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MOVIMIENTO SOCIAL

#MeToo: jaque global al machismo

El escándalo de abusos sexuales del todopoderoso Harvey Weinstein ha puesto en marcha una nueva etapa de la larga revolución feminista

La presión social ha introducido la lucha contra el derecho de pernada en la agenda política

Rebeca Queimaliños

Alissa Milano, Lidia Falcón, Tarana Burke y Rose McGowan.

Alissa Milano, Lidia Falcón, Tarana Burke y Rose McGowan.
Rose McGowan. Fue la primera actriz que denunció los abusos sexuales de Harvey Weinstein en el Festival de Sundance en 1997. McGowan ha escrito el libro ‘Brave’ en el que arremete contra los hombres sagrados de Hollywood. 
Tarana Burke. La activista negra Queens fundó el movimiento #MeToo hace una década para dar voz a las mujeres negras víctimas de violencia sexual. Actualmente dirige Girls for Gender Equality.
Alyssa Milano. Un tuit de la actriz --‘Si has sido acusada o abusada sexualmente escribe #MeToo como respuesta’-- difundió la campaña de Burke para que las las víctimas de agresión sexual hicieran constar que lo eran y concienciar sobre esta lacra.
Uma Thurman. Su mensaje a Harvey Wenstein en Instagram reprodujo su imagen como Beatrix Kiddo -la asesina profesional de Kill Bill- y el texto: ’Me alegro de que todo te esté ocurriendo lentamente. No mereces ni una bala’. 
Anita Botwin. Referente periodístico en feminismo. Gracias a miles de años de machismo, sé hacer pucheros de Estrella Michelin, dice en su cuenta de Twitter.
Teresa Rodríguez. Es la coordinadora de Podemos en Andalucía, una de las políticas más comprometidas con la causa feminista del panorama española y partidaria del lenguaje inclusivo.
Minerva Portillo. La modelo española denunció haber sido víctima del fotógrafo Terry Richardson en el año 2004. Richardsonha caído en desgracia tras haber sido acusado por numerosas mujeres de abusos sexuales y las principales cabeceras de moda han vetado sus trabajos.
Lidia Falcón. Impulsó el Partido Feminista de España (PFE) en el año 1975 y fue pionera en trasladar el tema de la sexualidad explotada o la maternidad libre a la agenda política de los primeros años de la democracia.
Jodi Kantor & Megan Twohey. Las dos periodistas encendieron mecha de la revolución con un reportaje sobre los abusos de Harvey Wenstein publicado el pasado octubre en The New York Times.
Leticia Dolera. La actriz ha hecho bandera de la lucha feminista con un discurso contundente y efectivo. Este mes ha publicado el libro ‘Morder la manzana’ que trata sobre la cultura de la violación. 

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Un monosílabo cambió la historia de Estados Unidos el 1 de diciembre de 1955. Esa mañana, una costurera negra se negó a ceder su asiento a un hombre blanco en un autobús de Montgomery (Alabama) y transformó el país. Un simple 'no' hizo temblar los cimientos de una estructura racista perfectamente definida en la nación más compleja de la Tierra. Antes había sido el infierno y después llegó una lucha que dura demasiado tiempo. Pero ese episodio fue un punto de inflexión. La policía detuvo a Rosa Parks -la ley estipulaba que los negros debían ceder el asiento a los blancos- y los ciudadanos negros inauguraron una protesta sin precedentes: un boicot al sistema de autobuses que arruinó a la compañía en 381 días. La huelga terminó con la decisión del Tribunal Supremo de abolir las leyes racistas que separaban a blancos y negros en los espacios públicos del sur de EEUU. "No sabía lo que iba a ocurrir, pero estaba harta. Tenía 42 años y no soportaba más abusos", matizó Parks años después.

Las periodistas Jodi Kantor y Megan Twohey tampoco sabían qué iba a ocurrir el pasado 5 de octubre cuando se publicó su reportaje titulado 'Harvey Weinstein pagó durante décadas para ocultar sus abusos sexuales' en el periódico 'The New York Times'. Pero sí sabían que cada párrafo era una bala contra los órganos vitales del productor de cine más poderoso del mundo. Pese a la consistencia del texto y los testimonios era imposible determinar el alcance de sus influencias o el número de bocas que podría seguir tapando con billetes de dólar y botellas de Möet. Pero no hubo clemencia para el depredador sexual más salvaje de la historia del cine. 

