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Un clan familiar nicaragüense

Cae un grupo que esclavizaba a mujeres para cuidar a ancianos

La Guardia Ciivl ha identificado a 50 víctimas con las que la organización habrían obtenido unos beneficios de más de 750.000 euros

El Periódico

Cae un grupo que esclavizaba a mujeres para cuidar a ancianos. / VÍDEO: GUARDIA CIVIL / EUROPA PRESS

La Guardia Civil, en el marco de la denominada 'Operación Ayote', ha desarticulado un grupo criminal que se había especializado en la trata de seres humanos para el cuidado en España de personas de avanzada edad, con enfermedades graves o algún tipo de dependencia, y cuyas dos bases de operaciones estaban establecidas en Logroño y Alfaro (La Rioja) y en Huesca.

Los miembros de este grupo actuaban de manera estructurada, organizada y jerarquizada y han sido detenidos todos los integrantes, en concreto, cuatro mujeres --dos de ellas hermanas-- y tres varones de un mismo clan familiar nicaragüense, de entre 19 y 41 años, ha informado la Comandancia de la Guardia Civil en Huesca en una nota de prensa.

Una de las cabecillas del grupo fue detenida en la terminal T4 del aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez cuando intentaba introducir en España a otras tres víctimas procedentes de Nicaragua para su explotación. El resto de detenciones se realizaron de manera simultánea en La Rioja y Huesca, lugares en los que también se llevaron a cabo cuatro registros domiciliarios.

A todos los detenidos se les considera presuntos autores de los delitos de trata de seres humanos con fines de explotación laboral, pertenencia a grupo criminal y blanqueo de capitales.

Más de 750.000 euros en ganancias

La Guardia Civil ha identificado a un total de 50 mujeres que han sido víctimas de esclavitud desde el 2016 de esta organización, con las que habrían obtenido unos beneficios económicos superiores a los 750.000 euros.

El grupo criminal sometía y controlaba a todas sus víctimas mediante constantes amenazas, intimidación, engaño y coacción, amedrentándolas con advertencias de las consecuencias a las que se enfrentarían sus familiares en Nicaragua, si llegaban a denunciar los hechos.

Además, los productos básicos de primera necesidad que la responsable del grupo recibía de diferentes organizaciones de ayuda humanitaria los vendía a sus víctimas a precios abusivos llegándoles a cobrar por un comprimido de paracetamol entre 20 y 30 euros, incrementando así sus beneficios.

Las víctimas interceptadas en el aeropuerto de Madrid fueron trasladadas a Logroño e informadas de sus derechos como víctimas de trata, poniéndoles a su disposición todos los recursos asistenciales para garantizarles un alojamiento conveniente y seguro, ayuda material, asistencia psicológica, asistencia médica y asesoramiento jurídico.

Mujeres con hijos a cargo 

Los familiares directos del grupo criminal residentes en Nicaragua se encargaban de buscar a las víctimas, principalmente mujeres jóvenes y sin estudios, con hijos a su cargo y en riesgo de exclusión social. Allí les prometían un trabajo digno y bien remunerado en España.

Si aceptaban, les compraban el billete de avión y les entregaban mil euros en efectivo para justificar la estancia inicial en España, con visa turista limitada a 90 días.

Una vez en España, las víctimas contactaban con un miembro de la organización que las trasladaba a las viviendas de Logroño, Alfaro y Huesca. Seguidamente, les retiraban el pasaporte y el dinero entregado, advirtiéndoles de que habían contraído una deuda con la organización de 6.000 euros y que tenía que ser satisfecha en un corto plazo.

La jefa del grupo criminal usurpaba la identidad de las víctimas para poner anuncios en internet y redes sociales. Cuando cerraba el trato con los demandantes de estos servicios, enviaba a las víctimas para llevarlos a cabo, no sin antes aleccionarlas bajo nuevas amenazas.

A final de mes los demandantes pagaban directamente a las víctimas en negro y estas entregaban a la organización el 85% del dinero como pago de la deuda contraída, quedándose el resto para poder subsistir en España.

Cuando descansaban o se quedaban sin trabajo, la organización las alojaba en sus viviendas y les cobraban por todos los servicios. En caso de no poder pagarlos, les prestaban dinero a un 20 por ciento de intereses, lo que suponía que la deuda no disminuyese, sino todo lo contrario, se convertía en una cifra astronómica difícil de saldar, quedando las victimas más atadas a la organización.