29 feb 2020

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ESCÁNDALO EN ROMA

Imputado por abusos a niños el 'ministro' de Economía del Papa

Crisis en el Vaticano por el procesamiento del cardenal George Pell, un hombre de Francisco

«Varias personas le acusan de pederastia», señalan los investigadores australianos

ROSSEND DOMÈNECH / ROMA

El cardenal Pell, que ha negado rotundamente los delitos de los que se le acusa.  / ATLAS VÍDEO

El cardenal George Pell, de 76 años, presidente del 'ministerio' de Economía y Hacienda de la Santa Sede, será procesado a partir del próximo18 de julio en Australia por abusos sexuales a menores y encubrimiento de abusos de otros clérigos, supuestamente realizados cuando era sacerdote y obispo en su país. El Vaticano ha dado una oficialidad al caso como no había sucedido nunca.

El procesamiento constituye la formalización final de unas investigaciones que seguían adelante desde hace cuatro años, dos de ellos directamente sobre el eclesiástico, quien desde el principio renunció a su inmunidad diplomática y aceptó ser interrogado por videoconferencia desde Australia y el pasado año directamente en Roma.

"Soy inocente, las acusaciones son falsas y considero la idea misma de abuso sexual como un crímen horrible", dijo el cardenal en una rueda de prensa convocada a las 8,30 de la mañana del jueves, una hora en la que habitualmente la sala de prensa de la Santa Sede está por abrir las puertas. No hubo posibilidad de hacer preguntas al cardenal, que recientemente había declarado a una televisión australiana: "No he abusado sexualmente de nadie, en ningún lugar, en ningún momento de mi vida, las acusaciones son totalmente falsas y equivocadas". "El cardenal desprecia a los niños víctimas de abusos sexuales a manos de curas pederastas", había rebatido en el programa televisivo australiano '60 Minutes' Peter Sanders, consejero de Francisco en la comisión creada para la protección de menores.

VARIOS QUERELLANTES

El subcomisario de Victoria, Shane Paton, se limitó a puntualizar ayer que las acusaciones habían sido presentadas por "varios querellantes" y que las investigaciones se refieren a presuntos delitos cometidos en los años 70 en Ballarat, ciudad donde Pell nació y ejerció como sacerdote.

La policía australiana no ha ilustrado el contenido de las querellas y solo la prensa del país ha relatado que se trataría de supuestos abusos del cardenal a tres menores, actualmente de edades en torno a los 40 años, en una piscina pública. Por lo que se refiere al supuesto encubrimiento, en los cuatro interrogatorios realizados por la Royal Commission a través de videoconferencias, Pell admitió, frente a varios casos concretos sobre los que era preguntado, que "con la experiencia de 40 años después, habría tenido que haber hecho más".

Como había sucedido en Irlanda, Bélgica, EEUU y otros países, Pell se había limitado a cambiar de parroquia a los sacerdotes acusados y cuando se trataba de colegios religiosos sobre los que le informaban que algún sacerdote "se comporta mal", informaba solo a los responsables sin seguir después los casos. Como en el caso del cura Gerald Ridsdale, acusado y condenado por haber abusado de más de 54 niños, en un país donde las comisiones oficiales han registrado alrededor de un 7% de curas pederastas en aquellos años.

CRISIS INÉDITA

La notícia del procesamiento abre una crisis inédita en el Vaticano. El procesamiento de Pell no solo afecta a la instancia económica más alta de la institución sino también a las reformas radicales del Vaticano, que nueve cardenales -Pell entre ellos- están elaborando junto con el papa Francisco desde hace tres años. Paralelamente, el comunicado oficial del Vaticano y la solemnidad de una rueda de prensa son interpretados como pruebas de que Francisco sigue con la tolerancia cero sin importarle a quien se refiere, que en este caso se trata de un estrecho colaborador.

El pasado julio de regreso de un viaje a Polonia el Papa respondió sobre el caso de Pell, afirmando que "no hay que juzgar antes de que la justicia juzgue" y que "no sería bueno si yo emitiera un juicio a favor o en contra del cardenal Pell, porque juzgaria con antelación". Zanjó el tema afirmando: "Cuando la justicia haya hablado, hablaré yo".

El mismo Pell y sucesivamente un comunicado oficial del Vaticano han informado este jueves de que el Papa ha concedido al cardenal un "periodo de permiso para poderse defender". Durante su ausencia "la Secretaría para la Economía seguirá desarrollando sus tareas institucionales (...) para los asuntos ordinarios, a no ser que (el Papa) decida otra cosa", lo que probablemente deberá decidir ya que los procesos suelen ser largos y los ministerios requieren una dirección permanente. La excedencia del cardenal ha sido decidida conjuntamente con el Papa, según informó Pell, que agradeció a Jorge Bergolio "el permiso para volver a Australia".

El purpurado realizará el viaje a Sidney por etapas, a causa de su delicado estado de salud, y el 18 de julio comparcerá frente a los jueces. "He sido siempre coherente y claro en mi rechazo total de estas acusaciones, que refuerzan mi determinación, de manera que el tribunal me ofrece la posibilidad de defender mi nombre y volver a mi trabajo a Roma", dijo Pell. Sin embargo ya desde ayer, fiesta de los santos Pedro y Pablo, patronos de Roma, Pell no participará en ningún acto oficial del Vaticano.

Un 'extranjero' en el Vaticano

Le apodan 'el Canguro', porque es australiano y sigue siempre adelante. Como desde el jueves, cuando mientras dormía le despertaron para informarle de que la policía de Victoria (Australia) le buscaba para ser procesado. A pesar de su precaria salud ha dicho que irá, se defenderá y volverá a Roma.

En meses pasados ha pasado al menos cuatro noches en un hotel de Roma, donde respondió por videoconferencia a los investigadores y recibió a un grupo de víctimas de abusos. En su diócesis australiana había creado un protocolo pionero contra la pederastia, aunque la prensa le tachó de rácano: las indemnizaciones tenían un tope de 50.000 dólares australianos. Lo contrario, como escribió el semanario 'l’Espresso', de los 501.000 euros gastados para poner en marcha la flamante Secretaría Económica -tres personas-, creada por Francisco para aprobar y supervisar los gastos vaticanos. O sus viajes siempre en primera clase.

Reformas fue lo que los electores del cónclave del 2013 pidieron con más urgencia. Pero el nombramiento (2014) del "extranjero" Pell sentó como un puñetazo en el estómago a los monseñores italianos que, desde 1929 -fecha en que Italia y el Vaticano firmaron la paz tras la pérdida de los Estados Pontificios- habían manejado a su antojo la finanzas de la cúpula católica.

Vuelve a la memoria Juan Pablo II, que, por el mismo supuesto delito, "encubrió" al cardenal de Viena, Hans Wilhelm Groër, pero le obligó a dimitir y le encerró en un convento.

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