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La pobreza que no se ve

Thomas Ubrich

Ser pobre es algo que va más allá de unos ingresos, tiene muchas caras, muchos matices: es pasar hambre, pero también comer poco y mal. Es no tener un techo en el que resguardarte o que puedan quitártelo sin apenas preaviso. Ser pobre es estar enfermo y no poder pagar un tratamiento médico. Es comprar unas gafas a tu hijo y no llegar a fin de mes. Ser pobre es no tener libros de texto y terminar el curso con fotocopias. Es no tener empleo, o tener dos mal remunerados. Ser pobre es no tener perspectivas de futuro porque el presente lo engulle todo.

La pobreza es tener que luchar cada día para vivir dignamente. La pobreza es impotencia, no tener voz, o que ésta valga menos. La pobreza es cuando otros deciden por ti. La pobreza es no poder elegir, vivir en la inseguridad permanente.

La pobreza habita muchas veces en la sociedad de manera silenciosa. Se oculta bajo un pasado de bienestar, acorralada ante la dignidad de quienes la sufren. A menudo, es una realidad que se oculta, se niega e incluso se cuestiona ante la dificultad de medir su impacto o situarla en el espacio. Se ha convertido en un objeto de investigación científica frío e inaccesible para la mayoría. Su esencia se nos escapa todavía.

Hablar de pobreza, a menudo, parece tabú. La sociedad no ve ni quiere ver. Los grandes números de la macroeconomía y las finanzas han hecho que pasemos del “a todos nos podría pasar” al “que se esfuercen más para salir adelante”. Por todo eso la pobreza pasa inadvertida en muchas ocasiones. Sin embargo, está y se ha instalado (y parece que para quedarse) en el seno de una de cada tres familias españolas. Se muestra especialmente cruel con los niños y, aún más si cabe, con quienes han nacido en el seno de ciertas familias. De hecho, los más pobres lo son cada vez más: cada año aumenta en 80.000 la cifra de niños en situación de pobreza severa.

Desde Save the Children, además de visibilizar la situación de los niños más vulnerables, exigimos a los gobiernos que se comprometan a reforzar el modelo de protección social. La inversión en infancia no puede ser sólo una responsabilidad de los padres. Siguiendo el ejemplo de otros estados de nuestro entorno que han logrado reducir el número de niños que viven en la pobreza, la protección social de la infancia debe mejorar aumentando la inversión con ayudas universales.

Por equidad y justicia social, proponemos empezar ampliando en la próxima legislatura el número de familias receptoras de la prestación por hijo a cargo, para llegar a todos los niños que viven en situación de pobreza. Aumentar la cantidad de la prestación actual hasta los 100 euros mensuales por niño a cargo (con una bonificación adicional de un 50% para familias monoparentales) permitiría sacar a 638.770 niños y niñas de la pobreza en una legislatura.

El cambio es posible. Sólo falta voluntad.