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El profesor Porno: La pornografía es la escuela sexual de los adolescentes

La industria del cine para adultos ha asumido el rol de 'educadora' sexual de niños y niñas

Los pequeños ven los primeros vídeos porno con 10 años y en la pubertad consumen 50 por semana

Carles Cols

Una joven entra en una web de videos pornográficos en la habitación de su casa.

Una joven entra en una web de videos pornográficos en la habitación de su casa. / JOSEP GARCIA

La historia la cuentan así. Simon Louis Lajeunesse, profesor asociado de la Universidad de Montreal (Canadà), quiso investigar qué efecto sobre el comportamiento humano tiene el consumo continuado de pornografía. En un trabajo de este tipo es indispensable comparar, igual que con los medicamentos, cuando a un grupo se le proporciona un placebo y a otro el fármaco real. El problema de Lajeunesse es que entrevistó a 2.000 jóvenes y adolescentes y todos eran, en mayor o menor medida, consumidores de pornografía a través de internet. Preguntar a los adolescentes de hoy en día qué opinan sobre la pornografía es como preguntarle a un pez qué opina sobre el agua. Eso lo dice Gary Wilson, otro experto, en su caso, en explicar a través de la química cerebral el éxito de la industria del porno. La metáfora del pez y el agua es fenomenal, salvo que se le puede añadir una apostilla. No todas las aguas son iguales. No todo el porno lo es. Erika Lust, directora de cine porno afincada en Barcelona, es un buen punto de partida para este relato.

La pornografía, explica Lust, es el profesor de educación sexual de hoy en día. Esa es una materia que se supone que imparten al alimón padres y escuelas. Pero no es así. Así que no está de más, primero, aportar algunos datos. Los primeros vídeos pornográficos los ven los niños, según el país, pero sin grandes variaciones, a partir de los 10 años. Premeditadamente, o no, porque algunas encuestas sostienen que un 34% de los internautas (o sea, todo el mundo, menores incluidos) ha tropezado con pornografía alguna vez cuando buscaba otra cosa. Se afirma también que un tercio del tráfico mundial de internet es pornografía. Un último dato, de momento, para cerrar esta aproximación. Por cada 400 películas que estrenan los estudios de Hollywood, las productoras de cine porno de Estados Unidos estrenan 11.000. Son cifras todas estas que bailan según qué fuente se consulta, puede que algunas estén sobredimensionadas, pero el debate no es cuantitativo, sino cualitativo.

La directora de porno Erika Lust avisa: "El sexo puede ser sucio, pero los valores deberían ser limpios". Asegura que la industria del porno es "machista, homófoba y racista"

A Lust, nacida en Suecia, un país donde la educación sexual es una asignatura escolar desde 1955, el Shangri-La de la igualdad, le sorprende que el papel de la mujer en la sociedad sea objeto de constante lucha reivindicativa, por la igualdad de sueldos, por la paridad en los órganos de dirección política y empresarial, por la equidad en las tareas domésticas…, y, sin embargo, la industria del porno permanezca inmutable, mayoritariamente machista, homófoba y racista. Son tres acusaciones gruesas, pero pone un ejemplo sobre la mesa que da qué pensar. En muchas webs de vídeos porno –recuerda Lust—aparecen en la página principal de presentación un conjunto de pestañas para seleccionar el tipo de escenas que se pueden visionar. “Una de ellas es ‘sexo interracial’. ¿Alguien se imagina que en las páginas de restauración el 'Time Out' se agrupara bajo un epígrafe a los restaurante interraciales?”. Touché.

Lust, no hay que olvidarlo, vive de la pornografía. No pretende combatirla. Propone cambiarla. “El sexo puede seguir siendo sucio, pero los valores tienen que ser limpios”. Como el agua de los peces, vamos. Es, en su opinión, uno de los aspectos sobre los que más se debería incidir en la aproximación a la sexualidad que se lleva a cabo en las escuelas. Explicar a los adolescentes qué es un preservativo está bien, pero eso tiene más de salud (porque sirve para prevenir contagios) y de planificación familiar (porque evita los embarazos indeseados) que de verdadera educación sexual.

