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El 90% de los médicos admiten que se realizan pruebas diagnósticas de dudosa utilidad

Los doctores tienen miedo a las denuncias de los pacientes y practican la llamada medicina defensiva

Mas del 60% reconoce que se alargan los tiempos de estancia en los servicios de urgencia hospitalaria

Patricia Martín

Una resonancia magnética. 

Una resonancia magnética.  / ARCHIVO / MARTA JORDI

Más vale prevenir que curar. Con esta máxima, muchos médicos podría decirse que ‘se curan en salud’ y efectúan a sus pacientes más pruebas diagnósticas de las necesarias o prolongan sus estancias hospitalarias más allá de lo recomendable para evitar ser demandados por sus pacientes. Es lo que se conoce como medicina defensiva y, por primera vez en España, los propios doctores admiten, en una encuesta, que es una práctica habitual, especialmente en los servicios de urgencias, que por sus características asistenciales, están más expuestos a las reclamaciones o denuncias de los pacientes.

Así, la investigación 'La práctica médica en los servicios de urgencia: elementos para un debate sobre la medicina defensiva' arroja que un 88,7% de los doctores consultados admiten que la amenaza de una posible denuncia condiciona el trabajo diario en las urgencias hospitalarias. De hecho, casi el 90% (el 89,8%) reconocen que se prescriben más pruebas de las necesarias ante el miedo a las posibles reclamaciones y un 63% que se alargan los tiempos de estancia.

No redundan en la curación

Dichas prácticas, al contrario de lo que podía parecer, no redundan en la curación del paciente, según alertaron este martes la Organización Médica Colegial (OMC), la Sociedad Española de Salud Pública (SEPAS) y las Sociedades de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), autoras de la investigación, porque no todas las exploraciones médicas son inocuas.

Y es que, según explicó Beatriz González, expresidenta de SEPAS, la ciudaná española presiona a los médicos “bajo la creencia de que más es mejor y en atención sanitaria no siempre es así, hay riesgo de daños y no necesariamente se mejora la salud". "Más no es mejor e incluso puede ser peor", añadió Andreu Segura, coordinador del estudio, quien argumentó que el dicho "más vale prevenir que curar", si atañe al médico que trata de evitar posibles reclamaciones, "no es aceptable moralmente porque pone por delante su propio interés al primario, que debería ser el beneficio del paciente".

En su opinión, el deseo del facultativo es "comprensible, incluso legítimo", pero contrario a la deontología médica, además de "recargar los servicios y prolongar la lista de espera de las pruebas diagnósticas". “La medicina preventiva –añadió-, es una de los factores de riesgo de la iatrogenia”, el daño a la salud provocado por un acto médico, “porque expone a los pacientes a un sobretratamiento y una sobreexplotación y no se puede garantizar que cualquier intervención médica no genere daño”.  

La percepción sobre su situación particular

Para conocer la opinión de los propios médicos sobre este problema, las tres organizaciones efectuaron la encuesta, que contestaron 1.449 facultativos, cerca del 10% de los doctores de urgencias de Semes. Curiosamente, las respuestas de los especialistas son más llamativas respecto a las prácticas habituales en las urgencias y más discretas cuando hablan de su propia labor. Aún así, un 65,6% admite que la posibilidad de ser denunciado influye de alguna manera en su ejercicio profesional y hasta un 62,4% reconoce que diagnostica pruebas de las que podría prescindir. Sin embargo, sobre si alargan la estancia de los pacientes, el 68,7% contesta de modo negativo.

Si bien, el coordinador del estudio restó importancia a esta respuesta, al señalar que “cuando a un padre se le pregunta por el alcoholismo juvenil, lo reconoce, pero cuando se le pregunta por su hijo, señala que los que beben son los otros, pues con los médicos pasa lo mismo”.

El sondeo arroja además que el 92,3% de los encuestados ha recibido, al menos alguna vez, una reclamación ante los servicios de atención al paciente, de inspección sanitaria o ante los tribunales y, en una situación tan compleja, el 88% no han recibido una ayuda satisfactoria por parte de las estructuras hospitalarias y sanitarias. Por ello, nueve de cada diez reclaman formación médico-legal que les ayude a afrontar este tipo de situaciones.

Las posibles soluciones

A este respecto, el presidente de la OMC, Serafín Romero, reclamó al Gobierno la puesta en marcha políticas que “garanticen la seguridad del paciente en contextos de riesgo”, para lo que consideró imprescindible la creación de un baremo de daños sanitarios que palie y mida de forma efectiva los efectos y consecuencias de la medicina preventiva. Asimismo, reclamó que se apoye a los médicos que pueden cometer errores y que se promueva una educación en salud, de forma que los ciudadanos no presionen inadecuadamente a los facultativos.

Mientras que Sebastián Martínez, presidente del colegio de médicos de Zamora y miembro de Semes reclamó que se cree la especialidad de urgencias, ante la evidencia de que estos profesionales deben “tomar decisiones rápidas y con una asistencia no programada” y diferente del resto de servicios sanitarios.