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Salut acota el TDAH para evitar excesos en el diagnóstico

La detección del trastorno tan solo pueden realizarla psiquiatras o psicólogos

El 30% de afectados siguen una terapia psicológica, y el 70%, farmacológica

ÀNGELS GALLARDO
BARCELONA

Que un niño de 5 o 7 años necesite estar siempre moviéndose forma parte de lo previsible, pero cuando a esa condición, imperativa, se suman otras características, entre las que destacan una notable dificultad para concentrarse y fijar la atención en una lectura así como para retener lo leído, la situación se convierte en un problema. Para el propio chico y para sus padres, sus maestros y los compañeros de clase con quienes convive. Ese perfil, al que, si existe hiperactividad, se suma un habla imparable y una forma de actuar a impulsos y sin pensar en las consecuencias, describe a la mayoría de niños a los que en el último decenio se ha diagnosticado en Catalunya un trastorno por déficit de atención (TDA), con o sin hiperactividad (TDAH). Un síndrome sujeto a controversia que, se calcula, afecta al 5% de los menores de 17 años, la mayoría, niños. En el 2013, se realizaron 13.800 diagnósticos.

«El trastorno por déficit de atención existe y está recogido como tal en los manuales internacionales de psiquiatría, al igual que la hiperacticidad y la impulsividad que lo suelen acompañar, pero no todos los niños más inquietos de lo habitual sufren esta alteración», advierte Cristina Molina, responsable del plan director de salud mental y adicciones de la Generalitat. La puntualización responde al enconado debate que rodea a un trastorno que, mal diagnosticado o ignorado, puede ensombrecer extraordinariamente la capacidad intelectual y el porvenir del niño o adolescente que lo sufre, pero que, a juicio de los especialistas en salud mental, ha sido adjudicado a numerosos pequeños de talante revoltoso, que resultaban molestos en la escuela o en casa pero no sufrían la inmadurez en el desarrollo cerebral que define al síndrome.

«El TDAH solo se atribuirá a partir de ahora al niño que sea diagnosticado por un psiquiatra infantil, un psicólogo clínico o un neuropediatra -puntualiza Molina-. Antes de poner a alguien la etiqueta de que sufre TDAH hay que estar muy seguros. Esa clasifiación no puede ser una deducción de la escuela, o el dictamen de un médico no especializado».

El TDAH está descrito como un trastorno del desarrollo neurológico, un retraso en la maduración de determinadas áreas del cerebro que se inicia en la infancia -hacia los 3 años de edad- pero solo resulta evidente cuando se intensifican los síntomas. «En algunos niños, el TDHA causa hasta cinco años de retraso madurativo en varias áreas del cerebro, es un déficit importante», afirma el psiquiatra Josep Antoni Ramos Quiroga, responsable del programa de atención al TDAH en el Hospital del Vall d'Hebron. «Esos niños han de hacer un gran esfuerzo para fijar la atención en cualquier cosa, les cuesta muchísimo organizarse, planificar una agenda, concentrar su pensamiento, estudiar o mantener la lectura de un libro -describe Ramos Quiroga-. Su evolución está en desventaja; ellos se dan cuenta y su autoestima es bajísima».

El TDAH afecta a cuatro niños por cada niña y en un 50% de los casos los síntomas remiten con el paso de los años, advierte Ramos Quiroga, que insiste en la importancia de diagnosticar y tratar adecuadamente a los niños en quien se sospeche la existencia del trastorno. El tratamiento inicial recomendado por la Conselleria de Salut para los afectados por esta alteración es de tipo psicológico: una terapia cognitivo conductual, individual o en un grupo que incluya a los padres, que se imparte en la red pública de centros de atención a la salud mental infantil y juvenil. Un 30% de los chicos con TDAH suprimen con esta terapia psíquica el déficit de atención y la tendencia a actuar a impulsos irreflexivos. El otro 70%, precisa tratamiento farmacológico.

«Lo que mejor funciona es la combinación de fármacos y terapia psicológica», indica Ramos Quiroga. «Lo terrible -prosigue-, es recibir a un hombre de 45 años que relata un fracaso académico, laboral y familiar que lo condujo al consumo de drogas, o con problemas judiciales, al que diagnosticamos un TDAH. Más de uno, se pone a llorar cuando nos escuchan describir lo que les ha sucedido toda su vida».

Un destacado sector de la psiquiatría española, europea y norteamericana recela de los tratamientos farmacológicos dirigidos de forma masiva a frenar el TDAH infantil, y duda de que la eclosión de niños diagnosticados en el último decenio en Occidente responda a un acelerado deterioro en el desarrollo neurológico de las generaciones jóvenes. Estos profesionales atribuyen a intereses comerciales la abundancia de diagnósticos de TDAH registrada en Catalunya, al igual que en el resto de España. «Sabemos que existe este debate, porque hay muchos niños a los que se atribuye un TDAH y están en tratamiento -afirma Cristina Molina-. No se si ha habido sobrediagnóstico, pero lo que nos interesa es garantizar que a partir de ahora el diagnóstico lo hagan exclusivamente profesionales acreditados».

En opinión del psiquiatra Ramos Quiroga, quienes niegan la conveniencia de tratar a los afectados por el TDHA, y abogan por dejar que el niño evolucione sin apoyos, actúan «con mala fe o por ignorancia». «No actuar con estos chicos es condenarlos al fracaso escolar, las drogas y el sufrimiento», dice el psiquiatra.