HORROR, MELODRAMA Y PORNO

El debate sobre los valores que transmite el porno no es, por supuesto, un debate nuevo. El cine porno ya tuvo décadas atrás su 'nouvelle vague' de directoras que querían dar un trato distinto a los guiones. Ha sido, además, una cuestión académicamente muy analizada. La profesora de la Universidad de Berkeley Linda Williams, por ejemplo, publicó en 1999 ‘Hardcore’, un estudio en el que encuentra curiosas similitudes entre el cine de horror, el melodrama y el porno, tres géneros que conceden a las mujeres un papel supeditado al protagonismo del hombre. En el cine de terror son las víctimas perfectas, asustadizas casi siempre, en el drama sufren el desamor con pena,  y en el porno, aunque su actuación ante la cámara sea muy activa, pasan a un segundo plano cuando llega el clímax de la escena, que parece que no puede ser otro que la eyaculación masculina.

Las cifras sobre el consumo de porno en la adolescencia, aunque inciertas, asustan. Antes de la primera relación sexual de verdad, habrán visionado cientos de videos. O miles

La psicóloga María Bilbao pone un poco de luz a la cuestión: “En los 70 se creía que con el porno los hombres se convertirían en depravados insaciables, pero el tiempo demostró, sin embargo, que era al revés, que lo que sucedía es que se elevaba la exigencia sobre la sexualidad y cada vez era mas difícil que, sobre todo los varones, ya que consumen mas porno, se excitasen con prácticas normales y cuerpos normales”. El problema se complica cuando a esa ecuación se le añade una nueva incógnita, la edad del espectador.

Bilbao da por hecho que padres y madres se acomodan en la ignorancia, en el “mi niño no ve eso’, pero la biología es muy tozuda. Los niños, antes de la adolescencia, ya juegan con sus genitales. No es extraño que se masturben, pero es algo esencialmente físico. La adolescencia incorpora algo nuevo, la fantasía sexual, y en ese terreno la pornografía puede ser una desaconsejable escuela. De hecho, siempre lo ha sido, pero años atrás era más difícil acceder a la pornografía. Ahora está en el teléfono móvil. No hay que esconderse para consumirla ni hacer peripecias para encontrarla.

Lo preguntó un estudiante: "¿En qué momento de la evolución humana los diestros comenzamos a masturbarnos con la mano izquierda?"

DIETA SEMANAL DE PORNO

La empresaria Cindy Gallop milita también en esa batalla que libra Lust para que a industria del pono no esté dirigida solo por hombres, con lo que ello conlleva. Lo suyo es la defensa del sexo de verdad. “La generación que crece viendo porno de la industria convencional cree que esa es la manera de practicar el sexo”, denuncia. Más grave aún. La mayoría de los adolescentes de hoy habrán visto cientos de escenas de pornografía hardcore (unas 50 pero semana, según expertos como el psicólogo Philip Zimbardo) antes de tener su primera relación sexual de verdad. El problema es que tantas horas en manos del 'profesor porno' no les ilustrarán realmente sobre lo que es en realidad una relación sexual, con su cortejo, las feromonas, los preliminares… Llegarán como analfabetos funcionales a esa primera relación.

Puede incluso que algunos adolescentes hasta se den cuenta de ello. A Gary Wilson, el del porno y el pez en el agua citado al principio, se le quedó grabada un día una pregunta de un estudiante, que participó en su trabajo de investigación, y que en cierto modo, con gran lucidez, resume a la perfección este debate. “Profesor, ¿en qué momento de la evolución los diestros comenzamos a masturbarnos con la mano izquierda?”. La respuesta forma parte de la historia de internet.