El fiscal retira la acusación de abusos sexuales contra el sacerdote Román y pide la absolución

El acusador público estima que no se pueden considerar probados los hechos

El fiscal del caso asegura que no ve concluyentes las pruebas ni los testimonios aportados durante el juicio. / ATLAS VÍDEO

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JULIA CAMACHO / SEVILLA

El caso Romanones de supuestos abusos sexuales a menores en el entorno de una parroquia de Granada se ha desinflado este martes en la última sesión del juicio al retirar la fiscalía todos los cargos contra el sacerdote Román Martínez por falta de pruebas. Aparte de las contradicciones de la víctima, que hoy tiene 27 años, el ministerio público ha insistido en que en raras ocasiones se produce tanta “incertidumbre” con las pruebas, y ha llegado incluso a especular acerca de que todo fuera una conspiración del Opus Dei, orden del denunciante.  

La intervención del fiscal, que ha cambiado su petición de nueve años de cárcel por la absolución, ha sido una bomba, dado que hasta ahora había dado por válida la declaración de ‘Daniel’, nombre ficticio de la víctima, que llegó a relatar su experiencia al Papa Francisco, que fue quien le animó a denunciar los hechos. Pero tras nueve sesiones oyendo a testigos que nunca presenciaron o sufrieron los abusos, y a los peritos contradecirse sobre la veracidad del relato, no ha quedado más remedio que arrojar la toalla.

No puedo decirles lo que ha pasado, la relación entre Román y el denunciante, si hubo abusos o penetraciones”, ha manifestado el fiscal, resaltando que “sólo sabemos que hay 12 declaraciones distintas de las que no podemos concretar nada”. Y tras lamentar que “no hay manera de acceder a la verdad sin hacer daño”, ha concedido que, a lo sumo, pudo haber un “clima sexual” en el entorno de los sacerdotes del que tampoco hay pruebas, “de si fue o no consentido ni si existió con Daniel”.

"MALDAD" DEL DENUNCIANTE

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En este sentido, ha apuntado que el motivo por el que se llegó a juicio fue la firmeza con la que el denunciante habló de violaciones, dado que los abusos sexuales, como ya ocurrió con el resto de encausados inicialmente, habrían prescrito. Pero pese a la enorme “frustración” que pueda provocar esta decisión, sin pruebas no hay caso. “Ante las contradicciones, la actitud del denunciante es de huir”, ha reprochado el fiscal, que ha puesto en duda que alguien que dijo tener aversión a los sacerdotes por la experiencia sufrida, se apuntara años más tarde al Opus Dei. E incluso ha conjeturado acerca de que, con la denuncia, la víctima agradeciera así su contratación años más tarde por la orden.

La actitud del fiscal ha dado argumentos a la defensa del cura para cargar contra la “maldad intrínseca” del denunciante, que “contó una película de ciencia ficción” por venganza y por afianzarse profesionalmente, según el defensor. Por el contrario, la acusación particular ha considerado que los testimonios prueban “absolutamente” el relato de la víctima, subrayando en cualquier caso el delito de abuso por la enajenación de su voluntad que ejercía el sacerdote, a quien la víctima consideraba como a un padre.