LA PROTESTA DE LOS INDIGNADOS

Un sueño a la sombra de Carlos III

Crónica desde la concentración de Puerta del Sol de Madrid

Aspecto de la concentración en la Puerta del Sol, el jueves.

Aspecto de la concentración en la Puerta del Sol, el jueves. / PAUL HANNA (REUTERS)

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MAYKA NAVARRO / Madrid

AlCarlos III de bronce que a lomos de su caballo tutela el kilómetro cero de los sueños le han llevado un novio. Un gigantesco pato amarillo de bañera aterrizó por la tarde en la Puerta  del Sol y hastaun abuelo apunto estuvo de abrirse la cabeza cuando se encaramó a su lomo y empezó a caminar como un funambulista manteniendo bien alto la pancarta:"Estoy Indignado". Unas 9.000 personas jalearon sus acrobacias. Los aplausos estremecían y algunas de sus consignas emocionaban. El entusiasmo mantuvo al espontáneo unos minutos en equilibrio sobre el pato. Hasta que cayó y se levantó llorando. No de daño. De alegría.

Viendo al pato y al abuelo, dolorido pero feliz, una se preguntacuánto tiempo aguantarán los indignados caminando a lomos de lasutopías que en estos tres días se han levantado en el campamento de Sol. Cuentan que ya era hora de coincidir y de protestar. Degritar y de chillar. De exigir y de no aceptar. De soñar. La plaza rebosa gente por los cuatro costados de una fauna tan variopinta y dispar que es imposible hacerles una única fotografía. Hay de todas las edades. Y estratos sociales. Y padres como Sergio que se acercaron con su pequeña Julia y se fotografió con ella en Sol, mientras en Facebook le dedicaba un texto que empezaba así:  "Mira hija, estos chicos se han concentrado en esta plaza, en la que incluso duermen, para que en el futuro nadie se atreva a decir que tu generación esuna generación perdida¿" Julia, de meses, dormía feliz. Y sus padres, como muchos de los que se acercan con sus hijos a Sol, a fotografiarlos junto a los indignados, tienen la sensación de que están presenciando algo histórico, único.

Un sueño al que en Sol se ha puesto orden. Carlos III es elpunto cero de la maqueta de la pequeña ciudad que se ha levantado en apenas tres días. Calles, baños, cocinas, enfermería, lavandería¿ Un mundo que aunque cueste creerlo funciona en un orden increíble. Sin altercados. Con un reparto de funciones, tareas y trabajos que da gusto pasear bajo los toldos azules que cubren la isla de cartones sobre la que habitan las ilusiones de estos inconformistas.

Han recibido tantacomidaen tan pocos días, que no dan abasto, y ya han empezado a regalarla aalberguesy a repartirla entre lasprostitutasde la calle deMonteray entre las familias de gitanos rumanos que limpian parabrisas por poco a cambio. Ayer mismo, una mujer, del barrio, del centro, no quiso dar su nombre pero se apareció con cuatro kilos de churros. Calentitos, recién hechos. Ideales para una noche fría bajo la lluvia. El jueves sin embargo, la incertidumbre y la espera calentaban el ambiente.

Faltaban 15 minutos para las doce de la noche cuandola plaza se vino abajo. Una pitada ensordecedora recorrió las cuatro esquinas a medida que los pocostuiters con cobertura anunciaban la ajustada decisión de laJunta Electoral Central de declarar ilegales de las concentraciones del sábado. A la indignación se unió entonces la rabia. Alfredo, de traje de estudiante de derecho, se le humedecieron los ojos de la rabia. "No lo pueden soportar. No pueden soportar que nos revelemos. Que no aceptemos su juego. Que no queramos ser como ellos".

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¿Y ahora qué?La cara de los dos inspectores jefes al mando de los casi250 agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) del Cuerpo Nacional de la Policía en Madrid era un poema, que ni la visera de sus gorras disimulaban.

"No nos moveran", gritaban a corolos indignados con rabia, mientras en la zona cero, bajo el caballo de Carlos III, empezaban los preparativos para dormir. Reparto de mantas y cartones. Y los más precavidos, con sus tiendas de campaña. Helena apareció con una guitarra y prometió que cuando los gritos se acallaran,les cantaría una nana.

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