al mercado de proximidad”, puntualiza el director de l'Agència Catalana de Turisme, David Font. “Destinaremos una dotación presupuestaria extraordinaria al mercado de más proximidad, con mensajes que ahora preparamos sobre conceptos como Catalunya és casa teva, que expliquen la diversidad de Catalunya tanto a alguien de aquí como de otro lugar, adaptables a zonas, productos y experiencias”, concluye David Font.