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INTERFERENCIAS

Sitges-2017: la jornada del martes, en píldoras

Del homenaje a '2001' en el 2018 a la balada terrorífica de 'A ghost story'

Julián García - Juan Manuel Freire / Sitges

Un fotograma de 2001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrick

Un fotograma de 2001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrick

Homenaje a los 50 años de '2001'

'2001, una odisea del espacio' cumple 50 años en el 2018 y el Festival de Sitges, atento siempre a las fechas señaladas,  dedicará su 51ª edición al clásico de la ciencia ficción intelectual de Stanley Kubrick. "La mejor película de la historia, pasada y futura", según dijo Ángel Sala en la tradicional comida de balance del festival con los medios acreditados. Aquí se dijo que esta 50ª edición es un éxito clamoroso de público, con casi 60.000 entradas vendidas hasta el lunes, 5.000 más que el año pasado, lo que hace prever un aumento final del 10% en una tendencia al alza que se arrastra desde el 2015. Salud de hierro.


El perro, buen amigo del cine de género

El perro es el mejor amigo del hombre y el perro, también, es buen amigo del cine de género. La presencia canina humaniza el relato y también lo dramatiza, porque, desgraciadamente, suele acabar mal. Este martes hemos podido ver perros en la experimental 'Dhogs', a un nivel tan metafórico como orgánico, en 'Black hollow cage', donde un perro-lobo habla lenguaje humano a través de un máquina colgada al cuello, y en 'The maus', donde mejor no explicar el destino de un labrador en un bosque bosnio plagado de minas perdidas de la guerra de los Balcanes.


Balada terrorífica

Uno de los principales atractivos, pero también quizá el único problema, de 'A ghost story' es su banda sonora. La parte buena es el espectral 'score' de Daniel Hart, compositor habitual de David Lowery. La parte mala es 'I get overwhelmed', balada épica con voces afectadas a cargo de Dark Rooms, uno de los grupos del mismo Hart. O cómo cargarse toda la sutileza emocional de una película.


A fuego lento

En estos tiempos acelerados que nos han hecho a todos víctimas del déficit de atención, se agradece cuando una película se toma su tiempo para desarrollar personajes, describir ambientes, captar un cierto clima. Pero no todas las lentitudes son iguales. La de 'Brawl in cell block 99' era absorbente y en ella latía tensión letal. En el caso del 'neo-noir' 'Sweet Virginia' es adormecedora y no parece justificada.

  

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