Ocio conflictivo

Concejales infiltrados

Los ediles Enric Martínez y Josep Cortés recorrieron la noche de Lloret junto a un policía local de paisano para conocer de primera mano la problemática

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F. C.
GIRONA

Es meritoria la implicación de los concejales de Lloret a la hora de intentar resolver los problemas de la localidad. Dos de ellos no han tenido reparos a la hora de adentrarse en la jungla del bunga-bunga de la principal zona de ocio nocturno de la localidad. Es el caso de Enric Martínez (PP) y Josep Cortés (no adscrito), que pertrechados de unas bermudas y una camisa hawaiana (al menos, el primero), y acompañados de un policía municipal de paisano, recorrieron los puntos calientes del centro de Lloret, desde la media noche hasta el cierre de las discotecas. No fueron de fiesta, sino que a investigar.

«Yo me dedico a la seguridad y la noche de Lloret hace tiempo que la vivo, por lo que no me sentí nada extraño», afirma Martínez. A pesar de su entereza, el concejal del PP reconoce que en esas noches de patrulla hubo algún momento en el que se le subieron los colores. «Lo más impactante fue ver cómo una prostituta se ofrecía a un chico de 20 años para hacerle un servicio en uno de los cuartos de basura de un hotel. A eso nunca te acostumbras», dice.

Prostitución y drogas

Una novedad, la prostitución callejera, que ha arraigado en Lloret en los últimos años. Otra práctica que está proliferando es la venta de droga a las puertas de las discotecas. «Hay unos 40 vendedores, muchos de ellos gambianos. Llevan collares, gafas, relojes y otros artículos para vender, pero además ofrecen drogas», comenta Martínez.

El concejal Josep Cortés dice que la noche de Lloret tiene «ciclos repetitivos» y ciertos «vicios» que conviene combatir. Entre esos problemas destaca la irrupción de un turismo juvenil del sur de Francia, que no se aloja en los hoteles baratos. «Vienen en coche a pasar la noche del viernes y el sábado. Duermen en sus vehículos y suelen ser problemáticos», explica.

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Cortés y el concejal del PP coinciden en que otro de los problemas es la concentración de jóvenes ante las puertas de las discotecas. Unas colas que a veces son promovidas por los responsables del local. «A veces ves colas ante una discoteca y al entrar ves que solo está medio llena», dice Martínez.

Pero estas aglomeraciones no son las culpables de las batallas campales. «Los alborotos se producen a la salida de las discotecas, por eso proponemos trasladar todas las megadiscos a un polígono a las afueras del pueblo», comenta el concejal del PP.