día de la mujer trabajadora

Queda mucho por hacer

Las mujeres advierten del riesgo de pasos atrás en la igualdad y exigen políticas transversales

Manifestación conmemorativa del Día de la Mujer Trabajadora, ayer en Barcelona.

Manifestación conmemorativa del Día de la Mujer Trabajadora, ayer en Barcelona. / FRANCESC GARCIA

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FIDEL MASREAL
BARCELONA

La espiral es atenazante, porque se hace muy difícil saber dónde empieza y en qué eslabón se podrá romper. Está forjada por la combinación de un paro femenino alarmante, riesgo de feminización de la pobreza, regreso de muchas mujeres al trabajo en casa cuidando de los hijos o de los padres o de todos ellos y cifras sobrecogedoras de violencia machista. Y todo ello coronado por los negros nubarrones de los recortes de los gobiernos español y catalán tanto en la representación institucional de la mujer -léase supresión del Ministerio de Igualdad y desaparición del programa contra la violencia machista en la Conselleria d'Interior- como en el presupuesto que reciben y recibirán las entidades que trabajan por la igualdad.

Con estos mimbres no se hace extraño escuchar a mujeres como la veterana sindicalista Roser Palau, líder de la UGT de Lleida, hablando del riesgo de ir hacia atrás en términos de igualdad. «Con la excusa de la crisis, las mujeres están volviendo a casa. Muchas dejan de estar inscritas en el paro, con lo cual el riesgo es estar cosechando futuras mujeres pobres, no pobres mujeres».

La cara más dramática, por brutal, del trecho que queda por recorrer en cuanto a igualdad la representa la lacra del asesinato machista. Pero como indica Vicky Bernadet, otra mujer que lleva años en la lucha contra los abusos sexuales, «la realidad de la violencia machista está muy mal y son tiempos complicados porque no hay dinero para sacar adelante proyectos». Bernadet enseguida añade la clave en la que muchas otras mujeres coinciden: la necesidad de atender a la mujer de forma global, integral, para tratar de deshacer el nudo inicialmente descrito. «La inserción laboral, la educación, la mentalidad respecto al machismo» son los eslabones que la Administración, exige Bernadet, debe atender conjuntamente y no mediante ventanillas diferentes para cada problema de la misma mujer en dificultades.

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RESPUESTAS POLÍTICAS / En este sentido, precisamente, la nueva responsable del Institut Català de les Dones (ICD), Montserrat Gatell, anunció a EL PERIÓDICO su intención de impulsar políticas integrales. Habrá que seguir atentamente si el ICD puede liderarlas. La ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín, dio ayer ya por asumido el reto de que las políticas en favor de la mujer sean transversales en el Gobierno. Y el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, obviando la supresión del Ministerio de Igualdad, convocó a los hombres a luchar contra la violencia machista. En cuanto a medidas concretas, ayer la vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, sorprendió al dar a las empresas europeas un año de margen para que incorporen a mujeres en altos cargos bajo la amenaza de que si no lo hacen se podría imponer un sistema de cuotas dictado por la UE.

El trabajo conjunto es la única manera de lograr avances no desiguales hacia la igualdad y superar la impotencia que describe Laura Poch, coordinadora en Barcelona de los talleres de igualdad Talla amb els mals rotllos en centros de secundaria: «En las cuatro horas que duran nuestros talleres se hace difícil concienciar a un adolescente que cuando sale de clase ve una serie de TV en la que el chico guay es el que va de duro». «En este país acostumbramos a poner parches cada cuatro años y debemos tener un pacto de país sobre el tratamiento de la mujer», reclama Anna Sans, especialista en pediatría y neurología, quien coincide con Laura Poch en que la clave no es solo el centro educativo, que ya acostumbra a superar roles sexistas, sino «que en casa se perpetúa muchísimo la desigualdad porque cierta generación todavía tiene esquemas mentales antiguos». Raquel Escurriol, de la Fundació Tamaia Viure sense Violència, avisa que esta manera de atender globalmente a la mujer «es imprescindible, siempre que no se acabe diluyendo y nadie se haga responsable. Hacen falta progresos específicos». Algo díficil cuando el apoyo institucional a asociaciones como Tamaia se ha reducido en más de la mitad.