Ir a contenido

CATALÀ DE L'ANY

RCR Arquitectes, de Olot al olimpo del Pritzker

Ramon Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda obtuvieron el año pasado el considerado 'nobel' de arquitectura

Natàlia Farré

Ramon Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda, los tres arquitectos del estudio RCR de Olot.

Ramon Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda, los tres arquitectos del estudio RCR de Olot. / ALBERT BERTRAN

El 2017 "fue un año mágico". Palabra de Ramon Vilalta, miembro junto a Carme Pigem y Rafael Aranda de RCR Arquitectes. La fecha clave fue el 7 de marzo. Se acuerdan bien. No en vano fue cuando recibieron la llamada de que habían ganado el premio Pritzker, el 'nobel' de arquitectura. Solo otro español lo tiene: Rafael Moneo. "No se puede explicar lo que sentimos". "No tengo palabras para expresar lo que vivimos desde ese momento". Ahí es nada.  No solo eso. A principios de año, consiguieron algo que anhelaban desde jóvenes, desde que empezaron la carrera, que no es otra cosa que salir en un monográfico de la revista 'Croquis', una de las más prestigiosas del sector. "Fue increíble", apostilla Vilalta.

Pero la magia del 2017 no acabó ahí. Fue el año que decidieron convertir su sueño en realidad. Tenían el despacho y la Fundación Bunka (cultura, en japonés), cuyo objetivo es estimular socialmente la valoración por la arquitectura y el paisaje e implícitamente, las artes y la cultura en general. Pero les faltaba un lugar para la investigación: "Hacía tiempo que íbamos detrás de un espacio de libertad. Un espacio fuera de lo que representa el proceder normal de la vida profesional. Un espacio para desarrollar la investigación y todo aquello que queramos, lo más inútil que nos podamos plantear". Así que decidieron hipotecarse y comprar La Vila, una finca en La Vall de Vianya con tierras de cultivo, bosque y masía. Cerca de donde viven y trabajan, en Olot (la Garrotxa).

"Tenemos el deseo de volar muy, muy, alto pero para eso nos hemos de volver a arraigar en el territorio"

Ramon Vilalta

RCR Arquitectes

Un dato que no es baladí pues para el trío de arquitectos sus raíces, el territorio y la naturaleza son los ejes de sus proyectos: "Tenemos el deseo de volar muy, muy, alto pero para eso nos hemos de volver a arraigar en el territorio más fuerte de lo que estamos". El sueño de La Vila es el eje argumental de la exposición que el Pabellón Catalán de la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia, la cita de las citas de los profesionales de la escuadra y el cartabón, que abrirá puertas a finales de mes. Aranda, Pigem y Vilalta se licenciaron en la Escola de Arquitectura, en 1888, y tomaron una decisión vital y contraria a lo que hacían la mayoría de sus colegas: la de volver a casa, a Olot, y trabajar desde allí.

El paisaje de la Garrotxa

Crearon RCR Arquitectes, el estudio bautizado con las iniciales de sus tres nombres de pila. Esta decisión, la de no instalarse en Barcelona y crear su propia firma, ha condicionado su forma de crear pero no ha minado su ambición de hacer arquitectura con mayúsculas. Esto último quedó claro con el reconocimiento del Pritzker. Lo primero lo afirman ellos cuando aseguran que el paisaje de la Garrotxa es lo que da sentido a sus obras: trabajos aparentemente austeros, reducidos a la esencia, pero de gran belleza; creaciones estrechamente conectadas con sus raíces y condicionadas por el entrono.

"Tras el premio somos los mismos pero la gente nos ve diferente"

Ramon Vilalta

RCR Arquitectes

Así, empezaron levantando construcciones en su geografía más próxima, como dos de los trabajos que en su momento ya tuvieron gran repercusión en el exterior: el Estadio de Atletismo Tussols-Basil de Olot (1999), construido en medio de un bosque del que mantuvieron todos los árboles, y su famosa intervención en el restaurante-hotel Les Cols (2001), también en Olot, donde la naturaleza y la arquitectura se confunden y las habitaciones parecen jardines zen. Este fue su primer enfrentamiento con lo que ya existía. Y, como les gusta recordar, fueron las gallinas las que decidieron cómo desarrollar el proyecto. No lo alteraron pero tampoco eludieron su intervención. Espacio y arquitectura evolucionaron juntos. Funcionó. Y hoy es uno de sus trabajos más celebrados, como lo son también las Bodegas Bell-lloc de Palamós (2003-2007), un intrincado paseo soterrado entre acero y piedra, y la plaza-puente de Ripoll (2003-2011), un espacio levantado entre dos medianeras donde antes se alzaba el Teatre La Lira y que ahora ejerce de pasarela sobre el Ter.

Un largo recorrido de Olot a Chicago (sede del Pritzker), que no ha cambiado la esencia del trabajo ni la personalidad del reconocido trío de arquitectos: "Somos los mismos pero la gente nos ve diferentes", concluye Vilalta. 

Radiografía

Aranda, Pigem y Vilalta decidieron trabajar desde su tierra: Olot. Y despacio para llegar lo más lejos posible. Empezaron por lo más cercano, siempre rehuyendo los grandes concursos; continuaron por las comarcas vecinas, pasaron por Barcelona -donde su construcción más reciente es el restaurante Enigma de Albert Adrià (2014-2016)-, y solo en los últimos años han empezado a trabajar en el extranjero. En el 2008 ganaron en el concurso para el museo de Pierre Soulages en Rodez (Francia), donde, a diferencia de los otros proyectos, no apostaron por un gran edificio que ocupase la parte central del recinto sino que guardaron el espacio principal para un gran jardín y levantaron un inmueble cuya fachada no supera los tres metros. Lo inauguraron en el 2014. Han construido también en Bélgica (el Crematorio Hofheide y una mediateca en Gante) y recientemente, en el 2017, inauguraron un complejo de apartamentos en Dubái (Emiratos Árabes Unidos). Triunfo internacional pero siempre desde lo local.