25 oct 2020

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Experiencias traumáticas en el colegio

Homofobia en las aulas

Lesbianas, gais, bisexuales y transexuales aún son objeto de acoso escolar por su orientación sexual

Un informe pionero alerta del efecto del 'bullying' en la salud y de la necesidad de más prevención

TONI SUST
BARCELONA

De niño, Frederic Sancho, que hoy tiene 34 años, elegía cada día un itinerario distinto para ir al colegio en su ciudad, Tortosa (Baix Ebre). Sabía por experiencia que la ruta se convertía fácilmente en un vía crucis: le esperaban, le insultaban, le pegaban. Eso pasaba porque Sancho es gay, y así se ha sentido siempre. «Y porque se me notaba». Ya de pequeño recibió el primer rechazo. Pero fue entre los 10 y los 15 años cuando la situación se tornó insostenible. Cuando sus compañeros de colegio lo seguían, le tiraban al suelo. O le sacaban los zapatos y se los tiraban al río. Un sufrimiento diario. En el último año en un colegio de curas, Sancho llegaba justo al centro, se quedaba algo rezagado y se escondía tres horas en un lavabo cada mañana.

El suyo es otro caso de lo que se denomina bullying escolar por LGBTfobia, es decir, fobia a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Se trata de un campo por estudiar, como argumenta el Casal Lambda, promotor junto con la Associació de Pares i Mares de Gais i Lesbianes (AMPGIL) del primer estudio sobre el bullying a homosexuales en Catalunya. Una de las principales conclusiones es que faltan muchos informes sobre la cuestión. Que los que se han hecho sobre bullying convencional no sirven para explicar el homofóbico.

ACTUAR ANTES

Jordi Samsó y Pere Ducet, de la comisión de educación del Casal Lambda, subrayan que el estudio demuestra que este tipo de acoso acaba causando daños en la salud, con lo cual supone un problema de salud mental que, sostienen, debería ser abordado por la Administración pública. Con todo, ambos consideran tanto o más importante la prevención, evitar el acoso por la vía de la sensibilización. El informe impulsado por el Casal Lambda está fundamentado, entre otros materiales, en entrevistas a 10 personas que sufrieron bullying en el colegio por su homosexualidad. El texto, que retrata situaciones similares a las vividas por Sancho 20 años atrás, concluye que los afectados se despertaban pensando en lo que les iba a pasar en el colegio y vivían «en alerta permanente, angustiados ante la posibilidad de ser ridiculizados, ignorados o agredidos». El estudio dice que en muchos afectados se han dado casos de trastornos afectivos, ansiedad, depresiones, fobias y en algunos casos intentos de suicidio. Incluso suicidios. De media, los entrevistados sufrían ataques dos veces por semana. En muchos casos, como el de Sancho, no había pausa.

A los 9 años, dos después de que su padre falleciera, su madre lo cambió al centro religioso donde estuvo hasta los 13. «Pensó que me hacía un favor». Fue el infierno. Cada mañana se levantaba en tensión. En su caso no había presión en casa. Eran «gente moderna», que tenían una disco-pub: «Tenía un conflicto mental. En el colegio me apaleaban y en casa la gente se pegaba por venir a ver las actuaciones de travestis».

ODIO CRECIENTE

En el primer centro, público, los profesores tomaron distancia con su caso y con el rechazo que suscitaba. «Iban toreando el tema». En cuanto a sus acosadores, dice: «Tal como afloraba mi personalidad, afloraba su odio». Sancho era gay en una localidad pequeña, como Tortosa, no en la gran ciudad, y lo considera determinante: «Es más difícil que en una gran ciudad. Todos nos conocemos. En la ciudad hay más anonimato. En Tortosa, los gais se casan y tienen hijos». En el colegio religioso la situación era insostenible: «Estaba en la cola y me pegaban un puñetazo. Los profesores no ayudaban. Alguno decía: '¡Qué pantalones te has puesto hoy!». Fue entonces cuando empezó a esconderse en el lavabo, hasta que un cura lo descubrió y optó por reconvenir su conducta a tortazos.

Sancho tenía algunos amigos: «Eran los freakies; el que medía más de dos metros, el que llevaba aparatos en las piernas. Pero cuando los otros iban a por mí, estos se ponían de su lado». Él no le explicaba a su madre lo que pasaba. No quería hacerla sufrir. A los 14 le explicó a su madre que era homosexual. Ella desconocía el acoso que sufría su hijo. No le dijo nada. Al salir del colegio le esperaban una decena de invididuos para seguirle. «Lo peor es la humillación. Porque te toca el amor propio. Es una cosa que los gais llevamos dentro». Según Sancho, eso lleva a algunos gais a reproducir el abuso sufrido en sus relaciones.

Con todo, este tortosino, que es artista -pinta- y trabaja en un geriátrico, se llevó una revancha. «A muchos de los chicos que me fastidiaron me los acabé tirando. Fue una gran venganza». Porque, sigue, estos fueron los que más le atacaron: los que pugnaban por ocultar que también eran gais.

Sancho pasó a una vida mucho mejor cuando empezó a estudiar Formación Profesional. Después fue saliendo de Tortosa, viajó. No perdona a quienes le hostigaron por ser gay. «Es imposible». Y aconseja a los adolescentes que estén pasando ahora por lo que él hace 20 años que hagan lo contrario que él. Que se reboten, que protesten, que no lo escondan. Para que no les pase como a él, que llegó a pensar en el suicidio.

Los promotores del informe sobre bullying a homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales advierten de la necesidad de hacer investigaciones en entornos rurales, de poca población, donde el drama suele ser peor.