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TENDENCIA CONSOLIDADA

Residencias de ancianos con guardería: los beneficios de convivir con abuelos

Los proyectos intergeneracionales, que fomentan el contacto entre los niños y la tercera edad, se abren paso en España

"Es mucho más que una simple idea simpática. Es un valor social", explica el profesor universitario Mariano Sánchez

Olga Pereda

La residencia para la tercera edad Orepa, en Meco (Madrid), tiene una guardería en el mismo edificio para que abuelos y bebés realicen actividades juntos. / JOSÉ LUIS ROCA

Los que ya han vivido junto con los que tienen todo por vivir. Los que están en el final del camino junto a los que empiezan a andarlo. La convivencia entre ancianos y jóvenes (incluidos niños y bebés) es una realidad que empieza a abrirse paso en España. Y con fuerza. Residencias de la tercera edad con guardería incluida; campamentos de verano para chavales que comparten talleres con abuelos; estudiantes de Secundaria que visitan cada semana un centro de mayores; edificios en los que se alojan ancianos y jóvenes…

La filosofía intergeneracional es una disciplina profesional que está en expansión y, al mismo tiempo, en fase de descubrimiento. "Es mucho más que una simple idea simpática. Es un valor social", asegura uno de los mayores expertos en la materia, Mariano Sánchez, profesor de Sociología de la Universidad de Granada y responsable de una cátedra para estudiar y compartir conocimientos sobre proyectos intergeneracionales. La cátedra se ha podido crear gracias al acuerdo entre la universidad y Macrosad, una red andaluza especializada en el cuidado de mayores y pequeños. De la mano de Macrosad acaba de abrir sus puertas en Albolote (Granada) una residencia de la tercera edad con guardería incluida para que bebés y ancianos compartan actividades.

175 proyectos en toda España

En 2006, Sánchez se propuso hacer un mapa de las actividades intergeneracionales de toda España. Localizó 175 proyectos con mayor o menor envergadura. “Las actividades sueltas de convivencia están aumentando mucho. Lo que está creciendo menos son los espacios intergeneracionales de convivencia”, explica.

Las proyectos intergeneracionales siempre deberían ser voluntarios. Y, por supuesto, a cargo de profesionales formados. Es una disciplina seria. En el caso de la convivencia entre mayores y niños de hasta tres años, los monitores tienen que saber cómo es la cabeza y el cuerpo de la tercera edad (con deterioro cognitivo en muchas ocasiones) y también conocer muy bien a la infancia. El responsable de la cátedra de Granada reconoce que todavía hace falta mucha pedagogía al respecto. El personal que lleva a cabo las actividades tiene que recibir formación. “No se pueden hacer experimentos”, concluye Sánchez, que lleva 20 años investigando este tipo de actividades.

"Los niños interiorizan un concepto positivo del envejecimiento y aprenden a relacionarse"

Marino Sánchez

Profesor de Sociología

Beneficios para grandes y pequeños

A la hora de explicar los beneficios, Sánchez asegura que los más pequeños interiorizan un concepto positivo del envejecimiento y aprenden a relacionarse, algo fundamental en su desarollo. “No tienen miedo a entrar en contacto con otras personas, ir más allá de sus propias familias”, subraya. También aprenden que el tiempo de la vida es algo a lo que hay que prestar atención y que hay muchas formas de envejecer. Mientras, las personas de edad avanzada sienten que no tienen por qué desconectarse del mundo. “Es una razón para vivir la vida, una responsabilidad, una persona que depende de ellos en un momento dado”, continúa.

Un anciano de la residencia Orpea (Meco, Madrid) besa a una de las niñas de la guardería / JOSÉ LUIS ROCA

Fórmulas variadas

La fórmulas de convivencia son muy variadas. Las más ‘extremas’ -y mejores- son las residencias para la tercera edad con guardería incluida, como la de Albolote (Granada). También hay otra de la red Orpea en Meco (Madrid) y dos en Galicia que acaban de construirse gracias a la Fundación de Amancio Ortega, dueño del imperio Inditex. La red de residencias Amavir organiza en Navarra campamentos de verano que incluyen talleres conjuntos para chavales y ancianos. En Lleida, el centro residencial Joviar incluye actividades intergeneracionales, mientras que en Alicante se han construido edificios de apartamentos para mayores y jóvenes emancipados. Por último, en Oviedo hay residencias donde conviven universitarios y abuelos.