La actriz Rose McGowan -que aparecía en el texto como una de sus víctimas- suscribió cada palabra del texto y el patrimonio de Weinstein no pudo cubrir sus 'hazañas'. McGowan fue la primera pero no la única. El texto desató un efecto dominó sin precedentes, decenas de víctimas de Weinstein entonaron el #MeToo -yo también- y el #TimesUp -se acabó el tiempo- y no hubo clemencia para el hombre que decora los títulos de créditos de las películas más importantes de Hollywood de los últimos 40 años. Una vez más, las palabras cambiarían la historia. O, más bien, la están cambiando. 

"El interés del movimiento #MeToo es que ha elevado el acoso de problema individual a problema estructural o político"

Laura Nuño

Directora de la cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos


La ecuación sexo, poder y dinero es casi infalible. Pero Weinstein olvidó la variable de la indignación femenina en una situación que todavía es de flagrante desigualdad pese a la conquista de la sexualidad y la maternidad y del asalto a la universidad y el mundo laboral, últimos episodios de la larga revolución feminista iniciada hace un siglo por las sufragistas. La cascada de acusaciones culminó con su destitución en su empresa y su caída en desgracia funcionó como resorte para hacer estallar un sistema de abusos sistemáticos en el epicentro de Hollywood con testimonios de actrices tan poderosas como Angeline Jolie, Gwyneth Paltrow, Cara Delavigne o Mira Sorvino.

Las réplicas del seísmo se sintieron en todo occidente. Y el grito sectorial se convirtió en el eco de millones de mujeres anónimas contra el machismo, el abuso de poder y la discriminación. "El interés del movimiento #MeToo es que ha elevado el acoso de problema individual -donde la víctima debía zafarse como pudiera- a problema estructural o político. Un cambio en el discurso que traslada la responsabilidad de la víctima al acosador y envía un mensaje a las mujeres: ningún hombre tiene derecho de pernada, no tienes por qué tolerarlo", explica Laura Nuño, directora de la cátedra de Género en la Universidad Rey Juan Carlos. "Parece que, por fin, el culpable es culpable y la víctima deja de ser culpable por ser víctima".

"En España hay una buena base histórica: somos pioneros en leyes contra la violencia machista y sobre el aborto"

Javier Gallego

Periodista

 
Es inevitable preguntarse por qué ahora sí sin caer en el escepticismo. Es legítimo dudar sobre si esta revolución es estética o histórica. Los datos de la ONU revelan que un hombre asesina a una mujer cada 10 minutos; el salario medio bruto de las mujeres es un 16,3% inferior al de los hombres en Europa, según la Comisión Europea, y, el último estudio de la Organización Mundial de la Salud, concluye que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia sexual en algún momento de su vida. Pero es indudable que hay elementos para creer.

El concepto feminismo se ha sacudido -por fin- el lastre del anacronismo y es reivindicado tanto por hombres como por mujeres, tras una época en la que incluso muchas de ellas lo consideraban una etapa superada; la búsqueda de la palabra 'feminismo' se han incrementado en más del 70% en el 2017, según el diccionario estadounidense Merrin-Webstet y, lo más importante, la sociedad reclama una agenda política a la altura de las circunstancias -y de los ciudadanos-.

"Quizá el movimiento feminista no se mantenga en este punto tan álgido, pero ha sentado precedentes. Hace meses era imposible pensar en derribar a una persona con tanto poder y ha ocurrido. Se ha demostrado que es posible. Y en España hay una buena base histórica: somos pioneros en leyes contra la violencia de género y sobre el aborto, y el derecho a la igualdad salarial está recogida en el artículo 35 de la Constitución". El periodista Javier Gallego lamenta que la izquierda esté desaparecida en combate pero cree que una sociedad con conciencia conseguirá cambiar el paradigma y la agenda política. 

"El #MeToo nacional ha sido el caso de la Manada. El intento de criminalización de la víctima ha enfurecido a una sociedad harta"

Lucía Litjmaer

Periodista y escritora


En España todavía no se ha señalado a ningún intocable. El escándalo Weinstein no ha tenido réplica con nombres propios en ningún sector artístico o empresarial. La coincidencia temporal con el caso de la Manada, el espeluznante episodio en el que cinco jóvenes están siendo juzgados por la violación en grupo a una joven durante las fiestas de los sanfermines del 2016, ha rebajado el fenómeno #MeToo a golpe de titular. La gravedad de los hechos ha provocado que España haya focalizado la rabia en ese caso sin dejar de mirar de reojo hacia la meca del cine.

"El #MeToo nacional ha sido el caso de la Manada. El intento de criminalización de la víctima por parte de la defensa de los imputados ha enfurecido a una sociedad harta y demostrado que los ciudadanos vamos por delante de la agenda política. El cambio se está produciendo", concluye la periodista y escritora Lucía Litjmaer. Tal vez las palabras '#MeToo', '#TimeUp' o ‘Nosotras somos la Manada’ vuelvan a cambiar la historia. 

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