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OBITUARIO

Montse Oliva: una vida "para" las noticias

En recuerdo de la periodista Montse Oliva

ALBERT SÁEZ

Montse Oliva.

Montse Oliva. / El Punt Avui

Hay mucha gente que vive “de” las noticias. Editores, directivos, jefecillos, políticos, dircoms, … sacan pecho por las informaciones que publican cada día los medios informativos como si las hubieran fabricado. Pero ellos solo las administran. Se aprovechan del trabajo de otros profesionales, a menudo anónimos o conocidos únicamente en el mundo periodístico, casi invisibles para el gran público. Y es cuando este tipo de periodistas nos dejan que vemos el inmenso espacio que ocupan. La madrugada de este domingo se hizo un inmenso vacío en la redacción del diario El Punt-Avui, en la sala de prensa del Congreso de los Diputados y de la Moncloa, en la Asociación de Periodistas Parlamentarios, entre los corresponsales de los medios catalanes en Madrid y, de rebote, en otras muchas redacciones. Es el vacío que dejó la muerte injustamente temprana de Montse OlivaUna periodista que vivió “para” las noticias. Era de las últimas en abandonar el escenario de cualquier acontecimiento informativo porque siempre quería buscar la última confirmación de un dato, contrastar el último indicio, servir al lector la mejor información posible…  Oliva llegó a Madrid hace 18 años en la delegación de lo que algunos llaman un diario de “provincias”. Los que viven “de” las noticas enseguida la miraron por encima del hombro. Pero su profesionalidad, su tesón, su cabezonería, su rigor, su amor por el trabajo bien hecho le valió el respeto de toda la profesión y de la clase política que ayer quedó reflejado en números tuits de pésame que se publicaron, desde los presidentes del Gobierno y de la Generalitat hasta la presidenta del Congreso, ministros y portavoces parlamentarios. La crueldad de la muerte de Oliva, fallecida solo tres semanas después de detectarle la enfermedad, ha hecho que de pronto muchos valoraran la grandeza de su figura personal y profesional. Un vacío que sentirán aún con mayor intensidad su marido, el también periodista Amat Carceller y su hijo Jaume.

Antes de encabezar en Madrid la delegación de El Punt-AvuiMontse Oliva había trabajado en La Mañana de Lleida, en algunas aventuras informativas fallidas como Las Noticias y El Observador, pero también en las redacciones de La Vanguardia y de El MundoFue una excelente cronista judicial, una de las mejores escuelas de periodismo porque allí se trata cara cara con la vida y con la muerte sin edulcorantes en forma de gabinetes o notas de prensa. En los duros años 90, cuando los periodistas corrían arriba y abajo de la vieja Audiencia de Barcelona para fotocopiar, leer y entender atravesados sumarios judiciales, Oliva destacó por tener la confianza de las mejores fuentes judiciales que se ganó gracias al respeto que levantaban sus crónicas y al rigor con el que interpretaba los hechos. Todo ese bagaje periodístico le sirvió posteriormente para cubrir los grandes acontecimientos de la política española, a veces sacudida por zarpazos como los atentados del 11-M y siempre convulsa por los asuntos relacionados con Catalunya. Sus compañeros de Madrid y de Barcelona también se volcaron ayer en su reconocimiento.

La mejor manera de entender a Oliva es visitar la tierra donde nació en 1966, Torà, en la comarca de La Segarra, un paraje sacudido por inviernos polares y veranos subsaharianos que curte a sus habitantes, los hace sufridos y sufridores pero también enormemente resistentes, amén de inteligentes porque sino no tienen manera de sobrevivir. También les hace algo irónicos e incluso un punto ácidos, especialmente cuando ven a cierta gente quejarse por circunstancias mucho menos caninas de las que ellos torean para sobrevivir. Así era Montse Oliva: resistente, fuerte, inteligente, irónica, algo ácida y dura de pelar, por sus fuentes, por sus compañeros y por sus jefes lo cual la hacía terriblemente humana. Una fuerza de la naturaleza que la muerte ha tenido que emplearse con toda su crueldad para tumbarla. Descanse en paz.

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