Víctor Pey: «El lucro no lo es todo; por él no se llega a la felicidad»

Luchador bregado en mil batallas. Amigo del poeta Neruda, se exilió a Chile a bordo del 'Winnipeg'.

Víctor Pey: «El lucro no lo es todo; por él no se llega a la felicidad»

ALFONSO GODOY

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El próximo 3 de agosto hará 75 años que el viejo carguero Winnipegfletado por el poeta chileno Pablo Neruda, zarpó del puerto de Pauillac con 2.200 republicanos españoles a bordo, rescatados de los campos de concentración del sur de Francia con rumbo a Valparaíso. El anarquista Víctor Pey Casado (Madrid, 1915) viajaba entre ellos. Ingeniero, catalán de padre y de alma, su voz se escucha como un torrente al otro lado de la línea telefónica. Habla desde Santiago de Chile.

-Me crié en Barcelona. Estaba afiliado a la CNT e, inmediatamente después de la sublevación, me alisté en la columna Durruti, formada con la intención de marchar hacia Zaragoza, que había caído en manos de los facciosos.

-¿Conoció a Buenaventura Durruti?

-Coincidí con él apenas unos días en Huesca, pero puedo asegurarle que era un hombre con una dignidad a prueba de bomba. Un hermano suyo se había llevado unos tarros de comida de la intendencia y, al saberlo, Durruti le hizo sentar delante de todos los compañeros para afearle la conducta.

-Acabada la guerra civil, cruzó los Pirineos hacia Francia. Como tantos republicanos.

-El primer campo adonde nos llevaron fue el de Le Boulou. Nos metieron en una bodega que contenía sacos de corcho en polvo, de manera que resultaba muy difícil respirar. Las condiciones eran disparatadas.

-Al final, consiguió salir.

-Me ayudó la masonería francesa. Sin documentos ni dinero, logré llegar a París, donde conocí a Pablo Neruda [ejercía de cónsul especial], que nos embarcó a mí y a mi familia en el Winnipeg. La travesía duró un mes exacto: llegamos el 3 de septiembre de 1939.

-Debió de ser un viaje terrible.

-No lo crea; por fin, teníamos comida, un techo y algo mucho más valioso: la libertad y la posibilidad de ir un a un país donde desenvolvernos como seres humanos.

-Conmueve el penar de su generación.

-Y a mí se me saltan las lágrimas de emoción al pensar en las generaciones actuales que están sin trabajo, sin la posibilidad de llevar un sueldo a casa, con rasguños en lo que es la dignidad de la persona y sin un ideal. Los héroes lo son a la fuerza, no por voluntad propia.

-Y después, le tocó el golpe de Pinochet.

-Mantuve un vínculo muy estrecho con el presidente Salvador Allende; hablábamos a diario, y el día del golpe no fue una excepción. Me exilié a Venezuela.

-Usted era el dueño del diario Clarín.

-Entraron los militares, arrasaron la redacción y me lo expropiaron. Aún estoy pendiente de que me indemnicen tras un juicio que gané ante el Tribunal de Arbitraje del Banco Mundial, en Washington. Hace cinco años, abrí el diario electrónico.

-Vaya energía gasta a los casi 99 años.

-Pues mire, no hay más secreto que trabajar y trabajar. Y tratar de dejar a los que vienen detrás un mundo que sea un poco mejor. ¿Sabe qué les diría a los jóvenes?

-Dígalo, por favor.

-Que el lucro no lo es todo, que por el lucro no se llega a la felicidad. Se tiene prestigio en la medida en que se tiene dinero, de manera que se va a buscarlo a como dé lugar. Con estos principios, no es de extrañar que haya corrupción en todos los estadios de la sociedad.

-¿Añora algo de Catalunya?

-Huy, muchísimas cosas… «Baixant de la Font del Gat, una noia, una noia…».

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-¿Y la independencia qué le parece?

-Si yo estuviera allí votaría que sí. Se trata de un anhelo ancestral del pueblo catalán, que tiene su cultura y su manera de ser propias. Reúne las condiciones de un país.