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Gente corriente

Luis Silva: "Tengo los pies en la tierra, pero, ¿y si suena la flauta?"

Mauricio Bernal

Al laboratorio de alquimia del inspector de policía Luis Silva se accede por una trampilla en el suelo de su casa, delante de la lavadora y de una máquina de musculación. «Aquí entra poca gente -avisa-. El laboratorio es el lugar donde el alquimista entra en contacto con sus materiales de trabajo, y cuantas menos injerencias haya, mejor». El sitio es pequeño y estrecho, visualmente marcado por la presencia de un horno -de alquimista-, varios alambiques y una ventanilla circular por la que entra el sol. Si es de noche, la luna.

-Bonito horno. Raro.

-Gracias. Está hecho a imagen y semejanza de los que usaban los alquimistas en el siglo XVII. Atanor, lo llamaban los antiguos.

-¿Hace mucho que tiene el laboratorio?

-Unos cinco años. En Sant Andreu de Llavaneres, en esta casa, vivimos desde el año 91, pero tenía una serie de obligaciones que cumplir, mías, familiares, antes de construirlo.

-¿Por qué lo hace? ¿Tiene un objetivo?

-El objetivo mío como alquimista es lo que los antiguos llamaban la transmutación personal, es decir, convertirme en una persona sabia, trascendente. ¿El camino? Aceptas que la materia tiene un espíritu que la ilumina y lo buscas. En mi caso, en el rocío de la mañana.

-Aquí hablamos... Hablamos de la piedra filosofal, ¿no?

-Exacto. Los antiguos decían que las sales que se obtienen del rocío de la mañana curan cualquier enfermedad y permiten la transmutación de los elementos. También, que si uno tomaba de esa sal, se volvía sabio.

-¿Está buscando esa sal?

-Sí. Pero espere, antes de que sigamos. ¿Todo esto que le estoy contando es cierto? No lo sé. Es lo que decían los alquimistas antiguos. Yo soy policía, soy el inspector jefe de policía de este pueblo y por supuesto tengo los pies en la tierra, debo tenerlos. Pero, ¿y si suena la flauta? ¿Y si aparece algo interesante? Además, sea verdad o no, salga de aquí algo o no salga nada, para mí es un hobby muy placentero, que me ha abierto las puertas a un caudal enorme de información, de conocimiento, a la sabiduría de los antiguos.

-Esa, digamos, dualidad… alquimista y jefe de policía… No sé. Hay gente que podría decir, ya sabe: el inspector está loco.

-No lo creo. La gente sabe quién soy, llevo muchos años aquí. Lo curioso es que mi vertiente de alquimista es mucho más conocida en el resto de España, en Sudamérica, incluso, que aquí. Después del libro…

-El libro, sí. Que se llama…

-Alquimia, tras la piedra filosofal.

-Eso.

-Después del libro, que se editó en el 2012, he dado conferencias por toda España, y sigo dando, pero aquí en Catalunya, muy pocas, nada. Así que habrá muchos vecinos que no sepan que su jefe de policía es alquimista. Pero no deja de ser una anécdota.

-Volvamos al rocío. ¿Qué es lo que hace exactamente?

-Trabajo con el rocío de primavera que se recoge en creciente y luna llena, y que según los antiguos es el mejor. Pero además, he conseguido un rocío que no está catalogado como rocío, que tal vez la ciencia haya olvidado. ¡Me costó 20 años encontrarlo! Bien. Pues después de pasarlo por el horno, ese rocío me da una sal; estoy en el proceso de comprobar si es la de los antiguos alquimistas. ¿Ese aparato que hay en el jardín?

-¿Si?

-Es un invento, algo en lo que estoy trabajando con un amigo. Lo llamo el Rociator. Es un generador y recolector de rocío. No está acabado. Estamos trabajando en él.

-¿Para recoger ese rocío olvidado? ¿Lo va a patentar?

-Supongo que sí. Recoge los dos rocíos, de hecho. Yo trabajo con los dos. A veces separados, a veces mezclados. A ver qué sale.

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