Una lacra social poco conocida

Ancianos, el maltrato más oculto

Los expertos piden más sensibilidad a una sociedad que a su vez envejece

Las víctimas difícilmente denuncian, porque suelen depender de los agresores

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TONI SUST
BARCELONA

«De todas las formas de violencia, esta es la más oculta». La frase es de Mercedes Tabueña, doctora en Psicología, profesora de Trabajo Social en la Universitat de Barcelona (UB) y experta en el maltrato a la tercera edad, quien empieza por subrayar que se sabe poco de estas situaciones, que difícilmente se denuncian y que están un tanto huérfanas en lo que a la actuación de las instituciones se refiere. El resultado es lo que se conoce como el efecto iceberg: la del maltrato a los mayores es una realidad de la que apenas queda a la vista una octava parte. Tabueña, integrante del Equip d'Investigació de Maltractaments a Ancians (EIMA), cita las carencias: «No tenemos estudios ni casuística para disponer de un perfil de la víctima y del responsable». Sí existen aproximaciones.

Los malos tratos a los ancianos pueden tener hasta siete formas: físicos, emocionales, psicológicos, sexuales, económicos, de negligencia (falta de atención) y de claudicación total (abandono absoluto). Tabueña observa que Catalunya no ha legislado sobre esta cuestión, a diferencia de otras comunidades, como Andalucía. Eso se traduce, por ejemplo, en una situación llamativa: en un caso de maltrato a un menor o a una mujer, cabe una actuación policial de oficio. En el primero, por ser menor; en el segundo, por la ley de violencia de género. Sin embargo, si alguien detecta que un anciano es maltratado, y este está en posesión de sus facultades mentales, las autoridades solo intervendrán si la víctima denuncia. Solo eso ya es una dificultad seria, a la vista de que se estima que en muchos casos, si no en la mayoría, los agresores forman parte del entorno familiar, lo que dificulta a una persona mayor, a menudo con una dependencia clara de los suyos, romper ese círculo y denunciar lo que está sufriendo.

En la violencia contra los mayores se distingue asimismo entre la institucional y la doméstica. La primera es la que tiene lugar en una residencia, un hospital o un centro de día; la segunda, la que se da en domicilio, y puede ser activa o pasiva. Es decir, puede consistir en una agresión pero también en dejar a un anciano o anciana solo, no alimentarlo, aislarlo de la sociedad.

SIN DATOS, NO HAY PROBLEMA / «Muchos se asombran de que esto pueda suceder. No hay conciencia del problema. El primer paso es sensibilizar a la sociedad y a las propias personas mayores. Porque ¿quién va a escuchar a un anciano que denuncie? Y como no hay denuncia, no hay problema». Tabueña explica que hasta los años 70 del siglo XX no empezó la preocupación por el maltrato a los mayores.

Montse Coma, médica de familia en el ICS y miembro de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (CAMFiC) y del EIMA, recuerda que el punto de arranque fue un artículo publicado en el Reino Unido con el títuloGranny battered. Afirma que aún pasaron décadas antes de que el asunto empezara a merecer estudios y dedicación. No hay estadísticas precisas, pero sí hay estimaciones sobre la situación de las víctimas de malos tratos a partir de los 60 años. Coma cita las de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre Europa en el 2010: un 2,7% de las personas mayores de 60 años sufrieron maltrato físico (es decir, unos cuatro millones de personas); un 0,7% (un millón de europeos), maltrato sexual; un 3,8% (seis millones), económico, y un 19,4% (hasta 29 millones de personas) padecieron maltrato psicológico. Y no solo eso. Según la OMS, cada año en Europa mueren un total de 2.500 ancianos a causa de malos tratos.

Tabueña señala como otro problema que no solo es la sociedad la que no está sensibilizada para abordar el maltrato a los mayores. También los profesionales están todavía lejos de dominar las armas necesarias para hacerlo. Ella considera que ante la falta de datos es posible afirmar que quizá los ancianos sean en Europa los más maltratados en números absolutos.

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El envejecimiento, por lógica, hará aumentar estadísticamente la población de la tercera edad y con ello todas las situaciones que este segmento lleva aparejadas. Se suele citar en este punto la proliferación de enfermedades mentales. Pero cabe tener en cuenta también en esa lista los malos tratos a las personas mayores. No es común que la violencia que sufren los ancianos desvele a la gente, que, en cambio, suele estar ahora mucho más sensibilizada frente a la que padecen las mujeres y los niños.