30 oct 2020

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ACCIÓN REIVINDICATIVA

Un grafiti pintado con 7.000 árboles

El artista Escif ayudará a reforestar una montaña en Italia, con el dibujo de una batería a medio cargar

2.500 encinas definirán el contorno de verde claro y 2.500 arces supondrán la primera 'carga' del dispositivo

NACHO HERRERO / VALÈNCIA

Imagen virtual del proyecto del grafitero Escif en la montaña de Sapri.

Imagen virtual del proyecto del grafitero Escif en la montaña de Sapri. / MIGUEL LORENZO

En el sur de Italia, en el golfo de Sapri, cerca de Salerno, una montaña deforestada hace tres siglos se convertirá en septiembre en una de las intervenciones artísticas más grandes de Europa. Encinas y arces dibujarán una batería como la que aparece en los teléfonos y tablets. Primero, a medio cargar, y dentro de dos años, a su máxima capacidad. A partir de entonces será la naturaleza la que decida cómo seguir pintando esa plantilla, que quiere lanzar un puñado de mensajes pero también contribuir a mejorar la calidad del aire y reducir el riesgo de inundaciones en la zona.

Detrás de este atrevido proyecto está una pequeña asociación cultural local y el artista urbano valenciano Escif, uno de los más influyentes y seguidos, que cambiará la pintura de sus grafitis por plantones. Sus intervenciones en varios continentes son objeto de un culto ya no tan ‘underground’. Sus últimas obras han sido en Munich, Panjim (India), Tonmarp (Suecia) o Baltimore pero también en la Diagonal de Barcelona o en La Garriga.

El Monte Olivella se alza algo más de mil metros sobre el Mediterráneo y fue deforestado casi totalmente en el siglo XVIII, una actuación cuyas consecuencias aún pagan las poblaciones cercanas y que Incipit, una asociación cultural de Sapri, se propuso revertir con una intervención que diera pie a una reflexión y a nuevas acciones. El objetivo era una obra de la que todos, sin importar edad, medios o formación, pudieran disfrutar.

Grafiti de Escif en València.

“Queríamos hacer algo que la gente pudiera ver directamente, sin necesidad de una pantalla, y algo vivo”, cuenta Antonio Oriente, ideólogo del proyecto. Planteada la idea, llegó el vértigo. “Después del entusiasmo inicial, nos dio un poco de miedo una intervención tan grande. Había cientos de bocetos pero todo nos parecía demasiado violento. Y ahí pensamos en Escif”, explica. “Él tenía miedo de que la batería pudiese parecer un mensaje demasiado global, tipo una campaña de Greenpeace, alejándose así del contexto local. De hecho, la decisión de llevarla a cabo solo la tomó al venir. Entonces entendió que más allá del mensaje global, el componente local es muy fuerte porque llevaremos a la cima los árboles con nuestro sudor”, avanza Oriente, convencido de que quien vea la intervención reflexionará y actuará.

INTERVENCIÓN POR CAPÍTULOS Y COLORES

Todo está preparado para empezar a ‘pintar’ dentro de cuatro meses, cuando pase el arduo verano de la bota italiana. En la primera fase se plantarán 5.000 árboles, 2.500 encinas que definirán el contorno de la batería de un perenne verde claro y 2.500 arces que supondrán la primera 'carga' del dispositivo. En el caso de los arces, el cambio de color de sus hojas y su caducidad darán vida a la obra. Verde oscuro en primavera, rojo en otoño como una llamada de atención ante la inminencia del ‘apagón’ y, finalmente, el gris de las ramas desnudas en invierno. Y así cada ciclo.

“La batería es una metáfora muy potente sobre el consumo irresponsable de nuestros recursos, pero al mismo tiempo es un mensaje positivo porque se renovará cíclicamente, intensificando la reflexión sobre el paso del tiempo", apunta Oriente. Dentro de un par de años, en el 2019, otros 2.000 arces más completarán la carga. A partir de ahí, la idea es que la naturaleza tome el control de la intervención y poco a poco se vaya diluyendo la mano del hombre. La caducidad de un grafiti, que casi siempre acaba por ser borrado, adaptada a la naturaleza.

MICROMECENAZGO Y DAMIEN RICE

La primera etapa del proyecto cuesta 60.000 euros, que ya están asegurados. Se recaudaron 30.000 con una campaña de micromecenazgo a la que han contribuido casi 500 personas o asociaciones. Hay dos ayudas regionales y el resto ha llegado de la venta de entradas del concierto que el irlandés Damien Rice dio el viernes en Nápoles. La portada de su último álbum, el celebrado ‘My Favourite Faded Fantasy, fue obra de Escif y el cantante ha decidido darle su apoyo en este nuevo proyecto.

Escif, el icono que habla por sus pinturas

No da entrevistas desde hace años, ni posa para fotografías. “No hay ninguna razón para contactar con Escif”, asegura en su web. Pero desliza un mail al que, en el caso de este reportaje, contesta de manera tan educada como vacía de impresiones personales. En su página dice que las palabras están "llenas de contradicciones" y prefiere no interpretar su obra. “La explicación del artista no importa”, afirma tras criticar cómo “el mercado y los políticos monopolizan las calles en su propio beneficio, contra la gente” y apostar por “un uso diferente del espacio público”.


No hay muchos datos sobre él. Se le supone valenciano y licenciado en Bellas Artes. Lleva dos décadas en activo pero fue en el 2012 cuando empezó a hacerse popular por sus grafitis recogiendo el tropiezo del rey Juan Carlos ante su Estado Mayor, el estallido del caso Gürtel o la Primavera Valenciana, tres días de enfrentamientos entre jóvenes de un instituto con la policía por los recortes que reflejó con el dibujo de unos antidisturbios pegando a un libro.


Un pequeño papel en el documental sobre Bansky, el más icónico y esquivo de los grafiteros, confirmó que ha traspasado fronteras. Entre las obras que aún se pueden verse en València está su ‘Homenaje a los caídos’, un coche volando cuya foto retuiteó tras la condena por los chistes sobre Carrero Blanco, un selfi de un caballero con armadura o la denuncia de la ostentación de la clase política con su ‘Agua de Valencia’. Pero ya no solo pinta. Ha escrito un libro ('Elsewhere'), realizado un documental-ensayo ('Un coche rojo') y diseñado una falla. Y ahora plantará árboles.