27 feb 2020

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Gente corriente

Ramon Berengueras: «Con la crisis se venden quesos más pequeños»

Mònica Tudela

Ramon Berengueras tiene casi 80 años y un carácter incansable. Tras una vida dedicada al campo y a los negocios de la leche y la alimentación, hoy sigue levantándose cada día antes de las cinco de la mañana para supervisar su empresa de quesos, llamada Betara, ubicada en el Lluçanès.

-Usted se dedica a la vida en el campo desde que era un niño.

-Primero hice de payés y distintos trabajos relacionados con la tierra. Con 6 o 7 años ya me hacían ir a guardar vacas: las llevaba al bosque y las pastoreaba y las devolvía a casa cuando anochecía. En verano la jornada podía empezar a las seis de la mañana. Más tarde, con 13 años, empecé a cavar con una azada en el cultivo de maíz y patatas.

-¿Le gustaba este tipo de vida?

-Como no había visto otra, no tenía mucho donde escoger.

-¿Lo compaginaba con la escuela?

-Al colegio íbamos poco. Éramos tres hermanos. Dos íbamos un día y el otro se quedaba a guardar las vacas y nos turnábamos. Así que íbamos por la mañana y solo tres días.

-¿Cuándo cambió el campo por el negocio lechero?

-Después de estar un tiempo trabajando de payés decidí sacarme el carnet de conducir camiones. Entonces me puse a trabajar en Perafita, llevando el camión de los botes de leche. Trabajé un tiempo para Ram y más tarde para Rania.

-Un trabajo también duro. 

-Sí. Con el camión de la leche trabajaba los 365 días del año. Me levantaba a las cinco de la mañana y no acababa hasta las siete o las ocho de la tarde. Cobraba el equivalente a 17 euros al mes, no llegaba a 3.000 pesetas. No estuve enfermo ni un solo día.

-Tras el reparto de leche, ¿qué vino?

-Puse en marcha una granja de terneras y cerdos que estuvo activa 20 años en Perafita. Pero en los 90 las granjas empezaron a ir mal, la situación se puso difícil para continuar y decidimos hacer otra cosa. Y ahí entré en el mundo de los quesos, con los 65 años ya cumplidos.

-Otros hubieran pensado en retirarse. 

-Yo nunca. No me veía mayor. Ni ahora tampoco. Siempre he querido trabajar. Con las peripecias que he pasado en la vida si no hubiera tenido un poco de energía ya habría cerrado el negocio.

-¿Qué ha de tener un buen queso para que guste a la gente?

-Ante todo ha de tener una buena leche, buen producto y saberlo trabajar.

-¿Cómo?

-Al queso hay que darle mucho cariño. Es como una paella, que hay que hacerla con mimo. Has de saber cómo están los ingredientes del queso, hacer que el grano esté bien pasteurizado. No se aprende el primer día, hace falta práctica.

-Con el auge de las dietas y lo light, ¿ha cambiado el gusto de la gente por los quesos?

-No. Lo que ha cambiado es el tamaño.

-Explíquemelo, por favor.

-La gente ya no compra tanto porque no hay dinero. Con la crisis se venden quesos más pequeños. Los primeros quesos que fabricábamos eran todos de kilo y los compradores aún decían que eran pequeños. Ahora los vendemos de 500 gramos y la gente los encuentra grandes. En eso ha cambiado el consumo. Además, hoy las familias son más pequeñas: antes eran de seis miembros y ahora son de dos o de tres.

-¿Qué planes de futuro tiene? 

-Que crezca Betara. Queremos poner un rebañito de 200 o 300 ovejas ecológicas, porque las hay contadas en Catalunya y en España. Cuando tengamos la leche podremos hacer queso con certificado ecológico. Ese es mi objetivo.