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ENTREVISTA

Jordi Nomen: "El cuento del patito feo también es filosofía"

El autor de 'El niño filósofo' insta a los padres a que lean libros infantiles haciendo muchas preguntas a sus hijos para que empiecen a pensar por sí mismos cuanto antes

Olga Pereda

El profesor Jordi Nomen, autor de El niño filosófo.

El profesor Jordi Nomen, autor de El niño filosófo.

¿Tiene usted hijos pequeños? Deles una caja vacía y pregúnteles 20 cosas que podrían hacer con ella. Quizá no lo sepa, pero les está enseñando filosofía. También lo hará si les muestra, por ejemplo, una foto de 'La Gioconda' y no se limita a que la observen sino que les lanza varios interrogantes como: “¿Te gusta? ¿Por qué? ¿Dirías que sonríe? ¿Cuándo sonríes tú así?”

El profesor de Filosofía y responsable del departamento de Humanidades de la escuela Sadako de Barcelona Jordi Nomen (Barcelona, 1965) demuestra en el libro ‘El niño filósofo’ (Arpa editores) que la filosofía se puede enseñar a los chavales desde muy pequeños. No es una ciencia para cuatro elegidos sino una manera de que los más pequeños piensen por sí mismos, piensen mejor y piensen en los demás. Los niños filósofos de hoy serán los ciudadanos críticos del mañana.

-¿A partir de qué edad se le puede enseñar filosofía a un niño?
-Desde los dos o tres años si se cuenta con los materiales adecuados. Lo que hacemos es trabajar con marionetas o contarles cuentos sencillos. 'El patito feo', por ejemplo. No nos limitamos a leerles la historia sino que les preguntamos por qué creen que le llaman feo y si una persona ‘fea’ puede ser aceptada en la sociedad.

-Así que 'El patito feo' también es filosofía.
-Por supuesto que lo es. Habla de la marginación y la confianza en sí mismo para convertirse en cisne. Cualquier material sirve para enseñar filosofía. Si un formador tiene mirada filosófica y sabe preguntar filosóficamente puede conseguir que los niños y las niñas piensen filosóficamente.

"Un padre puede leer 'El patito feo' y preguntar a su hijo por qué cree que le llaman feo y si es conveniente llamar feo a alguien. Eso es filosofar"

-¿Y los papás y las mamás?
-Esta tarea no es solo de los profesores. No hay que ir a la universidad y estudiar la carrera de Filosofía para tener una mirada filosófica. Simplemente hay que salirse del contexto. Un padre o una madre puede leer 'El patito feo' y preguntar a su hijo: ¿Por qué le llaman feo? ¿A ti te han llamado feo alguna vez? ¿Crees que es conveniente llamar fea a una persona o la belleza es mucho más que el aspecto exterior? Este tipo de preguntas son netamente filosóficas. Es cuestión de práctica y de tener ganas.

-Y tiempo.
-Claro. Hay que ir poco a poco. Esto no requiere prisa. La reflexión siempre implica tranquilidad, reposo y serenidad. No hay que forzar. No consiste en hacer una lista de diez preguntas a los chavales.

 

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-En 'El niño filósofo' afirma que una clave fundamental es cómo se cuentan los cuentos. Recomienda hacerlo en voz alta y gesticulando.
-Son los matices del lenguaje no verbal, que se pierden escuchando un cuento pregrabado. A veces nos precipitamos y queremos que el niño sepa cómo va a terminar la historia, cuando en realidad es más interesante trabajar las habilidades del pensamiento con ellos. Matthew Lipman, creador del programa Philosophy for Children, insistía en que no hay que precipitarse sino dejar que piensen. Lo mejor es pararse un momento y hablar sobre las posibilidades que tienen los personajes.

-Si les leemos 'El traje del emperador'…
-Pues, por ejemplo, le preguntamos ¿qué podría haber hecho el emperador para que no le hubieran engañado? Ahí estás haciendo que el niño piense.

-Y que se divierta. En su libro recuerda cómo Montaigne decía que los juegos de los niños “no son juegos sino que deberían considerarse como sus actos más serios”.
-La filosofía también es jugar. Jugar con el pensamiento. Por eso no hay que precipitarse. Podemos decir al niño que seguimos con el cuento mañana. A los adultos nos pasa lo mismo con las series, tenemos ganas de ver el siguiente capítulo para saber qué pasa. Con los cuentos infantiles sucede igual. Si sabemos hacer las preguntas adecuadas estaremos enseñando a nuestros hijos a pensar. Si añadimos el elemento de valoración moral les estaremos enseñando algo más.

-¿Qué es la valoración moral?
-Preguntarle ¿te parece justo que al patito le llamen feo? A lo mejor el niño te explica muchas cosas. Por ejemplo, te puede decir que en su clase hay un compañero al que llaman feo. Ahí los padres pueden actuar desde el punto de vista moral y preguntar si le parece justo y por qué.

"Hay que abolir los deberes mecánicos. No tienen sentido. Los únicos deberes válidos son los que mueven a pensar"

-Imaginemos un niño al que le lean cuentos de esta manera y otro que no. Cuando cumplan 15 años ¿qué diferencias habrá entre ellos?
-La primera diferencia es que el niño también se acostumbra a preguntar y sus preguntas serán más certeceras. Un adolescente que haya recibido esa formación será un adolescente rebelde, alguien a quien no convencerá el discurso fácil.

-Rebelde en el sentido positivo.
-En el sentido de ciudadanía. Los ciudadanos debemos ser rebeldes y no conformarnos con un discurso si el argumento no tiene fuerza. Estos chicos y chicas detectan contradicciones y prejuicios y tienen pensamiento crítico. Y también son más creativos. La filosofía no solo es hablar sino dibujar, buscar símbolos y metáforas. Hace poco asistí a una clase de con alumnos de cinco años. La maestra les enseñó un sonajero hecho con un rollo de papel y granos de arroz y les propuso hacer grupos y fabricar su propio sonajero en 25 minutos. Cuando acabaron le sentó en un círculo y les preguntó qué había sido lo más fácil y lo más difícil. Eso es una pregunta muy filosófica.

-Usted defiende que se educa dando tiempo para pensar. Pero en muchos casos los niños siguen atados a los deberes mecánicos.
-Hay que abolirlos, no tienen sentido.  Los únicos deberes que debería haber son los que mueven a las familias a pensar. A mis alumnos de Ética, por ejemplo, les mando de deberes un dilema moral para que lo hablen en casa: “Te encuentras en una centro comercial una cartera con 50 euros y el DNI. ¿Qué haces?” 

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