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Ayuda humanitaria

El Gobierno bloquea al Open Arms en el puerto de Barcelona

Fomento deniega el permiso de salida al barco de rescate por incumplir varios convenios marítimos

La oenegé alega que los posibles fallos operativos se deben a las decisiones de los estados costeros de la UE

Carlos Márquez Daniel

Oscar Camps, frente al Open Arms atracado en el puerto de Barcelona, este lunes. / FOTO: VICENS FORNER / VÍDEO: ATLAS

España fue hace unos meses el país abanderado en la acogida de náufragos en el Mediterráneo. Sucedió en Valencia, puerto en el que atracó, con un despliegue sin precedentes, el buque Aquarius de Médicos sin Fronteras (MSF) y SOS Mediterranée, custodiado por otros dos barcos de la marina italiana. A bordo, 629 personas que descendieron de los navíos para iniciar una nueva vida en Europa. Era el mes de junio. Han pasado seis meses y para muchos, esa imagen de acogida ha quedado ahora pulverizada después de que el Ministerio de Fomento haya prohibido al Open Arms abandonar los muelles de Barcelona con destino a Libia por el incumplimiento de varios convenios internacionales marítimos.

“El buque no dispone del permiso necesario para salir hacia el Mediterráneo central frente a las costas libias como ha solicitado a la Dirección General de la Marina Mercante”, reza el comunicado facilitado por el Gobierno. Al parecer, el barco de la oenegé catalana “no cuenta con los certificados necesarios para garantizar el cumplimiento de la normativa internacional de seguridad marítima y prevención de la contaminación del medio marino”. En concreto, no está a la altura de tres convenios de los años 1979 (sobre búsqueda y salvamento marítimos, 1974 (sobre la seguridad de la vida humana en el mar) y 1965 (sobre tráfico marítimo internacional).

Open Arms ya ha presentado un recurso en el que pide anular la medida cautelar que les mantiene bloqueados en aguas de la capital catalana desde el 8 de enero, cuando tenían previsto zarpar. Alega que esta resolución "no atribuye uno solo de estos incumplimientos al capitán del buque Open Arms ni a su tripulación, pues todos los incumplimientos se atribuyen en abstracto y en tercera persona a las autoridades responsables; en definitiva, los estados". Es decir, que la oenegé cree que no ha hecho nada malo, sino que sus posibles faltas, como no poder desembarcar a los náufragos en el puerto más cercano posible, son consecuencia de las decisiones de otros. En cualquier caso, y puesto que el funcionamiento de este barco ha sido el mismo en los últimos meses, la pregunta es inevitable: ¿Por qué ahora este bloqueo y no antes?

Un solo barco en Libia

La nota facilitada por la dirección general de la Marina Mercante recuerda que las últimas operaciones del Open Arms “se han desarrollado en regiones SAR (las siglas en inglés de ‘búsqueda y rescate’) no españolas, y al carecer de autorización de los países ribereños, ha tenido que cruzar el Mediterráneo durante varios días para desembarcar a los náufragos, comprometiendo la seguridad del buque, de su tripulación y de las personas auxiliadas a bordo”. La ley, sin embargo, orilla otra cuestión quizás también relevante: puede que se la jueguen, ¿pero es mejor la alternativa de no acudir?

Situación del Sea Watch, el único rescatador frente a Libia / VESSEL FINDER

Hubo un tiempo en el que en las aguas de Libia se juntaban hasta seis barcos rescatadores. A las tres oenegés citadas se les unían otras como Sea Watch o Mediterranea, además de dos aviones de reconocimiento aéreo. De todo aquello, a día de hoy, apenas quedan un par de embarcaciones. De hecho, el lunes 14 de enero solo hay una, el Sea Watch 3. El cerrojazo de los puertos italiano, a mediados del año pasado, ha sido decisivo en el declive de estas misiones humanitarias. Ignasi Calbócoordinador del Ayuntamiento de Barcelona en materia de acogida de refugiados, tiene claro que todo se explica por “la voluntad de la Unión Europea de que no haya testigos” de lo que está sucediendo en el Mediterráneo central. “Es el denominado apagón humanitario, que pasa por confiar en Libia, un país de milicias cuya economía le debe mucho al tráfico de personas y de armas. Es una vergüenza que la UE considere que los puertos libios son seguros para las personas rescatadas en el mar”.