22 feb 2020

Ir a contenido

Andrés Martín Asuero: "Se puede entrenar una mente sana y bella"

El fundador del Instituto esMindfulness destaca la atención, la resiliencia, la generosidad y la amabilidad como motores del bienestar

Imma Fernández

Andrés Martín Asuero, experto en ’mindfulness’.

Andrés Martín Asuero, experto en ’mindfulness’. / JOAN PUIG PASQUAL

Defina ‘mindfulness’ La capacidad de prestar atención de forma deliberada, con intención, en el momento presente y suspender los juicios y prejuicios. Es una atención consciente de aquí y ahora. Abrirse a los procesos mentales y conectar con la experiencia del cuerpo y del estar presente, porque el cerebro tiende a dispersarse. Es el arte de vivir conscientemente. La traducción sería conciencia plena. En chino es más bonito: presencia con corazón.

En esta sociedad adicta a los tranquilizantes, ¿proponen curar a través de la mente? El gran problema de salud de nuestra sociedad se asocia con lo mental. Es la gran epidemia del siglo XXI. El bienestar físico que proporciona el ejercicio está muy extendido pero el mental, no, y ahora ha empezado la tendencia a buscar ese bienestar mental y a recuperar la espiritualidad inspirada en lo oriental para cubrir el vacío perdido por la religión cristiana. El mindfulness se ha beneficiado de las investigaciones en neurociencia, que ha validado el hecho de que el cerebro es plástico y que se puede entrenar una mente sana y bella, igual que un cuerpo.

¿La felicidad se puede entrenar, pues? Sí, hay cuatro motores en el cerebro que fomentan el bienestar. El primero es prestar atención. Una persona distraída es infeliz: no disfruta.

Si estamos en una playa paradisiaca mirando el móvil, malo. Una mente enferma es incapaz de conectarse a su entorno.

¿Y si ese entorno no es placentero? Ahí aparece el segundo motor, la resiliencia o capacidad de gestionar la adversidad, de crecer, superar, levantarte. Hay que entrenar los palos que da la vida, la tolerancia a la frustración. El sistema educativo debería trabajarlo porque la intolerancia a la frustración hace niños desgraciados.

¿Qué otros motores hay? La amabilidad y generosidad. La gente es más feliz con estas cualidades, que estimulan las zonas del cerebro del placer, por eso funciona el voluntariado, te renueva, te da pilas y satisfacción. También la amabilidad con uno mismo, que se relaciona con la aceptación, y ser agradecido. Y el último motor es el talante. La tendencia optimista hacia las cosas, un sano optimismo. Fijarse en las cosas que funcionan y no en las negativas.

¿Cómo contribuye el ‘mindfulness’ a nuestro bienestar? Están comprobados científicamente sus beneficios en el ámbito personal, laboral y social. En el primer caso, la persona se presta atención a sí misma, se cuida más, conoce lo que le genera bienestar y lo que le causa negatividad, lo que le llevará a cultivar lo primero y desterrar las emociones que le producen sufrimiento.

¿Y en el trabajo? Al entrenar la atención gestionamos mejor las distracciones y cometes menos errores. Aprovechas más el tiempo, mejoras la actividad, es más fácil pensar y reduces la fatiga. También mejoran las relaciones interpersonales: tenemos menos agresividad y más empatía, porque eres más consciente del impacto de tus acciones. La agresividad es cosa del pasado, si estás enfadado es porque ha pasado algo. En el presente no corres ese peligro.

¿A qué atribuye el ‘boom’ del ‘mindfulness’? A la confluencia de varios factores: la necesidad de descansar, de encontrar el equilibrio en esta vida tan acelerada; la necesidad espiritual o de un anhelo por el vacío que ha dejado la pérdida de la religión y la constatación científica de que la mente se puede entrenar.

¿Valora que algunas empresas lo hayan incorporado? Es muy buen idea como forma de iniciarse, como una degustación, aunque pocas tienen el contexto adecuado: entrenar la mente requiere tiempo y dedicación, mucha motivación. Y las intervenciones en empresas no suelen alcalzar la dosis mínima, que los estudios cifran en un entrenamiento personal de ocho semanas, 45 minutos al día.

¿Qué mejoras constatan esos estudios? Mejora la gestión de las emociones y el malestar psicológico asociado a la rumiación, a comerse el coco, desciende un 30%.

¿Nos comemos, pues, demasiado el coco? Sí, la tendencia a dar vueltas a cosas negativas, la rumiación, es un pensamiento tóxico que provoca ansiedad y depresión, con el mindfulness se reducen esos pensamientos. Disminuye el desgaste por el estrés porque cambia la forma de organizarse, de priorizar las cosas, aprendes a distinguir entre importante y urgente, a ser asertivo y decir que no, a dedicarte más a los seres queridos, a lo que te da satisfacción; a responder en vez de reaccionar... Ya no te importa tanto todo lo que te diga el jefe.

Eso está bien. ¿Cómo se consigue? Aunque la relación sea la misma, la vives de otra manera. No es que las cosas cambien. Cambia cómo tú las vives.