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INICIATIVA PARA UNA MEJOR CONVIVENCIA

Los mediadores nocturnos reducen el incivismo en las zonas de ocio

Un servicio de mediación pionero disminuye un 80% los conflictos en Platja d'Aro derivados de los ruidos y el consumo de alcohol en la calle

Los pacificadores, también en Castelldefels y otros municipios, intentan concienciar a los jóvenes para que no molesten al vecindario

Imma Fernández

Varios mediadores, con mochilas negras, hablan con jóvenes de botellón en Castelldefels.

Varios mediadores, con mochilas negras, hablan con jóvenes de botellón en Castelldefels. / Pau Martí Moreno

“Una sonrisa, diálogo y buen rollo” son las armas más efectivas, de entrada, para abordar y minimizar el incivismo que tensa la difícil convivencia entre diversión y descanso. Así actúan los mediadores nocturnos, profesionales formados para negociar y empatizar con una juventud proclive al desmelene. Lo cuenta Xavier Pastorprofesor de Derecho y Ciencia Política y del máster de Gestión y Solución de Conflictos de la UOC y de posgrado de la UdG, que hace un par de años puso en marcha con el apoyo municipal una experiencia pionera que ya ha dado excelentes resultados: el Servicio de Mediación Nocturna en zonas de ocio de Platja d’Aro ha logrado reducir un 80% los conflictos asociados a conductas incívicas, ruidos o consumo de alcohol en la calle que generan molestias al vecindario. En el primer año de la prueba piloto, las denuncias a la policía se redujeron un 50%, y en el 2017, otro 30%. La iniciativa, diseñada para los meses de verano, se ha expandido a Castelldefels, Badalona, Calella (Maresme) y L’Hospitalet de Llobregat, y cada vez hay más municipios interesados en llevarla a sus calles.

La estrategia de estos pacificadores es que sean “las propias personas que cometen los actos molestos las que recapaciten poniéndose en el lugar del otro”, explica Pastor. “Deben ser ellos mismos los que transformen su conducta y resuelvan el problema”. Eso sí, la mediación no es eficaz en los conflictos de alta intensidad, en cuyo caso acuden a la policía, con quien trabajan ”codo con codo”. “Cuando detectamos agresividad, nuestra labor se acaba”, apunta el experto. En territorios calientes, “que son la selva”, el diálogo es más complicado. “Nuestra actuación da mejores resultados en municipios que han hecho una apuesta por un turismo más familiar, en los que también hay cabida para la diversión juvenil”, sostiene.

No prohibir

Para establecer un mejor contacto con los alborotadores, estos profesionales no van uniformados aunque llevan credencial y se identifican. “Les decimos que somos mediadores del ayuntamiento para conseguir una buena convivencia entre los usuarios del ocio nocturno y los vecinos”, explica el coordinador Chema Montorio. “Tenemos que ganar su confianza en pocos segundos y para ello lo mejor es una buena sonrisa y una actitud positiva. No reñimos ni juzgamos sus conductas, no podemos obligarles”, tercia Pastor. Una de sus mayores bazas es no prohibir. Hay que intentar evitar la palabra “no” porque dificulta la aceptación del acto incívico. Se trata de establecer vínculos con los chavales, escucharles, preguntarles y llevarles a la reflexión.

“No hay que darles la chapa, sino crear lazos para que calen los mensajes”, conviene Montorio. Entre esos mensajes, informa el mediador, figuran avisarles de que el derecho a dormir debe prevalecer sobre el de la juerga, concienciarles del acoso sexual o de que deben cuidarse entre ellos y no dejar solo a ningún compañero perjudicado porque le puede pasar algo. “Ahora hay un individualismo muy bestia. Vemos chicos tirados por el suelo mientras sus amigos siguen en la discoteca y nos dicen que no salen porque tendrían que volver a pagar. Antes los amigos eran una piña pero ahora hay mucho egoísmo”, lamenta.

Cuando se topan con chavales bebidos, su estrategia es detectar a la persona más serena, que si hay chicas suelen ser ellas, y proponerle que lidere la retirada.

La actuación de estos negociadores pasa por hablar con los responsables de los locales de ocio para que se impliquen en el proyecto, e intervenir cuando estos y los vecinos están a la greña. “Muchas veces ni siquiera han hablado entre ellos, solo han puesto denuncias, cuando lo primero es el diálogo”, cuenta Pastor.

Diálogo sin sanciones

Mauricio Jiménez, regidor del Ayuntamiento de Castell-Platja d’Aro, refrenda que el servicio de mediación, con 10 profesionales, ha funcionado “muy bien” en las zonas de ocio de la localidad costera, rebajando la crispación. “Se ha demostrado que el incivismo puede solucionarse por la vía del diálogo, sin sanciones”, esgrime. Y se ha conseguido una convivencia más “afable” entre dos realidades paralelas: la de los que desean disfrutar de la fiesta nocturna y la de los que quieren dormir para aprovechar el día, en una localidad que en verano multiplica por diez su población: de 11.000 habitantes a unos 110.000.  “Este año el consumo de alcohol en la vía pública ha descendido un 80%”, detalla Jiménez, que ensalza la colaboración de las empresas de ocio y restauración tras el contacto con los mediadores, elemento importante para la prevención.

El regidor informa de que asimismo se han rediseñado algunos procedimientos de la policía. “Ahora las sanciones por vía administrativa a los menores se comunican a los padres, y cuando se trata de extranjeros se trasladan al ayuntamiento de origen”. Además, subraya, la reducción drástica de los conflictos de baja intensidad libera a los agentes para cuestiones más calientes.

Temas: Botellón

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