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EL SOSPECHOSO

Obsesionado con la madre del niño desaparecido

El detenido acosaba a la mujer en su casa, en el bar y en el trabajo pese a no haber tenido ninguna relación con ella

Ambos se conocieron en una carrera popular en la que la joven actuaba de 'speaker'

Manuel Vilaseró

Dispositivo de búsqueda del niño desaparecido en la barriada de Las Hortichuelas.

Dispositivo de búsqueda del niño desaparecido en la barriada de Las Hortichuelas. / Carlos Barba

Unas horas después de que el rastro de Gabriel se perdiera en el corto camino que va a casa de sus primos, los vecinos de Las Hortichuelas ya apuntaban en voz baja la posibilidad de que el autor fuera el acosador de la madre. Sabían que la Guardia Civil andaba detrás de esta pista pero no querían mencionarlo en público. Temían malograr la investigación, pero a nadie que conociera un poco la historia se le escapaba que debía de ser el principal sospechoso. No culpable, por supuesto, pero cuando menos sospechoso.

El hombre estaba obsesionado con la madre de Gabriel sin ni siquiera haber mantenido ninguna relación ella. Patricia ejerce de 'speaker' en carreras populares de Almería y en una de ellas ensalzó a Diego, algo que él tomó como una muestra de interés. Pero ella lo había elogiado y le había dado ánimos como a otros muchos participantes en la competición. Era su trabajo. Ante su posterior negativa, empezó a acosarla, según ella misma había contado a vecinos de su vivienda de Almería.

Dormir en el coche

Los episodios de acoso eran constantes. Una vez llegó a pasar toda la noche durmiendo en su coche frente al piso de Patricia. Se presentaba en el bar donde desayunaba, incluso en el trabajo, y ella sospechaba que la seguía prácticamente a todas partes. Patricia había distribuido fotos de Diego entre los camareros, vecinos y compañeros de trabajo del área de Deportes de la Diputación de Almería para que la avisaran si detectaban su presencia. Es evidente que durante sus seguimientos Diego pudo comprobar los movimientos de Gabriel y que este pasaba los fines de semana con la abuela del padre en un paraje relativamente deshabitado de la costa del cabo de Gata, alejado unos 50 kilómetros de su lugar de residencia, la población de Antas. 

En noviembre del 2016 un juez de Almería dictó la primera sentencia condenatoria que incluyó una orden de alejamiento. Una medida cautelar que él vulneró numerosas veces aunque judicialmente solo ha quedado constancia de una en febrero del 2017 y otra de junio del mismo año. En ambas decisiones se constata cómo Diego se acercó a menos de 200 metros de Patricia, la distancia mínima que debía respetar. Ni la madre de Gabriel ni la portavoz que han nombrado los padres, Rocío Múñoz, han querido hacer comentarios sobre la detención ni sobre la situación de acoso para no interferir las investigaciones.

Transtorno mental afectivo

En la sentencia del año 2016 se tenía en cuenta como atenuante un "trastorno mental" de tipo "afectivo" que al parecer sufriría el hombre y que había alegado la defensa. Si al final Diego fuera el culpable de la desaparición del pequeño Gabriel, una vez más las alertas para evitar los casos más graves de violencia machista habrían vuelto a fallar. Ni las pulseras ni las órdenes de alejamiento parecen ser suficientes. Cada vez son más frecuentes los casos en los que los agresores centran su ira en los hijos de la víctimas. El eslabón más débil de una cadena ya de por si frágil.

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