02 dic 2020

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El Papa interrumpe su discurso por problemas de vista

Joseph Ratzinger, de 85 años, sufre problemas circulatorios desde hace años

ROSSEND DOMÈNECH / Roma

El papa Benedicto XVI durante su discurso del Angelus esta mañana en la plaza San Pedro del Vaticano. AP

El papa Benedicto XVI durante su discurso del Angelus esta mañana en la plaza San Pedro del Vaticano. AP / Andrew Medichini (AP)

“Disculpadme, mis ojos no funcionan bien”. Benedicto XVI ha interrumpido este jueves, durante el rezo del Angelus, la lectura de un breve discurso para cambiar la dirección de la mirada con la que estaba leyendo, ajustarse las gafas y proseguir al cabo de unos segundos. Estaba leyendo unas palabras sobre la fiesta de Todos los Santos, desde la ventana de su despacho, cuando ha interrumpido el discurso y ha pedido disculpas. Tal vez el responsable haya sido el sol, que en un día de grandes nubarrones, apareció repentinamente iluminando la ventana papal y quizás deslumbrando a Benedicto XVI.

Nadie ha acudido en su socorro, por lo que se supone que se ha tratado de un percance de poco relieve, aunque ha sido suficiente para que algunas agencias informativas y emisoras de televisión lo subrayasen. En aquel momento estaba leyendo que “sólo la fe en la vida eterna nos hace amar verdaderamente la historia y el presente, aunque sin apegos; como los peregrinos, que aman a la tierra porque tienen el corazón puesto en el cielo”.

Joseph Ratzinger tiene 85 años y cualquier detalle sobre su salud despierta el interés, a veces morboso, de unas sociedades acostumbradas a bucear en la intimidad de las personas. Sus problemas de vista son conocidos desde hace años y derivarían de un cuadro clínico en el que la persona tiene un sistema circulatorio delicado. En los años pasados, se cayó al suelo durante la noche, por no haber visto un pequeño escalón en la habitación de los Alpes donde transcurrías unos días de vacaciones.

Precisamente después del primer año como Papa cambió el lugar para descansar unos días, que era el mismo que usaba Juan Pablo II, porrecomendación de los médicos, que lo consideraban demasiado alto y, por lo tanto, no adecuado a quien sufre problemas de presión sanguínea.

En el pasado, cuando era aún cardenal, estuvo hospitalizado en el norte de Italia, por un desvanecimiento, circunstancia que volvió a producirse más tarde en Roma.

Las fuentes vaticanas aseguran que la atención sobre su salud es constante y que, con una frecuencia regular, es sometido a unas analíticas básicas sin moverse de sus aposentos vaticanos.