14 ago 2020

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CRISIS MIGRATORIA

Seis inmigrantes murieron cada día al intentar alcanzar la costa europea en el 2018

Un informe de ACNUR constata que disminuye el número de refugiados que atraviesa el Mediterráneo pero aumentan las víctimas en sus aguas

España se convierte en el primer punto de entrada con 65.400 llegadas, un 131% más que en 2017

Julia Camacho

Fotografia de un rescate de Open Arms frente a las costas de Libia.

Fotografia de un rescate de Open Arms frente a las costas de Libia. / EFE

Los datos del Alto Comité de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) son tajantes y desmontan la versión de la invasión migratoria en Europa. En 2018, el número de llegadas de inmigrantes de forma irregular descendió en todo el continente y alcanzó la cifra más baja en los últimos cinco años139.300 personas, aunque se triplicaron las llegadas por España, la principal puerta de entrada. No obstante, la reducción de las operaciones de búsqueda, por el bloqueo sistemático de algunos países a acogerlos, provocó que aumentara de forma alarmante el número de desaparecidos en el mar, que aumentó hasta los 2.275 fallecidos. De esta forma, cada día se perdieron seis vidas en el Mediterráneo, convertida ya en la ruta migratoria marítima más mortífera del mundo.

La cifra de inmigrantes muertos durante 2018 es significativamente menor a 2017, cuando se contabilizaron 3.139 desaparecidos, y la mitad de los registrados en 2016, año negro para la inmigración irregular con 5.096 fallecidos. Sin embargo, en 2018 hubo muchas menos llegadas que en los años precedentes. En 2017 se registraron 172.324 llegadas, mientras que en 2016 o 2015 los datos se elevan hasta los 363.425 y el 1.015.877 respectivamente. Es decir, el Mediterráneo cada año es más mortífero, y ya muere uno de cada 51 inmigrantes que tratan de alcanzar el sueño europeo, según señala el informe ‘Travesías desesperadas’ de ACNUR.

Tendencia que continuará en 2019

La tendencia es preocupante, ya que todo apunta a que en este 2019 muchos de quienes están en Libia, desde hace tiempo, sigan intentando salir, por lo que las mafias les escoltarán más lejos de las aguas territoriales para esquivar a la Guardia Costera libia. Y de nuevo, los barcos de las oenegés deberán esperar una respuesta caso por caso, aguantando en alta mar a la espera de que los gobiernos decidan donde pueden ser desembarcadas y aumentando además la tasa de mortandad “dada la preocupante reducción de la capacidad de búsqueda”.


Aunque las cifras desmienten una invasión, sí constatan el cambio de rutas, motivadas por “las nuevas restricciones”, en alusión a la decisión del Gobierno italiano de prohibir a los barcos de rescate de la ONG y los mercantes desembarcar a los migrantes rescatados en aguas próximas a Libia, lo que justifica la caída de las llegadas al país transalpino desde junio. También se debe a la creación de una zona de búsqueda y rescate libia, de un radio de 110 millas desde la costa y en la que operan los guardacostas del país norteafricano, y la reducción de la presencia de los barcos de la ONG y de la UE en la zona, muchas veces por el hostigamiento que sufren. De esta forma, el 85 por ciento de los rescatados en esta zona durante la segunda mitad del año fueron desembarcados en Libia, cifra que en el primer semestre apenas alcanzaba el 54%.

España, puerta de entrada de marroquíes y argelinos

Por primera vez en los últimos años, dice el informe, España se convirtió en el principal punto de entrada a Europa, con 65.400 llegadas: 8.000 por vía terrestre (a través de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla) y otras 54.800 personas que lograron con éxito superar la peligrosa ruta del Mediterráneo occidental. Un dato que supone un 131% más que el año anterior. Como resultado, el número de muertos en el Mediterráneo occidental prácticamente se cuadruplicó, pasando de 202 en 2017 a 777 en 2018. Quienes tratan de alcanzar España son sobre todo marroquís y cada vez más argelinos, pero también personas procedentes de otros países como Guinea, Malí, Costa de Marfil o Gambia. Muchos de ellos son inmigrantes económicos, aunque también hay quienes huyen de matrimonio forzoso, de la mutilación genital femenina o por persecución por su orientación sexual, además de menores no acompañados, que fueron 5.500 niños, el 77% de todos los menores llegados.

En el caso del Mediterráneo central, unos 23.400 refugiados e inmigrantes llegaron a Italia en 2018, es decir, cinco veces menos que el año anterior. De la misma manera, Grecia recibió un número similar de llegadas por mar, aproximadamente 32.500 en comparación con 30.000 en 2017, mientras que el número de personas que entraron a través de su frontera terrestre con Turquía casi se triplicó.

El informe del Alto Comisionado de la ONU describe cómo los cambios en las políticas de algunos Estados europeos han provocado numerosos incidentes en los que un gran número de personas han quedado varadas en el mar durante días y días, a veces sin comida ni agua, esperando una autorización para desembarcar o perdidos a la deriva sin ser rescatados. Asimismo, los barcos de las ONG y sus tripulaciones han afrontado mayores restricciones en sus operaciones de búsqueda y rescate.

La ONU pone especial atención en la situación de la ruta de Libia a Europa, donde por cada 14 personas que lograron llegar, una perdió la vida en el mar, lo que representa un drástico aumento frente a los niveles de 2017. Además, se cuentan por miles las que fueron retornadas a Libia, donde viven en condiciones deplorables en los centros de detención.

Salvar vidas en el mar no es una opción, ni una cuestión política, sino una obligación ancestral”, declaró Filippo Grandi, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. “Podemos poner fin a estas tragedias teniendo el coraje y la ambición de mirar más allá del próximo barco y adoptar un enfoque a largo plazo basado en la cooperación regional, y centrada en la vida y la dignidad humanas”, continuó, reclamando a los Estados miembros de la UE que tomen “medidas urgentes para desmantelar las redes de tráfico de seres humanos y llevar ante la justicia a los responsables de estos delitos”. No obstante, el informe detecta que también hay cabida para la esperanza.

Así, a pesar del “punto muerto” en que se encuentra el proceso político para la adopción de un enfoque regional para el rescate en el mar y desembarco, como reclamaron la propia Acnur o la Organización Mundial para las Migraciones (OIM) el pasado verano, varios Estados se comprometieron a reubicar a las personas rescatadas en el Mediterráneo central, “lo que podría constituir la base para una solución predecible y duradera”. Además, el informe subraya que varios Estados también prometieron miles de plazas de reasentamiento para evacuar refugiados fuera de Libia.