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Radiografía de un sistema de protección de la infancia cuestionado

Incidentes, saturación y mezcla de chavales de edades y características muy distintas son algunos de los problemas

TERESA PÉREZ / BARCELONA

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Centro de menores de Can Rubió en Esparreguera, el pasado mes. / FERRAN NADEU

La Asociación para la Defensa del Menor (Aprodeme), con sede en Barcelona, ha acordado este martes en una asamblea presentar en septiembre una denuncia ante la Fiscalía General del Estado y ante el Parlamento Europeo "contra el sistema de protección de menores". La entidad argumenta que, con la excusa de proteger a los niños, "se rompe sistemáticamente a familias, separando a los menores de las mismas, en la mayoría de los casos de forma abusiva y brutal". La demanda la tramita Enrique Vila, uno de los abogados que se encargan del caso de los niños robados en el franquismo. A esta iniciativa a la que se han sumado otras tres entidades se han adherido un total de 120 familias que reclaman poder recuperar a sus pequeños. Los afectados exigen que en las retiradas intervenga un juez, ya que solamente es una resolución administrativa. Tan solo para recuperar al menor interviene la justicia.

EL DÍA A DÍA

Los educadores que trabajan en los centros reconocen la "gran tensión" que existe en el interior. "La capacidad del sistema y también la de los educadores está tocando techo", denuncian. Los colchones, ante la falta de camas, se colocan en el suelo para que puedan dormir y algunas estancias para uso educativo o lúdico se han convertido, mediante hamacas, en improvisados dormitorios, señalan. Los educadores aseguran que tan solo pueden "realizar una acción asistencial y no educativa por la falta de medios. Además muchos adolescentes recién llegados únicamente hablan francés y estamos todo el día con el traductor de Google para saber qué quieren". Los trabajadores consideran que se "vive una situación peligrosa porque se ha cronificado y sin haber solucionado los antiguos problemas han surgido otros nuevos".

INCIDENTES

Los incidentes en los centros son frecuentes, entre otras razones, por la sobreocupación y la difícil convivencia en un mismo espacio de niños pequeños con otros mayores y con diversas patologías. Altercados como tiros al aire para reducir a un chaval, uso de arma blanca por parte de dos chicos de 12 años, un incendio, al parecer provocado, y  la fuga de un menor descolgándose con sábanas por la ventana del segundo piso y que se saldó con una rotura de cadera son los últimos sucesos que han salido a la luz. Las agresiones tanto a los trabajadores como entre los chavales se producen casi a diario. Los sindicatos denuncian que "se suele producir al menos una diaria". Hay chavales que no ven la necesidad de que les proteja la Administración; por tanto, son difíciles de reconducir porque "no entienden por qué están en los centros, ni para qué", afirman.

TIPOS DE CENTROS

Los centros de acogida, los Residenciales de Acción Educativa (CRAE) y los Residenciales de Educación Intensiva (CREI) son algunos de los espacios adonde van los menores retirados a sus familias por la Administración. Los de acogida son, en teoría, de estancia temporal, hasta que los técnicos realizan un diagnóstico sobre el niño. Según admitió la 'consellera' de Afers Socials, Dolors Bassa, en el Parlament el pasado 13 de junio están en una "situación límite". Bassa lo atribuyó a que se ha duplicado la llegada de menores extranjeros y los sindicatos, a la falta de personal. Los CRAE acogen a chavales de cero a 18 años y los gestiona la Administración o entidades privadas. En los CREI están adolescentes de 12 a 18 años con problemas de conducta.

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