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Gente corriente

Ismael Benito: "Me tocó la misma jueza que instruyó el 'caso 4-F'"

Núria Navarro

Estudia dos carreras en la UB: Física e Ingeniería Electrónica. Preside la Associació de Robòtica de su facultad. Es miembro del consejo de estudios. Aficionado a la magia. «Un hijo modélico», según su madre. En rápido, estos son los créditos de Ismael Benito (Barcelona, 1991), detenido, junto a Daniel Ayyash -estudiante de Matemáticas y Física-, la mañana del 29 de marzo del 2012, día de la huelga general. En marzo se celebrará el juicio y la fiscalía pide ocho años y nueve meses por quema de contenedores, y atentado, agresión y desacato a la autoridad.

-Su currículo no encaja con el de un vándalo. 

-Dani y yo somos miembros de la Associació d'Estudiants Progressistes y estábamos implicados en la organización de la huelga. Pero aquella mañana, viendo que había sido un éxito de convocatoria porque no había venido nadie al campus de la Diagonal, decidimos irnos a descansar antes de sumarnos a la manifestación de la tarde. Unos 30 íbamos caminando tranquilamente por la calle de Nicaragua con Marquès de Sentmenat y a las 11, de repente, un señor alto y grande sin identificación policial dio el alto. Eché a correr.

-¿Por qué hizo eso?

-Por miedo. En ese momento no sabía que eran mossos. Al detenerme pensé que, en aquel contexto de huelga, tocaría pagar justos por pecadores y pasaría unas horas en el calabozo. Lo que no imaginé es que, tras pasar la noche en la comisaría de Les Corts, nos llevarían a declarar. Me tocó la misma jueza, Carmen García Martínez, que instruyó el caso 4-F. Al llegar a la Ciutat de la Justícia percibimos tensión, pero desconocíamos totalmente qué había pasado en la huelga durante la tarde. A las dos horas nos comunicaron el dictamen de prisión preventiva y nos dijeron que nos trasladarían a Quatre Camins. El mundo se me vino abajo.

-¿Tenía antecedentes?

 

-No. Y no podía fugarme porque estudiaba, tenía arraigo familiar -vivía con mis padres- y, dentro de mi pequeña representación estudiantil, cualquiera podía seguir mi agenda pública. Pero la jueza consideró que podíamos «reincidir» durante la cumbre del Banco Central Europeo o el Primero de Mayo.

-En total pasaron 34 días entre rejas.

-A Dani se le hicieron eternos, y yo agonicé la última semana. En mi cabeza había una fecha mágica: el final de esa cumbre. O salíamos entonces o nos quedábamos hasta el día del juicio, como les pasó a los del 4-F.

Mientras, con lógica de supervivencia, me mentalicé. «Estás en un módulo para jóvenes», me decía, y hasta las trifulcas del patio me recordaban a las del cole de Nou Barris, donde crecí. Dani y yo compartimos celda, charlamos, y mi madre me mandó un libro de magia e improvisé cubiletes con vasos de yogur y algún truco hice a las visitas.

-¿Pudieron estudiar?

 

-No hasta la tercera semana. Hubo una lucha faraónica por parte de mi tutor de la facultad, del vicerrectorado y de mi familia para que entraran los apuntes.

-Al final salieron en libertad sin fianza.

-E intentamos hacer vida lo más normal posible. Las notas de los dos bajaron en picado. Dani ha ido tirando en la carrera de Matemáticas, pero se descuadró de la de Física. Con todo, siento que esta experiencia me ha empoderado. He madurado personal y políticamente. He aprendido a controlar la rabia. Pero en marzo llegará el juicio...

-Quizá la emisión de Ciutat morta y el debate posterior le beneficie.

-Ha dado un chute de energía a mi familia. Pero la justicia está en un momento muy polar. Lo hemos visto en el caso de Alfon. Se desestimaron las pruebas y prevaleció la declaración de la policía. Yo espero que no pasé. Tenemos pruebas y testigos, y espero que todo salga bien porque el año que viene quiero hacer un máster en Fotónica. De hecho, esta semana hemos iniciado una campaña. ¿Puede salir aquí nuestra cuenta de Twitter? @ismadani_abs.