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Vecinos con malos humos

Los habitantes de una urbanización de Sils viven amedrentados tras un tiroteo reciente por un asunto de drogas

Calculan que tienen una treintena de casas ocupadas con plantaciones

FERRAN COSCULLUELA / SILS

Calma aparente. Viviendas de la urbanización Vallcanera Parc, en el municipio de Sils, la semana pasada.

Calma aparente. Viviendas de la urbanización Vallcanera Parc, en el municipio de Sils, la semana pasada. / ICONNA / JOAN CASTRO

"No son unos catetos. Saben perfectamente donde se meten. Buscan las casas en venta en las inmobiliarias y luego van a las páginas de los bancos o al propio Registro de la Propiedad para ver quién es el dueño. La treintena de casas que están ocupadas aquí son de bancos", explica un vecino a una representante de la Associació de Veïns Santa Eulàlia de Vallcanera, en Sils (Selva). Una tranquila urbanización en la que viven unas 2.000 personas y que ha visto como en los dos últimos años han proliferado las ocupaciones con el fin de instalar cultivos.

"Antes había alguna familia okupa por necesidad y te daba pena. Eran ocupaciones sociales, pero ahora no, ahora se trata de otra cosa y está relacionada con las plantaciones de marihuana. Lo sabemos porque tienen los contadores pinchados y por el olor que se puede percibir desde la calle. A veces basta pasar con la ventanilla del coche bajada para notar el tufo", comenta la mujer, que prefiere que su nombre no salga publicado para evitarse problemas.

Uno de los primeros signos de la presencia de estos nuevos vecinos es que en muchas ocasiones, tras ocupar la vivienda, dejan grandes perros de vigilancia en los patios para evitar intromisiones. En alguna ocasión alguno de ellos ha dado problemas y han tenido que pedir a los okupas que solventaran el caso. "Se trataba de un hombre de entre 30 y 40 años que estaba en la casa con su esposa y dos niños. Nos dijo que no habría más problemas y levantó una pequeña pared en el jardín. Ellos también se dedicaban a la marihuana", recuerda un propietario que vive en una urbanización próxima a Vallcanera y que también pide ampararse en el anonimato.

BASURERO EN EL JARDÍN

Una mujer está en el patio de su coqueto chalet haciendo limpieza y mimando sus flores. En las inmediaciones hay varias viviendas que bien podrían venderse en una revista inmobiliaria de alto stading. "¿Que si hay casas ocupadas? ¡La que tengo enfrente es una de ellas!", señala la vecina de la calle Anoia. "No se meten con nadie, pero entra y sale gente constantemente y no sabes quiénes son. Han convertido la casa en un basurero", se lamenta, mientras contempla el sillón desvencijado, las bombonas de butano y los trastos viejos que pueblan el jardín.

La propietaria de un bar de la urbanización también reconoce que las ocupaciones están a la orden del día, pero no quiere dar más detalles porque tiene miedo de las consecuencias. "Es gente peligrosa y si digo algo son capaces de quemarme el negocio", afirma. Sus temores se han acrecentado después del tiroteo que tuvo lugar el pasado mes de junio en la calle Pau Casals de la urbanización por un asunto de drogas. Una mujer resultó herida y se llevaron a cabo varias detenciones.

El tiroteo provocó una reacción vecinal que desembocó en una concentración de protesta en Sils, el pasado junio, para reclamar más seguridad ciudadana. Posteriormente responsables de los Mossos y el delegado territorial de Interior en Girona, Albert Ballesta, se reunieron con el alcalde Martí Nogué en una junta de seguridad para estudiar el caso y buscar soluciones.

PÉRDIDA DE VALOR DE LAS CASAS

"Nos preocupa que se estigmatice a la urbanización y que nuestras viviendas pierdan valor. Es un lugar tranquilo y ahora hay más controles y más presencia policial. Esperamos que esa presión ahuyente a estos traficantes", dice la representante de la asociación vecinal.

El alcalde también comparte el sentimiento de impotencia de los vecinos, porque asegura que el ayuntamiento no puede hacer más de lo que hace y que las entidades bancarias deberían implicarse más en la protección de sus bienes. "Enviamos cartas a los bancos propietarios de las viviendas ocupadas para que lo denuncien, y cuando detectamos que un contador de agua está pinchado, lo desconectamos porque este servicio es de nuestra competencia. Solo se puede actuar si se coge a los okupas en el momento de entrar en la vivienda y por eso pedimos a los vecinos que nos avisen cuanto antes si ven alguna cosa extraña", solicita Nogué.

Temas: Drogas

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