 

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Chavales de instituto, a la residencia

De la mano de Adopta un abuelo -una asociación sin ánimo de lucro que fomenta las relaciones entre los jóvenes y la tercera edad y que fue fundada por Alberto Cabanes- hay varias iniciativas en toda España. El instituto las Musas, en Madrid, organiza visitas semanales de los alumnos a una residencia para mayores que está en el mismo barrio. El año pasado se implantó la iniciativa por primera vez. Se apuntaron 16 alumnos. Este año, el número ha llegado a 50.

“Los chavales van siempre de dos en dos para estar con un abuelo en concreto. Aprenden a ser generosos, contar cosas y entenderse. Los jóvenes valoran más su propia salud, reciben una visión de la vida diferente. Y, sobre todo, se pasan dos horas sin estar pendientes de las redes sociales”, explica José Antonio Méndez, profesor de Geografía e Historia en las Musas. “El proyecto ha calado mucho entre los chavales. Y los profesores estamos encantados. Si alguna vez trabajo en otro instituto pienso exportar la idea”, añade. Entre los alumnos que se han apuntado los hay con un expediente académico bueno. Y otros que sacan notas regulares y malas. Pero todos ellos viven con emoción el encuentro de los viernes en la residencia. “Están tan encantados que acuden a ver a los abuelos incluso en verano”, comenta el profesor, que destaca que los mayores les esperan con ansia. “Se sienten importantes y útiles”, recalca.

Varios niños de la guardería caminan junto a los residentes de Orpea / josé luis roca

Residencia para mayores y guardería 

Como decíamos, los casos más 'extremos' -y mejores- son los espacios de conviviencia. Por ejemplo, la residencia Orpea, en Meco (Madrid), que tiene una guardería en el mismo edificio. La señora Puri es una de las residentes. Cada jueves, baja a la entrada acompañada de otros diez mayores y su terapeuta ocupacional. Atraviesan un pasillo y, de repente, las paredes son una explosión de color y están adornadas con dibujos infantiles. La puerta está cerrada. La terapeuta, Eva del Toro, pregunta a los residentes: "¿sabéis dónde estamos?" Algunos responden que sí, como Puri. Otros no lo saben, no se acuerdan. Y eso que vienen cada semana. De repente uno grita: “Los niños, los niños”. Y todos se ponen contentos. Efectivamente, han venido a ver a los niños de la guardería. Al ver a los pequeños, a los mayores les cambia la cara. Pasan del desconcierto o la apatía a la sonrisa furtiva. Los niños, los niños. La puerta de clase se abre. Van entrando poco a poco. Los bebés (de unos dos años) los miran. Y los que mejor hablan los señalan diciendo: “Los amigos mayores, amigos mayores”. Cada uno coge de la mano a un bebé. Hay mayores que no se acuerdan de sus nombres. “Noa, Noa. Se llama Noa. Es que los niños de ahora tienen nombres muy modernos, ¿verdad?”, recuerda la terapeuta a un residente algo despistado.

Empieza la excursión. Hace sol y los amigos pequeños y mayores se disponen a dar una vuelta por los alrededores de la residencia-guardería. Las monitoras infantiles y las terapeutas ocupacionales están acostumbradas a semejante derroche de inocencia y ternura. Pero quien lo ve por primera vez no puede evitar lágrimas de emoción.

"Es una experiencia maravillosa. Los mayores recuperan el rol de adultos responsables que tenían"

Eva del Toro

Terapeuta ocupacional

Se sienten protagonistas

Centro pionero en España, la residencia Orpea de Meco lleva más de 10 años incorporando en su día a día las actividades intergeneracionales de manera profesional. “Hacemos un trabajo selectivo para ver qué mayores pueden realizar las actividades con los pequeños. Todos tienen deterioro cognitivo. Es una experiencia maravillosa porque vuelven a ser lo que eran: adultos responsables. Restauran ese rol, se sienten los protagonistas. Ellos deciden, ellos gestionan”, explica Eva del Toro.

Otro momento del paseo de abuelos y bebés en la residencia Orpea / josé luis roca

Cada anciano ha dado la mano a su amigo pequeño. Van paseando. Observando. Hablando. Cada uno como puede. Ha llegado el otoño y las hojas de los árboles empiezan a caerse. “En otoño las hojas se caen”, comenta Puri, que fue maestra (y se le nota). Los niños caminan lento. No extrañan. No lloran.

