Palillos inteligentes

Una compañía china presenta unos palillos que miden al instante el estado y la salubridad de la comida La inseguridad alimentaria es una de las principales inquietudes de la población

Una joven come en un restaurante de comida de Xinjinag, en Pekín.

Una joven come en un restaurante de comida de Xinjinag, en Pekín. / A. FONCILLAS

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ADRIÁN FONCILLAS
PEKÍN

Garras de pollo bañadas en peróxido de hidrógeno para ganar en blancura, carne de cerdo con poderes fluorescentes o coloreada para pasar como ternera, sandías explosivas, leche infantil con melamina… el desasosiego de los chinos ante lo que se llevan a la boca está apuntalado por cotidianas crisis alimentarias. Pero su recurrente pregunta sobre qué se puede comer sin riesgo podría tener por fin respuesta: unos palillos inteligentes que miden al instante la salubridad de la comida.

El prototipo del invento, presentado por el gigante chino de la informática Baidu, ha conmocionado las redes sociales. Los palillos están dotados de unos sensores de alta tecnología en sus extremos que analizan el contenido y mandan el resultado a un teléfono móvil a través de internet o bluetooth. El aparato mide la temperatura, el contenido nutritivo, la cantidad de sal y, lo más relevante, la calidad del aceite. El funcionamiento es simple: tras sumergirse los palillos en varios aceites, envía una señal roja de alerta cuando el contenido de TPM (total de componentes polares o medidor de su frescura) supera el 25 %.

De todos los peligros de la despensa china, el más ubicuo es el 'digouyou' o aceite de alcantarilla. Es el aceite multirreciclado que sale de los mataderos o los restaurantes, recogido en cubas con nocturnidad por tipos en triciclos y supuestamente purificado -en realidad, apenas filtrado- que es revendido a los pequeños establecimientos o puestos ambulantes. El nombre no es metafórico: también es recogido directamente de las alcantarillas a través de grandes cucharones, normalmente en los aledaños de grandes restaurantes u hoteles, aprovechando que el aceite flota por encima del resto de inmundicias. No es sólo una guarrada; es una guarrada peligrosa: contiene aflatoxina, una sustancia altamente cancerígena.

Su uso no es anecdótico. Un estudio de la Universidad de Wuhan reveló que una de cada diez comidas se preparaba con digouyu cuatro años atrás. El aceite está en el ojo de mira de las autoridades, conscientes de que la inseguridad alimentaria es uno de los principales lamentos de su población. La campaña del pasado año se saldó con un centenar de detenidos y una veintena de encarcelados, dos de ellos a cadena perpetua. Pero contra los esfuerzos de Pekín juega la rentabilidad del negocio.

El nuevo artilugio ejemplifica el poder de la demanda. Los palillos son utilizados en toda Asia y existen países con tecnología más puntera, pero la lógica empresarial los atan a China. El reciente escándalo de la carne podrida que afectó a multinacionales de comida rápida como McDonalds o KFC destruyó uno de los últimos reductos de seguridad en China.

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"Podrás saber a través de nuestros palillos el origen del aceite, el agua y otros alimentos, si son malos y cuántos nutrientes contienen", ha dicho en la presentación anual de Baidu su director general, Robin Li. Su esperada alternativa a las gafas de Google ha sido mediáticamente eclipsada por los palillos. "Personalizan la sabiduría china, y ahora los hemos combinado con nuestra más avanzada tecnología", ha añadido un alto ejecutivo.

La compañía ha aguado parcialmente la expectación creada: por ahora sólo dispone de algunos prototipos y aún desconoce cuándo se pondrán a la venta o su precio. Un internauta veía esta demora con cierto alivio: "Si me los llevara a todos los sitios, creo que me moriría de hambre".