01 jun 2020

Ir a contenido

Gente corriente

Susana Isunza: "La danza en círculo refuerza como comunidad"

Catalina Gayà

-Empieza con la danza contemporánea y, poco a poco, incorpora la danza ancestral.

-Me formé en la Escuela Nacional de Danza Contemporánea del Instituto de Bellas Artes. En 1994, me otorgaron una beca para que trabajara con mujeres mazahuas, en el Estado de México.

-Y con ellas aprendió la danza ancestral.

-Entendí la importancia de la danza circular y de las cuatro esencias que nos conforman como seres humanos. Ellas compartían su historia y creencias a través de la danza circular. De mi maestro, Ehekatéotl Kwawtlinchan, aprendí sobre la tradición oral Tezkatlipoca y el fuego para saumar.

-¿Saumar?

-Prender el fuego y, a través del humo, purificar el aura para entrar en un círculo sagrado de danza. Así entré en contacto con la danza que me tocaba más a mí, a mi cultura, a mi tradición y como mujer. Fui conociendo la cosmogonía sobre la base de un mandala que es Nawi Ollin Téotl.

-Siga ilustrándome.

-Para mí, es indispensable  partir del origen sagrado y cósmico de la danza. Los elementos de la tradición que me recuerdan quién soy y, más allá, me revelan que somos movimiento, vida y transformación constante y, por lo mismo, estamos en conexión con los demás seres que habitan nuestro entorno.

- ¿Por eso la danza en círculo?

-La danza en círculo nos valida como personas, nos hace de espejo para vernos en los ojos de los otros y movernos con empatía con los demás cuerpos. Todo esto nos fortalece como comunidad y nos da la fuerza para sobrevivir con dignidad en este mundo. 

-Y llega a Barcelona en el 2002.

-Dejé dos trabajos importantes en México, pero aquí me di cuenta de que el compromiso era conmigo misma. Vine para hacer una formación en danza terapia en la Universitat de Barcelona, y me encontré que se usa mucho la danza circular. Para mí, fue increíble. ¡Estamos trabajando las esencias de la danza circular en esta época! 

-En México deja el cargo como directora de la compañía estatal de danza.

- ¿Qué no hacía en México? Trabajaba con discapacitados, daba clases en Bellas Artes y en otros lugares. Tenía un proyecto como solista. Trabajé con mujeres indígenas en Chiapas, mujeres presas. Muchas de ellas están ahí por falta de traductores.

-Es muy modesta: su currículo está lleno de reconocimientos, premios y becas. ¿Y aquí sigue con las danzas ancestrales?

-Hace unos ocho años, abrí un grupo en la Ciutadella y todos los domingos invito a la gente a danzar. Es una obligación como persona que ha recibido esta danza; tienes una responsabilidad. Cuando recibí mis cascabeles, me dijeron: 'Hazlos sonar a donde vayas'. Las danzas de origen azteca que compartimos en Barcelona son Wewetéotl y Mayawel, con Tlalmanalkulúa o firma y con los Xutlaktos o saludos a los cuatro rumbos o a las cuatro esencias.

-Y en estos años también crea un método de trabajo propio.

-Alquimia del Cuerpo es una suma de todo lo que he aprendido. ¡Y ya tengo más de 40 años con la danza! Ha sido un camino que me ha llevado de la danza clásica, a la contemporánea, a la danza tradicional, ahora que estoy aquí he aprendido danza sufí. He encontrado el común denominador que existe en las danzas tradicionales antiguas, así tomo la horma de la danza antigua para enseñar la danza contemporánea: la danza como método para sanar. En estos años, ha pasado mucha gente por mis talleres, no solo es danzar Wewetéotl o Mayawel, sino esencialmente integrar su sentido ritual en el aprendizaje y enseñanza de la danza contemporánea, fuera de toda moda en estilos de movimientos.

-Es diferente vivir aquí.

-Hago menos cosas que en México, pero sí más profundas. Aquí mi vida está consagrada a la danza y a la pintura, al arte. Con toda la gente que me rodea hemos creado la Asociación Cultural Ollín Kaos para hacernos visibles.