Hemos llegado a una zona de descanso, con sillas y mesas. Es hora de leer un cuento. Cada anciano coge a su amigo pequeño y lo sienta en sus rodillas. Las monitoras reparten libros.  “Mira, un gato. ¿Cómo hace el gato? El gato hace miau”, explica Puri a su amiga pequeña mientras pasa las páginas del cuento. A su lado, Carmen, que no ha cumplido los 70 años y es la más joven del grupo, dice a Andrea que el sol sale por las mañanas y que cuando llega la noche aparece la luna. El momento es tierno, precioso, sincero.

Un cambio inmenso

“Una de mis pacientes, Juana, a la que todos llamamos Cani, tuvo un ingreso muy difícil en la residencia. Más que difícil, terrorífico. No sabía dónde estaba y lo pasó realmente mal. La actividad con los niños ha supuesto un cambio inmenso y ahora está completamente integrada”, explica Del Toro, firmemente convencida de los beneficios de este tipo de terapias profesionalizadas, que son, en su opinión, un “chute de adrenalina” para los mayores. Los pequeños también salen beneficiados. “Aprenden habilidades sociales, saben que hay que saludar y despedirse. Aprenden valores. Y mejoran su vocabulario”, subraya la profesora de educación infantil de la guardería, Mari Carmen Blanco.

"Los bebés aprenden habilidaes sociales y valores. Y mejoran su vocabulacio"

Mari carmen Blanco

Profesora de Educación Infantil

Empieza a refrescar y se acerca la hora de la comida de los más pequeños. Toca levantarse y regresar al centro. Puri coge a su niña de la mano y le canta la canción del Barquito chiquitito.

El grupo entra a la guardería. Martín, ayudado por un bastón, no suelta la mano de Einar. “Yo sé lo que es criar a un niño. Yo críe a dos mellizos”, comenta.

La convivencia entre ancianos y niños es beneficiosa para todos / JOSÉ LUIS ROCA

Toca despedirse. Hasta otro día. Otra actividad. Quizá haya una fiesta de cumpleaños. O quizá harán gimnasia juntos. Depende. “La filosofía intergeneracional, de la que estamos firmemente convencidos, sirve para muchas cosas. Entre ellas, para que ningún mayor se sienta enfermo, ni no válido. Simplemente se sienten personas. Y ya”, reconoce Ricardo Buchó, director de comunicación de Orpea. “Con mayores y pequeños trabajamos muchos aspectos. Lo funcional, lo emocional, lo cognitivo y lo sensorial. Pero son actividades serias. No puede ser una capa de barniz y ya. Es una filosofía de trabajo muy profunda”, añade Del Toro.

Los amigos mayores se despiden de sus amigos pequeños cantando 'Adiós con el corazón'. Lanzan besos. “Hasta pronto, cariño”, les dicen. Su cara refleja felicidad. Mucha paz. E infinita normalidad.

Europa y una serie de TV

Las primeras actividades intergeneracionales profesionalizadas -al menos, las que fueron objeto de estudio científico- datan de la década de los 60 en EEUU. En la actualidad, en Europa, hay iniciativas que demuestran que la convivencia entre pequeños y grandes es una cosa seria. Alemania financia casas intergeneracionales, mientras que en Francia también hay escuelas infantiles dentro de residencias para mayores, al igual que en el Reino UnidoBélgica, Suecia y Suiza también tienen varias iniciativas.


“La ventaja de España es que somos un país donde, por tradición familiar, los abuelos suelen estar muy cerca de los nietos”, resume el profesor de la universidad de Granada Mariano Sánchez, que ha asesorado a la productora del programa de televisión 'Cosas de la edad' (Movistar +), un formato original del Reino Unido. Estrenada el 10 de septiembre, la serie documental muestra cómo un grupo de diez niños visita diariamente una residencia de la tercera edad para realizar juegos y terapias con diez mayores. Según Movistar +, el programa muestra “la asombrosa progresión” de los peques y los abuelos, con evoluciones notables en lo físico, lo cognitivo y lo emocional bajo la supervisión de un panel de expertos en geriatría, psicología y sociología. Es -concluye la cadena- una visión diferente y honesta de la vejez y la infancia, los dos grupos más aparcados por la sociedad.