VESTIMENTA Y RELIGIÓN

Valls apoya los vetos del 'burkini' pero descarta su regulación por ley

La prenda de baño "es la traducción de un proyecto de contrasociedad", afirma el primer ministro francés

’Burkini’. Una joven viste un traje de baño acorde con las normas del islam, en California.

’Burkini’. Una joven viste un traje de baño acorde con las normas del islam, en California. / ARCHIVO / AP / CHRIS CARLSON

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IRENE CASADO SÁNCHEZ / PARÍS

El 'burkini' "no es compatible con los valores de Francia y de la República". Con estas declaraciones el primer ministro galo, Manuel Valls, ha tomado partido en la polémica sobre la prenda de baño. "Entiendo que los ayuntamientos, en un momento de tensión, tengan el reflejo de buscar soluciones, de evitar problemas de orden público", ha declarado el jefe del Ejecutivo en una entrevista concedida al diario 'La Provence'. Así, Valls "apoya" a las localidades que han vetado el 'burkini' en sus playas.

Cannes, abanderada de la lucha contra el bañador integral, la localidad vecina de Villeneuve-Loubet y la localidad corsa de Sisco han prohibido el acceso a sus playas a todas las mujeres con 'burkini', bajo la amenaza de una multa de 38 euros. Incluso, cuando no hay rastro de la prenda en sus playas, algunos ayuntamientos se plantean imitar la medida. "Por el momento, no hay 'burkini' en Touquet", afirmaba el diputado y alcalde de la localidad, Daniel Fasquelle, del partido conservador UMP, al mismo tiempo que anunciaba, el 16 de agosto, su intención de implantar el veto en su jurisdicción.

ESCLAVITUD DE LA MUJER

Ante la polémica, Valls ha remarcado que no considera necesario imponer "una legislación sobre la materia: una reglamentación general de prescripciones de vestimenta no puede ser la solución". Sin embargo, ha mostrado sin cortapisas su apoyo al veto: "Las playas, como todo espacio público, deben estar preservadas de reivindicaciones religiosas. El 'burkini' no es una nueva gama de bañadores, ni una moda. Es la traducción de un proyecto político, de una contrasociedad, fundado en la esclavitud de la mujer".

En los próximos días, el Consejo de Estado deberá pronunciarse sobre la legalidad de los decretos locales que vetan y penan el uso del 'burkini' en lugares públicos. El Colectivo contra la Islamofobia en Francia (CCIF) ha recurrido ante la alta instancia, considerando que tal prohibición "es anticonstitucional". "Hemos recurrido, y continuaremos haciéndolo de manera sistemática, a nivel local y estatal, el Consejo de Estado debe dar una respuesta lo antes posible", afirma Marwan Muhammad, director del CCIF. Sin embargo, el colectivo advierte de que la sentencia de la alta instancia puede "llegar demasiado tarde, en el momento en el que los decretos expiren [las ordenanzas municipales y locales tienen una duración preestablecida, en este caso hasta finales del periodo estival]".

POLÍTICA DEL MIEDO

El apoyo oficial del Ejecutivo al veto del 'burkini' no ha sorprendido a la asociación. "No es más que un paso más en la línea ideológica de rechazo a las mujeres musulmanas", apunta Marwan Muhammad. En este contexto, el CCIF señala que Manuel Valls "no tiene ningún reparo a la hora de hacer declaraciones contra ciertas comunidades, estamos ante una política del miedo orquestada por la clase política".

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La controversia en torno al bañador, que cubre de la cabeza a los pies y deja a la vista el rostro, ocupa desde hace semanas el primer plano mediático en Francia. Una controversia que, a los ojos de Marwan Muhammad, sirve de contrapartida "a todos los fracasos del Ejecutivo" de Hollande: "Una polémica política para evitar hablar de temas más serios".

En este escenario, a tan solo ocho meses de las elecciones presidenciales, Valls considera que la campaña política estará marcada por "la batalla cultural e identitaria". Así, el jefe del Ejecutivo ha asegurado que "hoy, los musulmanes de Francia están secuestrados por estos grupos, estas asociaciones, estos individuos que abogan por el 'burkini' y quieren hacer pensar que la República y el Islam son irreconciliables". A sus ojos, aquellos que defienden el uso de la prenda "crispan el debate y favorecen la confrontación".