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Una droga 50 veces más potente que la heroína causa estragos en Estados Unidos

El fentanilo agrava la epidemia de opiáceos que sufre Norteamérica

El estupefaciente se produce en México y está dejando un reguero de muertos

RICARDO MIR DE FRANCIA / WASHINGTON

Un adicto se prepara una inyección de heroína.

Un adicto se prepara una inyección de heroína. / AFP / SPENCER PLATT

Su uso debería estar circunscrito a los quirófanos, donde se utiliza como anestésico, o a los pacientes con severos dolores crónicos y cánceres terminales como el de médula ósea, pero la droga que hace estragos en Estados Unidos y Canadá se ha colado en el mercado negro y está dejando un reguero de muertos muy lejos de los hospitales para los que fue concebida. Gente como Eve Turmey, una adolescente angelical de 17 años que murió en octubre de una sobredosis en un motel de Rochester (New Hampshire) cuando pensaba que se estaba inyectando heroína. A su lado tenía a su madre y al novio de esta, quien aparentemente le suministró la dosis. El novio se enfrenta ahora a una posible cadena perpetua.

Esa droga es el fentanilo, un opiáceo sintético que es hasta 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más que la heroína. Sintetizado por primera vez en 1960 por un farmacéutico belga, ha irrumpido con fuerza en las calles de muchos pueblos y ciudades aprovechando la epidemia de adicción a los opiáceos que recorre Norteamérica. 

RULETA RUSA

“Es un problemas de enormes dimensiones, es horrible”, dice a este diario Rusty Payne, el portavoz de la Agencia Antidrogas de EEUU (DEA, de sus siglas en inglés). “En algunos sitios está causando ya más estragos que la heroína. Al principio los camellos lo mezclaban con caballo, pero ahora nos la encontramos muchas veces ya sola”. Mucha gente no sabe en realidad lo que está consumiendo y, como es tan potente y adictiva, “no se dan cuenta de que están jugando a la ruleta rusa”, añade Payne. 

"En algunos sitios causa ya más muertes que la heroína", admite la Agencia Antidrogas

La droga está golpeando especialmente a los estados del noreste del país, pero también ha aparecido en otras regiones como Misuri o Wisconsin. El año pasado en Maine, que tiene solo 1,3 millones de habitantes, hubo un centenar de muertos por sobredosis, 57 de ellos causadas por la heroína y 43 por el fentanilo. Este año en Manchester, una ciudad de 109.000 habitantes de New Hampshire, las autoridades han recibido una media de casi dos llamadas al día alertándoles de una sobredosis. 

LA DESPENSA MEXICANA

“Debido al incremento masivo de la adicción a la heroína y a los fármacos opiáceos han encontrado un mercado con abundante demanda del que se pueden extraer jugosos beneficios”, asegura Payne. La droga proviene fundamentalmente de México, donde se produce en laboratorios controlados por cárteles como el de Sinaloa y se distribuye más tarde a través de EEUU y Canadá. De las 943 operaciones policiales que se realizaron en el 2013 para requisar alijos de fentanilo, se pasó el año pasado a 3.344.

Los orígenes de la epidemia de adicción a los opiáceos, como la han descrito las autoridades sanitarias, están en la década de 1990, cuando su prescripción para pacientes con dolores crónicos sin relación con el cáncer empezó a generalizarse con el apoyo de las grandes asociaciones médicas del ramo y los incentivos de las farmacéuticas. “Fue una campaña tan intensa que a los doctores que no los recetaban se les colgaba el sambenito de negligentes. Ahora estamos pagando las consecuencias”, dice Mark Publicker, especialista en medicina adictiva, desde su clínica en Maine. Los datos no mienten. EEUU es hoy el mayor consumidor de analgésicos opiáceos del mundo. De los 76 millones que se recetaron en 1991, se pasó a 207 millones en el 2013, según el Instituto Nacional de Abuso de Drogas.

El ORIGEN DE LA EPIDEMIA

Al darse cuenta de la magnitud del problema que se había creado, las autoridades restringieron el acceso a los medicamentos como la oxicodona y la hidrocodona. Los precios se dispararon y cientos de miles de adictos tuvieron que buscar alternativas para paliar el mono. La encontraron en la calle en forma de heroína, más barata y peligrosa que los fármacos al venderse casi siempre adulterada. “De repente, la gente pasó de esnifar oxicodona a inyectarse heroína”, dice Publicker. “Hoy está presente hasta en los pueblos más recónditos y rurales de Maine”. 

La heroína se ha extendido a los suburbios residenciales y al campo, a las clases medias blancas

Eso ha hecho que la heroína haya dejado de ser una droga casi exclusivamente urbana con arraigo en los círculos bohemios y marginales para extenderse también a los suburbios y el campo, colándose también entre las clases medias y pudientes blancas. Y es ahí donde ha irrumpido el fentanilo que, no obstante, es un viejo conocido para las autoridades. Entre el 2005 y el 2007 hubo más de un millar de muertes en varias ciudades del Medio Oeste por fentanilo, pero las autoridades descubrieron que toda la producción salía de un único laboratorio en México y con ayuda del país vecino lograron desmantelarlo. El analgésico, que puede inyectarse o aplicarse en parches cutáneos, desapareció del mercado.

NUEVO ENFOQUE

Pero ahora ha vuelto con fuerza y está consiguiendo que se disparen las sobredosis. De hecho, según la DEA, el fentanilo es tan potente que puede resultar letal incluso al inhalar partículas dispersas en el aire o al entrar en contacto cutáneo con él, lo que ha hecho que algunos agentes hayan tenido que recibir tratamiento tras participar en operaciones antidroga. El problema no tiene una solución fácil. El doctor Publicker asegura que los centros de desintoxicación tienden a estar saturados, con la agravante de que muchos seguros sanitarios no cubren el tratamiento para desengancharse de los opiáceos.

Pero luego están las políticas policiales. Ahora que las drogas hacen estragos en las casas bien de la América blanca, el país busca una nueva aproximación al problema, más centrada en el tratamiento que en la cárcel. Aun así, en algunos estados como Virginia uno puede acabar entre rejas por avisar a las autoridades de que un amigo suyo o un familiar ha sufrido una sobredosis. Ese gesto le puede servir de atenuante en el juicio, pero no le garantiza inmunidad si el juez lo considera corresponsable del incidente.

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